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Crisis en Shogakukan: El boicot de «Frieren» y «Ranma ½» que sacude la industria del manga

La editorial Shogakukan enfrenta uno de sus momentos más oscuros. Una denuncia de encubrimiento sobre un autor con antecedentes de delitos sexuales ha provocado una reacción en cadena sin precedentes: los mangakas más importantes de la casa, liderados por los equipos de "Frieren" y la legendaria Rumiko Takahashi, han retirado sus obras de la plataforma Manga One en señal de protesta.

El escándalo estalló este 27 de febrero de 2026, cuando la editorial admitió públicamente haber permitido que Shōichi Yamamoto —quien fue condenado en 2020 por delitos de pornografía infantil— regresara a publicar en la app bajo el seudónimo de Hajime Ichiro con la obra Joujin Kamen. A pesar de conocer su identidad, Shogakukan facilitó su retorno, lo que ha sido interpretado por autores y lectores como un encubrimiento sistémico que prioriza el negocio sobre la ética.

Un frente unido contra el abuso

Lo que comenzó como una crítica en redes sociales se transformó rápidamente en un boicot creativo masivo. Kanehito Yamada (Frieren) fue uno de los primeros en exigir la retirada de su obra, seguido de cerca por figuras de la talla de Rumiko Takahashi, quien ha pausado la disponibilidad de clásicos como Ranma ½ e Inuyasha.

A este movimiento se han sumado autores clave como Sumi Eno (After God), Ryhuei Tamura (Cosmos), Sumito Owara (Eizouken!) y el equipo de Zom 100. Para estos creadores, permanecer en la plataforma bajo las condiciones actuales es inaceptable, exigiendo a Shogakukan políticas de protección a las víctimas y transparencia total en sus procesos de contratación.

Consecuencias y futuro de Manga One

La editorial ha suspendido inmediatamente Joujin Kamen y ha paralizado la distribución de sus tomos físicos, pero el daño a su reputación es profundo. Se ha anunciado la creación de un comité de investigación externo con abogados para depurar responsabilidades y aplicar sanciones internas.

Por ahora, el catálogo de Manga One queda mermado, perdiendo sus títulos más rentables en un gesto que pone en jaque el modelo editorial tradicional japonés. La industria entera observa ahora si este precedente obligará a otras grandes editoriales a auditar los antecedentes de sus colaboradores y a priorizar la dignidad de las víctimas por encima de las ventas.

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