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La nueva voz de Mario sabe que está jugando en terreno sagrado. Y no le avergüenza admitir que está muerto de miedo

Kevin Afghani, el actor que heredó el papel más icónico de Nintendo, confiesa que los nervios son parte del trabajo. Porque cuando sustituyes a una leyenda como Charles Martinet, el respeto pesa más que la fama.

Hay trabajos que no se aceptan. Se heredan. Y se heredan con vértigo.

Kevin Afghani lo sabe desde el primer día. Desde que en 2023 Nintendo confirmó que Charles Martinet dejaba de poner voz a Mario para convertirse en “embajador” de la marca, Afghani pasó a ser, oficialmente, la nueva voz de Mario, Luigi y Wario. No un personaje cualquiera. El icono absoluto del videojuego. El Mickey Mouse de Nintendo. El bigote más reconocible del planeta.

Y su reacción no fue euforia. Fue miedo. Del bueno.

“Si no estuviera nervioso, sería el tipo equivocado”

En su primera gran aparición en una convención estadounidense, Afghani lo dijo sin rodeos. Reemplazar a Martinet no es “un honor”. Es una presión constante.

Porque para él, y para millones de jugadores, Charles Martinet no es alguien que hacía la voz de Mario. Es Mario. Así de simple. Así de brutal.

Y Afghani no intenta discutir eso. Al contrario. Lo abraza.

Reconoce que pasó años imitando a Martinet, aprendiendo su cadencia, su musicalidad, su forma de convertir dos palabras en una personalidad. No como entrenamiento profesional, sino como fan. Como alguien que creció con esos sonidos en la cabeza.

Para él, Mario no es un personaje que le tocó interpretar. Es un personaje que le tocó la vida.

No quiere ser Mario. Quiere que Mario siga siendo importante

Y aquí está lo interesante: Afghani no habla de “reinventar” a Mario. No habla de “traer algo nuevo”. No vende épica ni ruptura.

Habla de continuidad.

De cuidar algo que ya es sagrado para millones de personas. De mantener vivo un personaje que marcó infancias, adolescencias, vidas enteras. De entender que su trabajo no es brillar, sino no romper nada.

Eso, en el fondo, es muchísimo más difícil.

El peso de una voz que no es solo una voz

Porque Mario no es un rol. Es un sonido emocional. Es un recuerdo. Es una sensación automática.

Y Afghani lo sabe. Lo dice con emoción real, sin pose. Admitiendo que se le humedecen los ojos cuando habla de esto. Que hay una parte de él que no termina de creerse que ahora, cuando alguien escuche “It’s-a me”, esa voz salga de su garganta.

No desde el ego. Desde el respeto.

Y Martinet sigue ahí. Pero ya no como antes

Charles Martinet no desapareció. Nintendo lo convirtió en “Mario Ambassador”. Puede ir a eventos. Puede saludar a fans. Puede hacer la voz… hasta cierto punto. Pero ya no improvisa. Ya no graba líneas nuevas. Ya no es el Mario activo.

Ese ciclo se cerró.

Y Afghani no está intentando ocupar ese trono. Está intentando no profanarlo.

El miedo como señal correcta

Hay algo muy honesto en todo esto. En un mundo de actores que llegan a franquicias gigantes hablando de “hacerlo suyo”, Afghani dice lo contrario: si no estuviera nervioso, estaría equivocado.

Y tiene razón.

Porque cuando te toca sostener uno de los símbolos culturales más grandes de los videojuegos, el miedo no es debilidad. Es señal de que entiendes exactamente lo que tienes entre manos.

Mario no es un papel. Es una herencia.

Y Kevin Afghani, al menos por lo que demuestra, lo sabe mejor que nadie.

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