Durante años, el tamaño del televisor fue una discusión secundaria frente a la resolución o el diseño. Hoy, esa lógica cambió por completo. El crecimiento del streaming, el gaming competitivo y los eventos deportivos en alta definición empujaron una tendencia clara: cuanto más grande, mejor. En ese contexto, Samsung decidió dar un paso que hasta hace poco parecía reservado para salas comerciales.
La compañía anunció oficialmente el desembarco en Argentina de su TV Crystal UHD de 98 pulgadas, un modelo que por dimensiones, prestaciones y precio se posiciona directamente en el segmento más alto del mercado. No se trata solo de un televisor grande: es una declaración de intenciones sobre cómo será el entretenimiento doméstico en los próximos años.
Con casi dos metros y medio de diagonal, esta pantalla transforma cualquier living en una experiencia cercana a una sala de cine o a un estadio. Pero el tamaño, por sí solo, no alcanza. El verdadero reto está en lograr que esa escala no juegue en contra de la calidad visual.
Inteligencia artificial y escalado: el desafío de una pantalla gigante
Uno de los principales temores frente a televisores de gran formato es la pérdida de definición. A mayor tamaño, mayor riesgo de notar imperfecciones, ruido o falta de nitidez. Samsung busca resolver ese problema con un Optimizador de Imágenes impulsado por inteligencia artificial, integrado en su procesador Crystal 4K.
Este sistema analiza el contenido en tiempo real y aplica mejoras automáticas: escalado inteligente para fuentes que no son nativas 4K, reducción de ruido, ajuste de contraste y una gestión más precisa de los negros. El objetivo es claro: que una película, un partido o una serie mantengan un nivel de detalle consistente incluso en una pantalla de 98 pulgadas.
La tecnología HDR10+ también cumple un rol clave. Al trabajar escena por escena, permite un rango dinámico más amplio, con luces más intensas y sombras mejor definidas, algo especialmente notable en cine y producciones de alto presupuesto. En un panel de este tamaño, esas diferencias no pasan desapercibidas.
El sistema operativo Tizen OS, por su parte, consolida la propuesta smart con acceso directo a las principales plataformas de streaming y una interfaz optimizada para pantallas grandes. Todo está pensado para que la experiencia sea fluida, sin complicaciones técnicas para el usuario.

Una pantalla pensada para gaming y deportes… y un precio acorde
Donde este modelo busca marcar una diferencia clara es en el uso intensivo: videojuegos y transmisiones deportivas. La tasa de refresco de 120 Hz, combinada con la tecnología Motion Xcelerator, apunta a eliminar desenfoques y efectos fantasma en escenas rápidas, un aspecto crítico tanto en shooters como en partidos de fútbol.
El Modo Juego Inteligente incorpora compatibilidad con VRR (Variable Refresh Rate) y una Game Bar dedicada, permitiendo ajustar parámetros clave sin salir de la partida. En la práctica, Samsung propone este televisor como uno de los monitores gaming más grandes que pueden instalarse en un hogar.
En cuanto a conectividad, incluye tres puertos HDMI y dos USB-A, suficientes para consolas de nueva generación, reproductores y sistemas de sonido externos. Todo orientado a un ecosistema de entretenimiento centralizado.
La experiencia premium, sin embargo, tiene un costo acorde. Según TecnoGaming, el precio sugerido en Argentina es de $6.999.999, con disponibilidad desde el 26 de enero en la tienda oficial de Samsung, comercios físicos y cadenas seleccionadas. Para amortiguar el impacto, la marca acompaña el lanzamiento con opciones de financiación, promociones por tiempo limitado y su conocido Plan Canje en puntos de venta específicos.
Más allá del número, el mensaje es claro: el “cine en casa” ya no es una promesa futura. Para quienes buscan llevar esa idea al extremo, Samsung acaba de poner sobre la mesa su propuesta más ambiciosa hasta el momento.