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Alarma en la industria: Jason Schreier destapa una inminente crisis en Bungie tras el cierre de ‘Destiny 2’

Un informe de Bloomberg revela que el estudio se enfrenta a despidos masivos inmediatos tras anunciar la última actualización de su shooter insignia.

El panorama para uno de los estudios más legendarios de la industria del videojuego se ha tornado extremadamente oscuro. Solo unas horas después de que Bungie anunciara de forma oficial el cese de desarrollo de nuevo contenido para Destiny 2, una demoledora investigación del prestigioso periodista Jason Schreier a través de Bloomberg ha desvelado la crítica situación estructural que atraviesa la empresa.

De acuerdo con fuentes internas y testimonios anónimos del estudio, la finalización del soporte de su juego insignia no responde a una transición planificada hacia una secuela, sino a una falta de rumbo que desembocará de forma inminente en una oleada de despidos masivos. La plantilla se enfrenta a un vacío operativo total, dejando el futuro de la marca de ciencia ficción en el limbo más absoluto.

El muro financiero de Sony y la ausencia de ‘Destiny 3’

A pesar de las especulaciones y deseos de la comunidad tras el cierre de la saga de la Luz y la Oscuridad, el informe técnico de Bloomberg tira por tierra cualquier anuncio cercano de una tercera entrega numerada:

  • Freno total a la secuela: Las fuentes confirman que Destiny 3 no se encuentra en producción activa. El motivo detrás de esta parálisis es puramente económico: los costes estimados para desarrollar una secuela desde cero son desorbitados y Sony se muestra tajantemente escéptica a financiarla en las condiciones actuales del mercado.

  • Proyectos rechazados: El equipo de desarrollo ha presentado e incubado diversas propuestas de nuevas propiedades intelectuales y spin-offs menores ambientados en el universo de Destiny (incluyendo el cancelado proyecto en clave Payback), pero PlayStation no ha dado luz verde a ninguno de ellos, manteniendo congelados los presupuestos.

  • Impacto en el balance de Sony: La adquisición de Bungie por 3.600 millones de dólares en 2022 no ha ofrecido los frutos esperados por la corporación japonesa, la cual ha tenido que asumir una depreciación y pérdidas de valor en sus informes financieros que oscilan entre los 560 y los 765 millones de dólares debido al desgaste comercial de sus licencias.

Todo o nada: El repliegue de recursos hacia ‘Marathon’

Ante la falta de nuevos proyectos aprobados para el personal que queda liberado de Destiny 2, la directiva de Bungie ha recibido la orden estricta de volcar de forma masiva sus recursos humanos y técnicos en Marathon, el shooter de extracción de ciencia ficción que debutó en tiendas a principios de marzo.

El título no logró cumplir con las expectativas iniciales de ventas ni de tracción en plataformas de streaming, lo que obligó a Sony a intervenir de forma directa la gestión del estudio, diluyendo la autonomía de la que gozaba Bungie originalmente para integrarla de lleno en la estructura de PlayStation Studios.

Para intentar revertir la situación y salvar el proyecto, el equipo de desarrollo ha diseñado un mapa de ruta de emergencia que busca alejar el juego del nicho competitivo puro, experimentando con la inclusión de modalidades PvE (Jugador contra Entorno) tradicionales y rediseñando los sistemas de tutorías y accesibilidad para intentar capturar a los usuarios descontentos que abandonarán los servidores de los Guardianes en las próximas semanas.

El fin de una era: ‘Monument of Triumph’

Por su parte, la comunidad de jugadores ya se prepara para una despedida histórica. El próximo 9 de junio se publicará de forma oficial Monument of Triumph, la última actualización de contenido en vivo programada para Destiny 2.

Aunque Bungie ha garantizado que los servidores del multijugador permanecerán abiertos y el título seguirá siendo totalmente accesible y jugable durante los próximos años, los aficionados de todo el mundo ya lamentan el fin de un ciclo ininterrumpido de doce años de narrativa espacial. Un cierre de ciclo que, paradójicamente, coincide con el momento de mayor vulnerabilidad laboral de sus propios creadores.

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