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GameStop cierra cientos de tiendas mientras su CEO sueña con un premio de 35.000 millones de dólares

Mientras GameStop baja persianas en todo el mundo y coloca cupones con QR en carteles de cierre, su CEO Ryan Cohen apunta a un premio de 35.000 millones de dólares si la empresa alcanza una valoración casi imposible. Entre tiendas clausuradas, influencers y trade-ins surrealistas, la estrategia parece más un experimento social que un plan de rescate.

GameStop lleva años caminando por la cuerda floja. Pasó de ser el meme-stock más famoso de internet a una cadena en retirada que no termina de encontrar su lugar en un mundo donde la gente compra juegos con un clic y no en un mostrador. Y sin embargo, en medio de este panorama bastante desolador, su CEO, Ryan Cohen, podría estar a las puertas de uno de los mayores premios económicos de la historia corporativa: 35.000 millones de dólares si la empresa alcanza una capitalización bursátil de 100.000 millones.

Pequeño detalle: ahora mismo GameStop vale aproximadamente una décima parte de eso.

Sí, según un informe de CNN, el paquete de compensación de Cohen está ligado a ese objetivo casi de ciencia ficción. Para ponerlo en contexto, estamos hablando de colocar a GameStop en la misma liga que gigantes tecnológicos y multinacionales globales. Todo esto, recordemos, desde una empresa cuya base sigue siendo vender juegos físicos usados, merchandising y promociones cada vez más… creativas.

Entonces, ¿cuál es el plan para multiplicar su valor por diez? Según un reporte de Polygon, la estrategia pasa por cerrar tiendas a lo loco y repartir cupones con códigos QR. No, no es una broma.

Un blog que se dedica a rastrear cierres de GameStop asegura que casi 400 tiendas ya han cerrado este mes o están programadas para hacerlo antes de que termine. Esto se suma a las 590 tiendas que la compañía cerró en 2024, según un documento presentado ante la SEC en diciembre de 2025. Y por si alguien pensaba que eso era el final, el mismo informe deja claro que la empresa planea “cerrar un número significativo adicional de tiendas en el año fiscal 2025”.

Dato importante: el año fiscal 2025 de GameStop termina el 31 de enero de 2026. O sea, el calendario corre y las persianas pueden seguir bajando muy pronto.

Y no es solo en Estados Unidos. GameStop también está retirándose del mapa en varios países. La empresa ya ha salido de Austria, Irlanda y Suiza, cerró operaciones en Alemania y vendió su filial en Italia. Es, literalmente, una retirada estratégica a escala global.

Lo más irónico es que, mientras todo esto ocurre, la compañía intenta parecer moderna, fresca y “conectada con la comunidad”. Uno de los movimientos más comentados fue ofrecer un 20 % extra en trade-in mediante un código QR, en algunos casos pegado directamente en el cartel de “cerramos para siempre” de la tienda.

Un usuario compartió la imagen en el subreddit oficial de GameStop con una frase que ya es historia: “¿GameStop de verdad puso un cupón de intercambio en el cartel de cierre de mi tienda local?”

El hilo explotó. El autor original lo calificó como “una puta broma”, mientras otros usuarios decían que estaban cancelando reservas y perdiendo definitivamente la fe en la marca. No es exactamente la narrativa épica de resurgimiento que quieres cuando tu CEO apunta a los 100.000 millones de valoración.

Pero hay más. En los últimos meses, GameStop ha estado colaborando con influencers como Casey Neistat, el grupo Mega64 y hasta con Rilie Huntley, una e-girl que se hizo viral por un anuncio de Best Buy. También organizaron un “trade anything day”, una jornada en la que la gente podía llevar literalmente cualquier cosa para intercambiar. El evento se volvió viral porque, claro, la gente llevó… de todo. Incluidos juguetes sexuales. Porque nada dice “reinventamos el retail gaming” como un TikTok de alguien intentando canjear un dildo.

Y si eso no fuera suficiente, días antes el programa de cartas coleccionables de GameStop registró un trade-in récord de 30.000 dólares. Suena impresionante hasta que recuerdas que todo esto ocurre mientras se cierran tiendas en masa y se abandonan países enteros.

El contraste es brutal. Por un lado, un CEO con un incentivo económico que parece sacado de una fantasía corporativa. Por el otro, empleados perdiendo su trabajo, clientes frustrados y una marca que parece tirar ideas al aire esperando que alguna se vuelva viral.

Es verdad que Ryan Cohen ya ha hecho milagros antes. Su historia con Chewy es casi de manual de MBA. Pero GameStop no es Chewy. GameStop es una cadena física en un mercado que cada año es más digital, más rápido y menos paciente.

Así que sí, algún día Cohen podría llevarse esos 35.000 millones. Pero hoy, la realidad es otra: locales vacíos, carteles de cierre, QR pegados en vitrinas y una empresa intentando reinventarse a base de influencers, promociones extrañas y golpes de efecto.

No es exactamente la gran epopeya de resurrección que soñaban los foros de WallStreetBets. Se parece más a un giro desesperado bajo luces fluorescentes… con un código QR pegado en la puerta.

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