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El shooter Omen desafía a sobrevivir en un imperio galáctico colapsado

Un nuevo proyecto indie cruza defensa de base, extracción y roguelike en un universo postapocalíptico donde cada decisión puede marcar la diferencia.

En un mercado saturado de shooters y experiencias roguelike, algunos títulos buscan destacar no solo por su jugabilidad, sino por la ambición de su mundo. Esta vez, la propuesta llega desde un estudio independiente que apuesta por una combinación poco habitual: culto cósmico, ciencia ficción, saqueo y supervivencia en una galaxia donde la humanidad apenas se mantiene con vida entre ruinas estelares.

Una galaxia colapsada y un piloto inmortal en primera línea

El dominio humano sobre las estrellas es cosa del pasado. Lo que queda son los Voidborn, descendientes de antiguas civilizaciones espaciales que ahora habitan estaciones derruidas y naves errantes. En este contexto, el jugador asume el papel de un Astral, un piloto inmortal al servicio de una organización que aún intenta sostener el orden entre los restos del imperio galáctico.

El eje narrativo gira en torno a una anomalía cósmica conocida como El Velo, un fenómeno enigmático venerado por un culto dispuesto a provocar una guerra total con tal de apropiarse de su poder. No se trata solo de explorar territorios hostiles, sino de erradicar bases enemigas, frustrar ataques, rescatar aliados y recomponer, paso a paso, los últimos vestigios de la humanidad.

La historia se estructura en cuatro actos, cada uno ambientado en regiones distintas del antiguo Imperio Samarin. Cada zona introduce enemigos, misiones y botines únicos, y culmina en enfrentamientos contra jefes que exigen algo más que buena puntería: planificación, gestión de recursos y uso inteligente de las ventajas acumuladas.

Más allá de su trasfondo oscuro, el juego mantiene un ritmo constante de tensión. Cada incursión plantea decisiones clave: avanzar para obtener mejores recompensas o retirarse antes de que la situación se vuelva insostenible. Esa sensación de riesgo permanente es uno de los pilares que definen la experiencia.

El Monasterio: base operativa, refugio y último bastión

Todo comienza en los restos de un antiguo monasterio espacial. Aunque parcialmente destruido, este lugar se convierte en el centro neurálgico de la aventura. Desde allí, los jugadores aceptan misiones, comercian con NPC, fabrican armas y planifican sus incursiones en territorio hostil.

El Monasterio no es solo un punto de descanso: es un objetivo estratégico. Las fuerzas del Velo lo consideran una amenaza directa y lanzarán oleadas de asalto para destruirlo. Defenderlo se vuelve una parte central del juego, obligando a reforzar estructuras, optimizar defensas y gestionar recursos con precisión.

Cada vez que se logra repeler un ataque, el jugador obtiene una bendición: una mejora poderosa que altera su estilo de juego en las siguientes partidas. Estas ventajas se acumulan, permitiendo construir configuraciones cada vez más especializadas, aunque se pierden al finalizar cada run, reforzando la identidad roguelike del sistema.

Este ciclo —defender la base, mejorarla, salir de incursión, regresar con botín y resistir un nuevo asalto— crea una estructura clara y adictiva. No se trata solo de disparar, sino de construir un bastión que evoluciona con el jugador y refleja sus decisiones estratégicas a lo largo del tiempo.

Además, el Monasterio funciona como punto de encuentro con la resistencia, una red de aliados que aporta misiones, contexto narrativo y nuevas oportunidades para expandir el arsenal y las capacidades del Astral.

Extracción, botín y un desafío que no da respiro

Cuando llega el momento de salir al campo, el jugador elige una región enemiga y se adentra en territorios dominados por piratas, traidores y cultistas. El objetivo es claro: extraer recursos valiosos antes de que llegue la armada enemiga. Sin embargo, la tentación de permanecer más tiempo para obtener botines de mayor valor siempre está presente.

Cada nivel incluye miniobjetivos que ofrecen recompensas clave, pero también aumentan el riesgo. Buscar planos, componentes y mejoras puede abrir nuevas posibilidades de creación en la base, pero morir implica perderlo todo. Esta dinámica de riesgo-recompensa es el corazón del sistema de extracción.

A lo largo de la campaña, los jugadores se enfrentarán a una amplia variedad de entornos: bases militares, instalaciones de investigación secretas, capitales imperiales y zonas distorsionadas por el Velo. Cada escenario introduce nuevos patrones enemigos, amenazas ambientales y oportunidades tácticas.

Con más de cien objetos, armas, habilidades y estructuras defensivas, el juego apuesta por una personalización profunda. No existe una única forma correcta de jugar: algunos optarán por configuraciones defensivas centradas en resistir oleadas, otros por estilos agresivos basados en movilidad y daño explosivo, y otros por enfoques híbridos que equilibren control y riesgo.

Al final del recorrido, una “gauntlet run” pone a prueba todo lo aprendido, enfrentando al jugador a los enemigos más feroces del Velo en una sucesión de desafíos sin margen para el error. Es la culminación de una saga que combina acción, estrategia y narrativa en un universo donde cada victoria deja cicatrices.

Con una demo prevista para el 5 de febrero y lanzamiento completo en Steam en el horizonte, Omen se perfila como una propuesta ambiciosa dentro del panorama indie: un shooter de extracción con vista cenital que no solo exige buena puntería, sino también capacidad de adaptación, planificación y supervivencia en una galaxia que ya ha perdido casi todo.

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