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Ver robots, fútbol y Fortnite el mismo día a más de uno podría parecernos totalmente raro. En los Games of the Future, sorprendentemente funciona

Esports, deportes físicos y robots compitiendo en vivo no suelen compartir escenario. En los Games of the Future sí, y no como experimento aislado, sino como formato central. Desde una mirada gamer, el resultado no es confusión: es una nueva forma de vivir la competencia.

Si vienes del mundo gamer, hay algo que se reconoce de inmediato en los Games of the Future: esa sensación constante de que algo está ocurriendo en otra pantalla. Un partido que empieza mientras termina una serie. Una final que se juega a pocos metros de una fase de grupos. Personas siguiendo resultados en el teléfono aunque tengan una competencia en vivo delante. No importa si es Dota, fútbol phygital o robots en la arena: el ritmo es el mismo.

Y eso, curiosamente, hace que todo encaje mejor de lo que se podría esperar.

Un evento que se vive como un torneo gamer

Ver robots, fútbol y Fortnite el mismo día es raro. En los Games of the Future, sorprendentemente funciona
© Kotaku / Martín Nicolás Parolari.

La primera impresión es desconcertante. En un momento se observa un partido de fútbol phygital resolverse por penales; unos metros más allá, un combate de robots avanza con precisión quirúrgica; un poco más lejos, equipos de esports disputan mapas decisivos mientras Fortnite sigue su propio calendario, todavía sin resultados finales.

Pero después de un rato, algo cambia. No se siente como un evento deportivo tradicional. Se siente como un torneo gamer de gran escala, solo que algunos jugadores usan botines, otros teclado y ratón, y otros controlan máquinas de combate.

Hay brackets, horarios que se superponen, eliminaciones rápidas y otras que se estiran. Y, sobre todo, hay público que entiende ese caos organizado sin necesidad de demasiadas explicaciones.

Cuando el deporte adopta lógica gamer

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© Kotaku / Martín Nicolás Parolari.

El fútbol y el básquet phygital no se perciben como deportes “prestados” al gaming. Funcionan más bien como juegos que incorporaron el cuerpo como parte central de la competencia. El hecho de que una fase digital condicione lo que sucede después en la cancha cambia por completo la forma de mirar el partido.

Desde una perspectiva gamer, esto no resulta extraño. Se está acostumbrado a pensar en rondas, ventajas acumuladas, errores que se arrastran de una etapa a otra. Aquí ocurre lo mismo, solo que el cansancio físico entra en juego y la presión se manifiesta de otra manera.

El básquet phygital 3×3, con su ritmo alto y marcadores amplios, encaja especialmente bien en este formato. Es rápido, intenso y deja poco margen para especular. Se gana o se queda fuera. Como en una serie mal jugada.

Robots y esports: dos extremos que conviven mejor de lo esperado

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© Kotaku / Martín Nicolás Parolari.

La batalla de robots podría parecer el punto más alejado del gaming competitivo, pero en la práctica no lo es tanto. Hay equipos detrás, decisiones técnicas tomadas con antelación, estrategias que se ejecutan en segundos y combates que se definen con resultados contundentes. Es una experiencia fría, sí, pero también muy reconocible para cualquiera que haya seguido competencias técnicas o de ingeniería aplicada al juego.

Del otro lado, los esports más clásicos —Dota y disciplinas mobile— avanzan con su propia lógica. Series cerradas, partidas definidas por pequeños detalles y equipos conscientes de que no hay margen para errores innecesarios. Lo interesante es que no quedan aislados ni eclipsados por el resto del evento. Funcionan como una pieza más dentro del ecosistema.

Fortnite, todavía en desarrollo competitivo, cumple un rol particular: representa a una generación para la cual competir, mirar y jugar forman parte del mismo acto.

Por qué la mezcla no se siente forzada

Ver robots, fútbol y Fortnite el mismo día es raro. En los Games of the Future, sorprendentemente funciona
© Kotaku / Martín Nicolás Parolari.

La mayor sorpresa de los Games of the Future no es que reúnan disciplinas tan distintas. Es que no intentan jerarquizarlas. No hay una competencia presentada como la principal y otras como secundarias. Todo convive al mismo nivel, y eso se refleja en cómo circula el público.

Desde el gaming, esta horizontalidad resulta familiar. No es necesario elegir una sola cosa. Se puede seguir varias, cambiar de escenario, volver más tarde, perderse un momento clave y enterarse después. Exactamente como ocurre cuando se siguen varios torneos online al mismo tiempo.

Al final del día, lo extraño no es ver robots, fútbol y Fortnite en la misma jornada. Lo extraño es descubrir que, una vez vivido así, ya no parece tan extraño.

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