Una respuesta directa a una jugada que no gustó nada
En Hollywood, cada movimiento importante genera una reacción inmediata. Y lo que parecía una ventaja clara para una gran producción ha provocado una contraofensiva que ya está dando de qué hablar.
Después de que Warner Bros. asegurara una ventana exclusiva de tres semanas en salas IMAX para Dune: Parte Tres, la respuesta no tardó en llegar desde The Walt Disney Company. Pero en lugar de competir directamente con tecnología, la estrategia parece ir por otro lado.
Durante la CinemaCon, Disney presentó Infinity Vision, una certificación pensada para pantallas premium de gran formato (PLF). Sobre el papel, suena como una evolución en la experiencia cinematográfica. En la práctica, muchos ya lo ven como algo distinto.
Infinity Vision: más sello que revolución
La propuesta de Infinity Vision es sencilla: identificar salas que cumplan ciertos estándares técnicos en imagen y sonido para garantizar una experiencia “óptima”. Esto incluye niveles adecuados de brillo, contraste y calidad acústica.
Según datos iniciales, ya existen unas 75 pantallas certificadas en Estados Unidos y alrededor de 300 en el resto del mundo. La idea es expandir este sello de forma progresiva y convertirlo en una referencia para el público.
Sin embargo, el concepto no introduce una tecnología nueva ni un formato propietario que compita directamente con IMAX. En esencia, se trata de una certificación aplicada sobre salas que ya cumplían con estándares elevados.
Desde Disney lo presentan como una extensión natural de su obsesión por la calidad. Andrew Cripps, responsable de distribución cinematográfica del estudio, lo define como una forma de asegurar que el público vea las películas “exactamente como fueron diseñadas”.
Pero fuera del discurso oficial, la percepción es otra: Infinity Vision funciona más como una etiqueta (una forma de destacar ciertas salas) que como una innovación real en la proyección cinematográfica.
El verdadero objetivo: blindar sus grandes estrenos
El calendario deja pocas dudas sobre el trasfondo de esta iniciativa. Infinity Vision no se activará al azar, sino que debutará con eventos muy concretos.
El primero será el reestreno de Vengadores: Endgame en septiembre, una jugada que busca reactivar el interés del público y preparar el terreno. Pero la fecha clave es el 18 de diciembre, cuando llegará Vengadores: Doomsday.
Ese mismo día, si no hay cambios, también se espera el lanzamiento de la nueva entrega del universo de Denis Villeneuve, vinculada a Dune: Messiah. Y ahí es donde todo encaja.
Con IMAX parcialmente “ocupado” por la estrategia de Warner, Disney necesita una alternativa para posicionar su película como el gran evento en salas premium. Infinity Vision cumple exactamente esa función: ofrecer una etiqueta propia que pueda competir en percepción, aunque no en tecnología.
Una batalla que se juega en la percepción del espectador
Más allá de lo técnico, esta maniobra refleja una tendencia clara en la industria: la experiencia en sala se ha convertido en un campo de batalla clave.
IMAX no solo vende tamaño o calidad, vende marca. Y eso es precisamente lo que Disney parece querer replicar con Infinity Vision: una forma rápida de decirle al espectador “esta es la mejor opción disponible”.
El problema es que, sin una diferencia tangible clara, todo depende de cómo se perciba esa etiqueta. Si el público la interpreta como un estándar real, puede influir en la elección de sala. Si la ve como simple marketing, su impacto podría ser limitado.
Lo que está claro es que el enfrentamiento entre ambos estrenos no se decidirá solo por la historia o los efectos especiales. También se jugará en cómo y dónde se ve cada película.
Y en esa batalla, Infinity Vision podría ser menos una revolución… y más una jugada estratégica en el momento justo.
El siguiente video es la explicacion de Infinity Vision: