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14. Batman: La broma asesina

El mayor problema con Batman: La broma asesina es que no es memorable. No se puede decir lo mismo de la novela gráfica homónima de Alan Moore de 1988, que me dio tanto escalofrío cuando, siendo adolescente, comencé a leer a Nietzsche.

Su trama, que se recrea en la segunda mitad de la película animada de 2016, proporciona una historia de origen popular para el Joker: un comediante fracasado cae en un pozo de ácido, que lo quema hasta convertirlo en el Joker de cara blanca. En el presente, el Joker paraliza a Barbara Gordon disparándole en el estómago, luego secuestra a su padre, el Comisionado Gordon, torturándolo y provocándolo para que se vuelva loco.

Pero la primera mitad de la película de 2016 está dedicada a lo que en última instancia se siente como una historia auxiliar sobre Barbara, como Batgirl, siendo cachonda y violenta, sujeta a sus abrumadoras emociones como mujer. Luego, incluso con la legendaria actuación de voz de Mark Hamill, la segunda mitad de la película, más fiel, no puede capturar la insidia que el artista Brian Bolland logra transmitir con la página fija del cómic.

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