A veces, las mejores ideas aparecen cuando todo parece haberse derrumbado. En una industria acostumbrada a presupuestos gigantescos y desarrollos de larga duración, no es raro que la cancelación de un proyecto marque el final de un estudio o de una etapa profesional. Sin embargo, para un grupo de desarrolladores experimentados ocurrió exactamente lo contrario. Lo que comenzó como un golpe inesperado terminó convirtiéndose en el punto de partida para una propuesta completamente distinta, una que cambia las aventuras heroicas por una batalla diaria mucho más cercana y absurda: sobrevivir a una jornada escolar donde las reglas existen únicamente para ser ignoradas.
Del mundo de los MMORPG a una aventura basada en el caos cotidiano
La historia detrás de este proyecto refleja uno de los movimientos más interesantes que ha vivido la industria en los últimos años. Tras la cancelación de un ambicioso videojuego multijugador de gran presupuesto y la posterior reestructuración que afectó a numerosos profesionales, varios veteranos decidieron crear su propio estudio independiente para desarrollar ideas sin las limitaciones habituales de las grandes compañías.
Así nació Sackbird Studios, un equipo integrado por desarrolladores que participaron en algunos de los MMO más exitosos del mercado. En lugar de seguir explorando el terreno que dominaban, optaron por arriesgarse con una propuesta mucho más desenfadada y experimental.
Su primer trabajo apuesta por un escenario tan reconocible como impredecible: un instituto convertido en un enorme campo de juego interactivo. Aquí no hay reyes, monstruos legendarios ni amenazas sobrenaturales. El objetivo consiste en recorrer aulas y pasillos provocando el mayor número posible de situaciones absurdas antes de que termine la jornada escolar.
La idea puede parecer sencilla sobre el papel, pero precisamente ahí reside gran parte de su atractivo. Los desarrolladores buscan que cada partida genere historias únicas gracias a la interacción constante entre los jugadores y el entorno. En lugar de seguir una narrativa rígida, el juego apuesta por la improvisación y por esas situaciones inesperadas que suelen convertirse en las más recordadas por las comunidades online.
Es una filosofía que recuerda a algunos de los grandes éxitos recientes del género multijugador, donde la diversión no depende tanto de cumplir objetivos como de las anécdotas que surgen espontáneamente durante la partida.
Un patio de recreo digital donde cualquier objeto puede desencadenar un desastre
El instituto funciona como una gigantesca caja de herramientas para el caos. Cada rincón está diseñado para fomentar la interacción y permitir que los jugadores experimenten con diferentes posibilidades. Desde las aulas hasta la cafetería, prácticamente todo puede utilizarse para crear situaciones impredecibles.
Las partidas admiten grupos de hasta seis participantes, una cifra que multiplica las posibilidades de colaboración y también de sabotaje. Lo que comienza como una estrategia conjunta puede terminar en cuestión de segundos convirtiéndose en una cadena de errores, traiciones y accidentes inesperados.
La física tiene un papel fundamental en esta propuesta. Los jugadores pueden recoger, lanzar y combinar numerosos objetos repartidos por el escenario. Taquillas, bandejas, balones, mochilas y otros elementos cotidianos adquieren usos completamente distintos cuando el objetivo principal es generar el máximo caos posible.
Entre los elementos más llamativos destacan las mochilas propulsoras repartidas por algunas zonas del mapa. Estos dispositivos añaden una capa extra de locura a la experiencia y permiten desplazamientos que transforman los enfrentamientos y persecuciones en auténticos espectáculos de improvisación.
A ello se suma un sistema de alimentación que aporta ventajas temporales. Consumir determinados alimentos ayuda a mantener la energía y obtener beneficios concretos, aunque el exceso también puede provocar consecuencias inesperadas. Esa mezcla de riesgo y recompensa encaja perfectamente con el tono humorístico que define toda la experiencia.

Una carrera desesperada para escapar antes de que todo se venga abajo
Aunque gran parte de la diversión se centra en provocar situaciones absurdas durante la jornada, cada partida cuenta con un desenlace diseñado para reunir todo el caos acumulado. Cuando las clases terminan, comienza una frenética carrera hacia el autobús escolar que sirve como cierre de la sesión.
En ese momento, los jugadores deben atravesar el instituto mientras intentan evitar obstáculos, profesores y cualquier consecuencia derivada de las bromas realizadas anteriormente. Cuanto más descontrolada haya sido la partida, más complicada y divertida suele resultar esta última fase.
Este sistema convierte cada sesión en una especie de comedia interactiva donde las decisiones tomadas durante los minutos anteriores siguen teniendo impacto hasta el último instante. No se trata únicamente de acumular puntos o completar desafíos, sino de construir una cadena de acontecimientos que desemboque en un final tan impredecible como espectacular.
Actualmente, el proyecto continúa avanzando hacia su lanzamiento en PC y consolas. Los usuarios ya pueden añadirlo a sus listas de deseos en Steam y Epic Games Store mientras el estudio prepara nuevas demostraciones y detalles sobre su llegada al mercado.
Todavía no existe una fecha definitiva ni un precio confirmado, pero el interés generado desde su presentación demuestra que hay espacio para experiencias diferentes dentro del panorama multijugador. Con una premisa original, un equipo con experiencia y una identidad muy marcada, Hijinks High tiene argumentos suficientes para convertirse en una de las propuestas independientes más llamativas que llegarán en los próximos meses.