Una tormenta necesita corrientes opuestas. Durante la última semana surgieron informaciones que apuntan a que Sony ha perdido interés en seguir llevando sus juegos a PC y estaría concentrando nuevamente las exclusivas de PlayStation dentro de su propio ecosistema. En el lado de Xbox, la nueva directora ejecutiva Asha Sharma anunció que la próxima consola, conocida como “Project Helix”, ya está en desarrollo, aunque no parece destinada a corregir los errores del pasado. Aunque muchos jugadores no estén satisfechos con la retirada de Sony del mercado de ports para PC, una decisión sensata no siempre tiene que ser popular. Si estas compañías van a navegar en aguas turbulentas, más les vale contar con un barco sólido.
Las llamadas guerras de consolas no terminaron porque alguien ganara, sino porque dejaron de ser relevantes. Los grandes videojuegos, obligados a recuperar presupuestos cada vez más elevados, comenzaron a adoptar una estrategia multiplataforma. Durante años las compañías invirtieron grandes sumas para que los consumidores se identificaran con una consola concreta, pero con el tiempo el lugar donde jugar dejó de ser un factor tan determinante.
Cuando comenzó la pandemia de COVID, los servicios de streaming experimentaron un enorme aumento de usuarios en casi todos los sectores, incluido Game Pass. Este servicio se convirtió en el rasgo definitorio de Xbox, acompañado de una agresiva estrategia de adquisiciones para alimentar su catálogo. Sin embargo, como ha ocurrido con muchas otras plataformas de suscripción, el modelo acabó alcanzando un techo: ventas en descenso y un ritmo de gasto difícil de sostener. El lema de “Xbox en todas partes” terminó jugando en contra, afectando tanto a las cifras de software como de hardware y dejando a dispositivos híbridos como el ROG Ally en una posición confusa. Project Helix todavía no ha definido con claridad el futuro de Xbox. La única promesa firme es que será un hogar para los juegos de Xbox y de PC, aunque incluso esa idea carece de detalles tranquilizadores.
PlayStation no enfrenta exactamente los mismos problemas. Sony ha demostrado ser muy eficaz vendiendo hardware, y la PS5 sigue moviendo unidades incluso en una etapa avanzada de su ciclo de vida. Además, con una excepción notable, la compañía también ha tenido éxito comercializando sus juegos. Sin embargo, cada nuevo lanzamiento cuesta más dinero y requiere más tiempo de desarrollo. Para amortiguar ese impacto, Sony comenzó a llevar algunos de sus títulos a PC. Sorprendentemente, las ventas en plataformas más amplias no fueron tan sólidas como se esperaba. La gran excepción fue Helldivers 2, que a diferencia de otros ports de PlayStation se lanzó simultáneamente en consola y PC.
Ante el desgaste que suponen ciclos de desarrollo cada vez más largos, Sony ha puesto la mirada en los juegos como servicio. Lograr un éxito duradero, al estilo de Fortnite o Grand Theft Auto V, podría mantener a su comunidad de jugadores enganchada durante años, un premio lo suficientemente atractivo como para asumir ciertos riesgos. Tradicionalmente, las consolas se vendían con márgenes reducidos o incluso con pérdidas, mientras que los ingresos del software (tanto de títulos propios como de licencias de terceros) equilibraban las cuentas. Sin embargo, con los jugadores concentrándose cada vez más en un número reducido de juegos, muchos de ellos antiguos, tanto Microsoft como Sony han entrado en bucles estratégicos difíciles de sostener.
La confirmación de que ya se trabaja en consolas de nueva generación también trae consigo una gran incertidumbre. Si antes el hardware implicaba inversiones arriesgadas, ahora la volatilidad de los aranceles y la escasez de memoria RAM provocada por la demanda de centros de datos de inteligencia artificial podrían complicar aún más el panorama. Cada aumento de precio podría dejar fuera a más jugadores, especialmente cuando las nuevas generaciones encuentran entretenimiento en otras plataformas.
En este contexto, da la impresión de que Sony ha pasado página recientemente. La compañía estaría concentrando nuevamente sus recursos en su propio ecosistema, y su estrategia de expansión multimedia parece estar perdiendo intensidad. Volver a apostar por exclusivas de gran perfil es, en teoría, un argumento claro para elegir su consola frente a la competencia. Sin embargo, ese argumento resulta algo frágil si esas exclusivas se limitan a uno o dos lanzamientos al año. Idealmente, la empresa debería reconstruir un entorno capaz de sostener juegos grandes, medianos y pequeños. Curiosamente, ese es un terreno en el que Game Pass ha destacado… aunque sin lograr convertirlo en un negocio realmente rentable.
La situación de Xbox es más compleja desde el punto de vista estratégico. Sony tiene interés en vender PlayStation, pero también películas y televisores. Microsoft, en cambio, mantiene una fuerte presencia en el mercado del PC, lo que ha diluido el argumento a favor de una consola Xbox dedicada durante la última década. Un nuevo liderazgo podría marcar un cambio de dirección, aunque con tantas turbulencias parece más bien que están repitiendo las mismas páginas en lugar de avanzar hacia un nuevo capítulo.
Con costes en aumento y un interés del público cada vez más fragmentado, la próxima generación de consolas necesitará una propuesta mucho más convincente que la que ha definido la actual. Un dispositivo que transmita confianza en sí mismo. Algo parecido a lo que ha hecho Nintendo: en menos de un año ha apoyado el lanzamiento de Switch 2 con nuevas entregas de Mario Kart, Donkey Kong, Metroid y Pokémon. Un ejemplo de cómo encontrar el éxito incluso en tiempos complicados. Tal vez haya una lección en ello.
Este artículo ha sido traducido de Kotaku US por Agustín Azcarate. Aquí podrás encontrar la versión original.