Las historias sobre crisis políticas suelen contarse desde la distancia: cifras, titulares o discursos. Pero a veces el cine elige otro camino, uno mucho más íntimo y brutal.
Eso es lo que propone Aún es de noche en Caracas, un thriller dramático inspirado en la novela La hija de la española, que tras su paso por festivales y cines latinoamericanos llega al catálogo de Netflix el 27 de marzo de 2026.
La película, dirigida por Mariana Rondón y Marité Ugás, traslada al espectador a Caracas durante uno de los momentos más tensos de su historia reciente.
Allí comienza la historia de una mujer que pierde todo en cuestión de días.

Una ciudad al borde del colapso
La protagonista es Adelaida, interpretada por Natalia Reyes.
Su vida cambia por completo después de un acontecimiento aparentemente cotidiano: el funeral de su madre. Al regresar a casa, descubre que su apartamento ha sido ocupado por una milicia vinculada al poder político, en una ciudad donde las protestas, la escasez y la violencia se han vuelto parte del paisaje cotidiano.
A partir de ese momento, Caracas deja de ser un hogar para convertirse en un territorio hostil.
Las instituciones han dejado de funcionar, las calles están dominadas por retenes armados y sobrevivir se vuelve una tarea diaria. En ese contexto, Adelaida comienza a moverse entre edificios abandonados, apartamentos ocupados y barrios donde la ley parece haber desaparecido.
Pero la situación empeora cuando descubre algo inesperado en el apartamento vecino.
Cuando sobrevivir significa dejar de ser uno mismo
En medio del caos, Adelaida encuentra el cuerpo sin vida de una vecina que poseía residencia española. Ese descubrimiento abre una posibilidad desesperada: asumir su identidad para escapar del país.
La decisión no es sencilla.
Adoptar otra identidad implica abandonar todo lo que queda de su vida anterior: su nombre, su historia y su lugar en el mundo.
La película sigue los días más intensos de esa transformación, mientras la protagonista intenta atravesar una ciudad llena de controles, funcionarios corruptos y grupos armados que vigilan cada movimiento.
En ese camino aparecen personajes que representan distintas caras de la crisis, interpretados por actores como Édgar Ramírez, Moisés Angola y Sheila Monterola.
Más que un thriller político tradicional, la película se construye como un drama de supervivencia donde cada decisión tiene un peso moral.
Porque cuando un país se desmorona, la pregunta deja de ser qué es correcto… y pasa a ser qué estás dispuesto a perder para seguir adelante.