Ravenloft siempre ha sido el hogar de algunos de los antagonistas más memorables de Dungeons & Dragons. Vampiros, asesinos, monstruos y entidades imposibles conviven en un escenario donde cada dominio es una prisión diseñada para castigar a quienes abrazaron la oscuridad. Sin embargo, entre todos ellos existe un nombre que sobresale incluso por encima de figuras legendarias. Su regreso no solo recupera a uno de los personajes más peligrosos del juego, sino también una historia que llegó a alterar el destino de todo el multiverso.

Azalin Rex, el Señor Oscuro que nunca aceptó vivir como un prisionero

Mientras que la mayoría de los Señores Oscuros terminan resignándose a permanecer encerrados en sus respectivos dominios, Azalin Rex siempre fue diferente. Su ambición jamás conoció límites y, desde el primer momento, comprendió que Ravenloft no era un reino que gobernar, sino una gigantesca prisión de la que debía escapar a cualquier precio.

El gobernante del dominio de Darkon es un poderoso rey lich, un hechicero que desafió a la muerte para alcanzar la inmortalidad y cuya existencia transcurre entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Su aspecto real es el de un cadáver consumido por el paso del tiempo, aunque gracias a su dominio de la magia suele presentarse ante sus súbditos con la apariencia que tenía cuando todavía era humano, ocultando así la monstruosa realidad de su condición.

Paradójicamente, el mayor castigo impuesto por las Nieblas de Ravenloft no fue su apariencia ni el encierro eterno. La auténtica condena de Azalin consiste en ser incapaz de aprender nuevos conjuros. Para un mago obsesionado con el conocimiento absoluto, esa limitación representa un tormento mucho mayor que cualquier prisión física.

Esa frustración alimentó durante siglos un único objetivo: romper las cadenas del Dominio del Terror.

Su obsesión terminó convirtiéndose en una amenaza para todo el universo de Dungeons & Dragons. Mientras otros Señores Oscuros dirigían su ira contra sus propios reinos, Azalin comenzó a elaborar planes capaces de alterar el equilibrio de toda la ambientación.

Fue precisamente esa determinación la que dio origen a dos de los acontecimientos más importantes y devastadores de la historia de Ravenloft.

Los rituales que estuvieron a punto de cambiar para siempre el universo de Dungeons & Dragons

El primero de esos episodios es recordado como El Gran Cataclismo, uno de los eventos más importantes dentro del trasfondo de Ravenloft durante la década de los noventa.

Nada ocurrió por casualidad. Azalin diseñó un complejo plan utilizando la famosa profecía de Hyskosa, un vidente perteneciente al pueblo Vistani cuyas predicciones marcarían el destino del dominio. Manipulando una serie de acontecimientos relacionados con seis presagios de enorme oscuridad, consiguió que las misteriosas Nieblas perdieran momentáneamente su poder.

El resultado fue catastrófico.

Las barreras que mantenían separados los distintos dominios comenzaron a desaparecer y las prisiones construidas por los Poderes Oscuros se desmoronaron. Durante unos instantes, los Señores Oscuros recuperaron una libertad que parecía imposible.

Sin embargo, cuando Azalin tenía por fin la oportunidad de escapar definitivamente, tomó una decisión impulsada por el rencor.

En lugar de abandonar Ravenloft, decidió enfrentarse a Strahd von Zarovich, el legendario gobernante de Barovia y uno de sus mayores rivales. La batalla entre ambos abrió una oportunidad inesperada para un grupo de aventureros, que logró alterar el ritual que sostenía el colapso de las Nieblas. Como consecuencia, el proceso se invirtió, los dominios volvieron a sellarse y Azalin quedó atrapado nuevamente dentro de su prisión.

Lejos de rendirse, el lich preparó un segundo intento todavía más terrible.

Ese episodio pasó a la historia como La Cosecha Siniestra. Para llevar a cabo un nuevo ritual, Azalin asesinó a miles de inocentes, capturó sus almas y trató de emplear esa inmensa energía para romper definitivamente las cadenas que lo mantenían cautivo.

El plan volvió a fracasar, aunque sus consecuencias fueron devastadoras. Toda una ciudad perdió la vida y terminó transformándose en la temida Necrópolis, mientras que el propio Azalin quedó reducido al estado de demilich, perdiendo su cuerpo físico y permaneciendo durante años como una conciencia fragmentada antes de reconstruirse lentamente.

Ahora, con el regreso de Ravenloft al primer plano de Dungeons & Dragons, el destino de Darkon vuelve a girar alrededor de su gobernante desaparecido. Tras los acontecimientos conocidos como la Hora de la Ascensión, el reino permanece sumido en el caos, el Castillo Avernus ha quedado detenido en el tiempo y el equilibrio del dominio se desmorona poco a poco.

La nueva campaña llevará a los aventureros hasta esa fortaleza maldita, donde deberán enfrentarse a un enemigo cuya influencia nunca desapareció del todo y que amenaza con recuperar el poder suficiente para intentar, una vez más, lo que nadie ha conseguido jamás: escapar definitivamente de Ravenloft.

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