Hay universos que no se explican: se sobreviven. En uno de ellos, lo que queda de la humanidad vaga entre estaciones rotas, imperios caídos y amenazas que no dan tregua. En ese escenario se mueve esta nueva propuesta indie, que no busca ser un shooter más, sino una experiencia híbrida donde cada incursión tiene un precio y cada victoria, una consecuencia. La demo marca el primer contacto con un mundo que se construye a partir del riesgo, la improvisación y la persistencia.
Un primer acto que sumerge en un imperio colapsado
La demo ofrece acceso al primer capítulo de una historia dividida en cuatro actos, situando al jugador en el papel de un piloto inmortal enviado a investigar la caída de una civilización interestelar. La humanidad ya no existe como tal: lo que queda son los Voidborn, descendientes de antiguas colonias que sobreviven entre ruinas espaciales y naves errantes. En ese contexto, surge un rumor inquietante sobre una anomalía cósmica conocida como El Velo, y la misión es adentrarse en ese misterio.
La experiencia comienza con asaltos a tres bases enemigas, donde cada combate es tanto una lucha por sobrevivir como una oportunidad para recolectar recursos escasos. Lo que se obtiene en estas incursiones no es solo botín: es materia prima para fabricar nuevas armas, dispositivos y defensas que determinarán el rumbo de las siguientes partidas.
Desde el inicio, el juego introduce la tensión entre avanzar y retirarse. Seguir luchando puede traer recompensas mayores, pero también expone a oleadas cada vez más peligrosas. La demo no solo presenta este equilibrio, sino que lo convierte en su eje central, obligando al jugador a tomar decisiones constantes bajo presión.
Además, el primer acto culmina con el enfrentamiento contra uno de los primeros jefes, una prueba diseñada para medir no solo la habilidad en combate, sino también la preparación previa: la elección de nave, el equipamiento fabricado y la gestión de recursos marcan la diferencia entre sobrevivir o perderlo todo.
El Monasterio: una base que respira bajo amenaza constante
En medio del caos surge un punto de anclaje: los restos de un antiguo monasterio que, aunque en ruinas, puede transformarse en el centro de operaciones. Este espacio no es un simple menú, sino un núcleo vivo donde se aceptan misiones, se comercia con NPCs y se fabrican las herramientas necesarias para sobrevivir a las incursiones futuras.
La base, sin embargo, no es un refugio seguro. Las fuerzas del Velo la consideran un objetivo prioritario y lanzan ataques regulares para destruirla. Esto convierte al Monasterio en algo más que un punto de descanso: es un frente activo que debe ser defendido con estructuras, trampas y decisiones estratégicas.
Tras cada defensa exitosa, el jugador puede elegir una “bendición”, una mejora permanente que potencia distintas facetas del combate, la supervivencia o la economía del juego. Estas elecciones introducen un componente roguelike que hace que cada partida sea distinta, no solo por el botín obtenido, sino por el tipo de personaje que se va construyendo a lo largo del tiempo.
Este ciclo —incursión, extracción, fabricación, defensa y mejora— define el ritmo de la experiencia. No se trata de avanzar en línea recta, sino de construir un progreso sostenido a través del riesgo calculado y la adaptación constante a un entorno hostil.
Extracción isométrica, naves personalizables y lo que ofrece la demo
Cuando llega el momento de salir al exterior, el jugador elige una región enemiga para atacar. Allí, el objetivo principal es extraer recursos antes de que llegue una fuerza abrumadora, aunque siempre existe la opción de quedarse más tiempo para obtener recompensas de mayor valor, asumiendo riesgos cada vez mayores.
Cada nivel incluye miniobjetivos que plantean dilemas tácticos: ir a por un botín clave, asegurar una zona específica o retirarse con lo ya obtenido. Morir implica perder lo conseguido, lo que refuerza la sensación de tensión constante y hace que cada decisión importe.
La demo permite elegir entre tres tipos distintos de nave, cada una con configuraciones y estilos de juego propios. Esta variedad se combina con más de una docena de armas, objetos y estructuras defensivas desbloqueables, ofreciendo múltiples formas de abordar tanto la ofensiva como la defensa.
Además del núcleo jugable, el primer acto incluye misiones secundarias que ayudan a descubrir la historia oscura de los Voidborn y el trasfondo del universo. Todo esto se acompaña de una selección de temas originales de la banda sonora, que refuerzan la atmósfera sombría y opresiva del mundo.
Omen ya cuenta con una demo gratuita disponible en Steam, invitando a los jugadores a convertirse en Wayfairers y dar sus primeros pasos en esta saga estelar. No es una experiencia completa, pero sí una muestra sólida de una propuesta que busca diferenciarse combinando extracción, defensa de base y progresión roguelike en un solo flujo jugable.