Durante años, los multiversos se han convertido en la obsesión de Hollywood y de buena parte de la cultura pop. Marvel, DC y muchas otras franquicias han construido mundos conectados donde cualquier personaje puede cruzarse con otro. Pero mucho antes de que eso se pusiera de moda, un juego de rol ya había encontrado la forma de unir infinitas historias, universos y versiones alternativas. Y lo más curioso es que quizá tú ya formas parte de él sin haberte dado cuenta.
La idea de Dungeons & Dragons era mucho más ambiciosa de lo que parecía
Para muchos jugadores, Dungeons & Dragons sigue siendo ese juego clásico de fantasía medieval lleno de dragones, tabernas y aventureros lanzando dados alrededor de una mesa. Sin embargo, el universo creado por Wizards of the Coast lleva décadas funcionando bajo una idea muchísimo más grande y extraña de lo que aparenta.
El propio manual de D&D 5E deja claro que todos los mundos del juego forman parte de un gigantesco multiverso conectado. No solo hablamos de escenarios famosos como los Reinos Olvidados, Dragonlance o Spelljammer, sino también de miles de mundos creados directamente por jugadores a lo largo de generaciones enteras.
Y ahí es donde empieza la verdadera locura.
A diferencia de un videojuego tradicional, Dungeons & Dragons no tiene una única línea argumental cerrada. Cada partida cambia dependiendo de las decisiones de los jugadores, de la improvisación del Dungeon Master y hasta de la imaginación del grupo. Dos campañas pueden comenzar igual y terminar convirtiéndose en historias completamente distintas.
Eso provoca algo muy poco habitual en otras franquicias: el canon nunca está totalmente controlado.
Mientras que un videojuego impone límites claros sobre lo que puedes hacer, en D&D la imaginación también es una mecánica jugable. Los jugadores inventan ciudades, personajes, guerras, dioses y universos enteros constantemente. Y aunque parezca increíble, el propio juego encontró una forma de justificar oficialmente que todo eso existe dentro de su cosmología.
Existe una ciudad capaz de conectar cualquier mundo imaginable
La clave de todo está en una ambientación que muchos jugadores conocen por un legendario RPG de finales de los noventa: Planescape.
Publicado originalmente en 1994, Planescape llevó Dungeons & Dragons a un terreno mucho más extraño y filosófico. Allí no solo existían planos dimensionales imposibles, criaturas cósmicas o dioses inaccesibles. También aparecía un lugar que terminó convirtiéndose en una de las ideas más fascinantes de toda la franquicia: Sigil, la Ciudad de las Puertas.
Sigil funciona como un gigantesco punto de conexión entre universos. Una ciudad suspendida fuera de la lógica convencional donde existen portales capaces de llevarte prácticamente a cualquier realidad imaginable.
Y cuando el juego dice “cualquier realidad”, habla literalmente.
Los libros modernos de Planescape explican que cualquier elemento de cualquier campaña de D&D puede aparecer allí. No importa si pertenece a una ambientación oficial, a una partida casera o incluso a una reinterpretación creada por fans. Todo puede coexistir dentro del multiverso.
Eso significa que tus campañas personales, las decisiones absurdas que tomaste hace años o incluso ese personaje improvisado que acabó sobreviviendo contra todo pronóstico podrían existir oficialmente en algún rincón de ese cosmos.
Es una idea tan enorme que cuesta procesarla.
Tus videojuegos favoritos probablemente ya forman parte de ese multiverso
Aquí es donde todo se vuelve todavía más surrealista.
Muchos jugadores han experimentado mundos de Dungeons & Dragons sin ser plenamente conscientes de ello. Juegos como Baldur’s Gate, Icewind Dale o el mítico Planescape: Torment utilizan directamente ambientaciones oficiales del juego de rol.
Pero la influencia va mucho más lejos.
Buena parte de los RPG modernos, incluidos muchos japoneses, nacieron inspirados por intentos antiguos de adaptar D&D al formato digital. Títulos históricos como Ultima o Wizardry sirvieron de puente entre el rol de mesa y los videojuegos que terminarían dominando el género décadas después.
En cierto modo, gran parte del ADN del RPG moderno proviene de ahí.
Y según la lógica de Planescape, cualquier aventura creada usando esas bases puede terminar conectada a Sigil. Tus personajes, las rutas que elegiste, los NPC que salvaste o incluso las decisiones más caóticas de tu partida formarían parte de algún rincón del multiverso.
La frontera entre lo oficial y lo inventado empieza a desaparecer por completo.
El detalle más extraño es que el canon depende de la imaginación
La gran diferencia de Dungeons & Dragons frente a otras franquicias es que nunca intentó cerrar del todo las puertas de su universo.
En la práctica, eso significa que cualquier jugador puede tomar una campaña antigua, adaptarla a las reglas actuales y volver a conectarla con aventuras oficiales publicadas décadas después. Todo coexistiendo dentro de la misma lógica narrativa.
No importa si proviene de una mesa casera, de una campaña modificada o incluso de una partida inspirada en otro videojuego. Mientras pueda imaginarse y jugarse, existe potencialmente dentro del multiverso de D&D.
Por eso Sigil se ha convertido en una de las ideas más fascinantes jamás creadas dentro del rol. No solo conecta mundos ficticios: conecta también las experiencias personales de millones de jugadores repartidos por todo el planeta.
Y quizá esa sea la parte más extraña de todas. Porque en un universo donde la imaginación tiene valor canónico, tus propias historias también podrían estar esperando detrás de alguna puerta.