Con juegos como Pragmata y Resident Evil Requiem posicionándose como algunos de los primeros favoritos de la crítica en 2026, Capcom atraviesa uno de sus mejores momentos. De hecho, la compañía lleva tiempo encadenando aciertos, si se deja de lado toda la polémica en torno a Street Fighter 6. Basta con revisar el listado de lanzamientos en su web para encontrar una sucesión casi ininterrumpida de títulos destacados en los últimos años. Incluso proyectos menos afortunados, como el shooter de dinosaurios Exoprimal, al menos intentaban proponer ideas interesantes. Con la compañía funcionando a pleno rendimiento, resulta sorprendente recordar que, hace una década, Capcom atravesaba una crisis tan profunda que muchos la apodaban “Crapcom”.

Esta evolución se aprecia especialmente bien en Resident Evil. En 2005, Resident Evil 4 revolucionó la saga de survival horror y sigue siendo considerado uno de los mejores juegos de todos los tiempos. Después, sin embargo, la serie tropezó… y terminó cayendo en una espiral descendente. Resident Evil 5 (2009) acentuó el enfoque en la acción de su predecesor y cayó en la tendencia multijugador de finales de la década, con resultados que dieron lugar a numerosos memes. Aunque en su momento tuvo una recepción aceptable y con el tiempo ha sido visto con cierta nostalgia (con momentos tan exagerados como Chris golpeando una roca mientras Sheva corre dentro de un volcán), fue percibido como un paso atrás respecto a la excelencia que definió a Resident Evil 4.
Lejos de corregir el rumbo, Capcom profundizó en esos problemas con Resident Evil 6 en 2012, considerado por muchos como uno de los puntos más bajos de la franquicia. El juego abandonó gran parte de su identidad de terror en favor de una acción cooperativa genérica. Era una época (la de PlayStation 3 y Xbox 360) en la que parecía que todos los títulos debían incluir componentes multijugador, lo que llevó a sagas tradicionalmente centradas en la experiencia individual a forzar estos elementos en sus secuelas. Fue también la era de los pases online y de los primeros intentos por retener a los jugadores con modelos que anticipaban los actuales juegos como servicio. Algunas compañías lograron adaptarse; Resident Evil 6, en cambio, se convirtió en un claro ejemplo de Capcom siguiendo tendencias en lugar de marcar el camino.
La saga se tomó entonces un respiro, hasta que Resident Evil 7: Biohazard relanzó la franquicia en 2017 con un enfoque renovado en el terror, una perspectiva en primera persona y una redefinición de su identidad. Desde entonces, Resident Evil ha sabido mantener su esencia y combinar sus elementos más inquietantes con su característico toque de acción en títulos como Requiem. Tras varios tropiezos, Capcom ha logrado reposicionar la saga como una firme candidata a los premios a Juego del Año.
Este mismo recorrido puede observarse en otras de sus franquicias. Street Fighter V tuvo un lanzamiento problemático, pero con el tiempo logró remontar, allanando el camino para el éxito de Street Fighter 6 en 2023. Devil May Cry pasó de su punto álgido con Devil May Cry 3: Dante’s Awakening a una entrega irregular como Devil May Cry 4 y al divisivo DmC: Devil May Cry, hasta que Devil May Cry 5 devolvió a la saga su estatus como referente del género de acción. No todo ha sido positivo: Marvel vs. Capcom Infinite fue un fracaso notable. Sin embargo, en términos generales, Capcom parece haber reencontrado el rumbo de franquicias que, no hace tanto, habían perdido prestigio.

El resurgimiento de Capcom como una de las compañías más destacadas del sector también se refleja en su apuesta por nuevas ideas, como las que propone el shooter de puzles y ciencia ficción Pragmata. Aún está por verse si el juego puede convertirse en una franquicia duradera, pero su combinación de acción rápida y resolución de acertijos en tiempo real resulta refrescante en un panorama donde muchas compañías recurren constantemente a fórmulas conocidas. Incluso si Pragmata termina siendo un experimento aislado, queda claro que Capcom busca innovar al mismo tiempo que revitaliza sus sagas clásicas. Esta nueva etapa también hace más ilusionante el regreso de Onimusha, ausente durante dos décadas, así como el lanzamiento de un nuevo Mega Man el próximo año, en un contexto donde incluso sus proyectos más nostálgicos se sienten creativos.
Hoy en día, incluso los desarrolladores más veteranos parecen estar a uno o dos fracasos de convertirse en ejemplos de advertencia. Los tropiezos que Capcom sufrió hace más de una década probablemente habrían tenido consecuencias mucho más graves en el panorama actual. ¿Habría sobrevivido a otra etapa como la de “Crapcom” en la década de 2020? Probablemente sí: sagas como Monster Hunter y Resident Evil siguen vendiendo de forma masiva incluso en sus entregas menos brillantes. Pero, afortunadamente, no parece que tengamos que comprobarlo en el corto plazo.
Este artículo ha sido traducido de Kotaku US por Agustín Azcarate. Aquí podrás encontrar la versión original.