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Lanzan un “rumble pack” de 300 dólares para el perineo. El dispositivo Mor promete retrasar o intensificar la eyaculación mediante impulsos eléctricos

El producto fue presentado en su versión final durante el Consumer Electronics Show 2026 y rápidamente llamó la atención por su enfoque poco convencional dentro del sector de la tecnología de consumo.

Después de varios años de desarrollo, pruebas clínicas y trámites regulatorios, el dispositivo conocido informalmente como el “taint bandage” ya es una realidad comercial. Su nombre oficial es Mor, y acaba de salir al mercado en Estados Unidos tras obtener la aprobación de la FDA. Su propuesta es tan directa como inusual: aplicar impulsos eléctricos en el perineo para retrasar o intensificar el clímax.

De prototipo viral a producto aprobado

El Mor apareció por primera vez en 2020 como un proyecto en desarrollo que circuló en redes sociales con el apodo de “taint bandage”. En aquel momento, se trataba de un concepto inacabado que generó tanto curiosidad como bromas. Cinco años después, el dispositivo ha superado los procesos regulatorios y ya se comercializa oficialmente.

Según explicó su creador, el objetivo siempre fue ofrecer una solución tecnológica y médica a la eyaculación precoz, una condición que afecta a una parte significativa de la población masculina y que suele tener impacto en la vida sexual y emocional de las personas.

Cómo funciona el dispositivo

Lanzan un “rumble pack” de 300 dólares para el perineo. El dispositivo Mor promete retrasar o intensificar la eyaculación mediante impulsos eléctricos
© Kotaku / Prostock-studio (Shutterstock).

El sistema está compuesto por dos partes principales:

  • un parche desechable con electrodos, que se coloca sobre el perineo,
  • y un generador de pulsos reutilizable, que controla la intensidad y frecuencia de los impulsos eléctricos.

Cuando el dispositivo se activa, los electrodos emiten estímulos que, según el fabricante, pueden retrasar la eyaculación o intensificar la sensación del clímax. El control se realiza mediante una aplicación móvil, que permite ajustar los parámetros de funcionamiento.

La periodista Victoria Song, de The Verge, probó el dispositivo sobre su brazo y señaló que la sensación no es dolorosa, describiéndola como “una vibración suave más que una descarga”. También confirmó que el parche se retira sin causar molestias, un detalle relevante considerando la zona en la que está diseñado para usarse.

Precio, recambios y uso

El Mor se vende por 300 dólares e incluye seis parches desechables. Según la normativa de la FDA, estos parches no pueden reutilizarse, por lo que los usuarios deberán adquirir recambios una vez agotados.

El generador de pulsos, en cambio, es reutilizable y constituye el núcleo del sistema. La experiencia de uso se gestiona desde la app, que permite personalizar la intensidad y duración de los estímulos.

Entre el gadget y la solución médica

Aunque el diseño y la propuesta del Mor han generado inevitablemente comentarios irónicos en redes sociales, el propio creador ha señalado que no le molesta ese enfoque siempre que ayude a visibilizar el producto y su finalidad. En sus palabras, si el humor sirve para que más personas conozcan una herramienta que puede ayudarles, es bienvenido.

Más allá de lo anecdótico, el Mor se posiciona como una solución tecnológica avalada médicamente para un problema real. En un mercado donde la salud sexual sigue estando rodeada de estigmas, la aparición de dispositivos como este marca una tendencia: la integración de wearables y bioestimulación en ámbitos cada vez más íntimos.

Tecnología en territorios cada vez más personales

El lanzamiento del Mor refleja hasta qué punto la tecnología de consumo ha avanzado hacia espacios que antes quedaban fuera del radar de la industria. Ya no se trata solo de relojes inteligentes, auriculares o anillos de actividad. Ahora también hay dispositivos pensados para intervenir directamente en funciones fisiológicas específicas.

Para algunos, será un gadget curioso. Para otros, una herramienta potencialmente útil. En cualquier caso, el Mor confirma que el cruce entre tecnología, cuerpo y experiencia humana sigue expandiéndose hacia terrenos cada vez menos convencionales.

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