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Jugar bien ya no es suficiente en el competitivo actual. El phygital está obligando a los gamers a combinar habilidad digital, resistencia física y adaptación real para competir de una forma completamente distinta

Jugar bien ya no basta. En el universo phygital, un buen jugador también tiene que correr, resistir, coordinar y adaptarse en segundos. Dan Merkley, presidente de la World Phygital Community, explica por qué esta mezcla entre esports y deporte físico está empezando a abrir un camino completamente distinto para los jugadores competitivos.

Hay algo muy concreto que el phygital le está haciendo a la idea clásica de “jugador competitivo”: la está rompiendo en dos. O mejor dicho, la está obligando a salir de una sola dimensión. Porque aquí ya no alcanza con dominar el mando, el teclado o el timing de una partida. También hay que responder cuando el cuerpo entra en juego.

Eso es, en el fondo, lo que Dan Merkley, Chairperson y Managing Director de la World Phygital Community, plantea como uno de los grandes diferenciales de este formato híbrido que mezcla videojuegos competitivos con una fase física real. Y si uno lo mira desde la cultura gamer, la pregunta no es menor: ¿estamos viendo una nueva categoría de competencia o apenas una curiosidad llamativa? Para Merkley, la respuesta está bastante clara.

Cuando el partido no termina al apagar la pantalla

Jugar bien ya no es suficiente en el competitivo actual. El phygital está obligando a los gamers a combinar habilidad digital, resistencia física y adaptación real para competir de una forma completamente distinta
© World Phygital Community.

La diferencia más importante entre un esport tradicional y una disciplina phygital aparece justo donde muchos jugadores competitivos menos lo esperan: el rendimiento digital ya no es el final de la historia.

Merkley lo explica con un ejemplo muy fácil de entender. En Phygital Football, los atletas compiten primero en un videojuego de fútbol y luego pasan, casi de inmediato, a una cancha real. El resultado conseguido en la fase digital se arrastra a la física. No son dos eventos separados. Es una sola partida dividida en dos lenguajes. Y ahí cambia todo.

Para un jugador que viene del mundo de los esports, ese salto obliga a reconfigurar la preparación mental casi por completo. Ya no se trata solo de precisión, lectura táctica o control de nervios frente a una pantalla. También entra en juego la resistencia, la coordinación bajo presión física y la capacidad de reorganizarse en cuestión de minutos.

Dicho de otra forma: si en un esport tradicional el rendimiento se mide casi exclusivamente en ejecución digital, en phygital aparece una exigencia más salvaje y, para muchos, más interesante. Hay que demostrar que lo que sabes hacer en el juego también puede sostenerse cuando la competencia se vuelve corporal.

No cualquier videojuego sirve para ser “phygital”

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© World Phygital Community.

Una de las partes más interesantes de la conversación con Merkley tiene que ver con algo que muchas veces se pasa por alto desde afuera: elegir el videojuego correcto es casi tan importante como diseñar la disciplina.

Porque no se trata simplemente de agarrar un título popular y ponerlo al lado de una prueba física. Para que una disciplina funcione de verdad, el videojuego tiene que permitir una continuidad competitiva real. Es decir, lo que ocurre en la fase digital debe tener sentido cuando el evento salta al mundo físico. Por eso, según explica, la prioridad siempre está en lograr una transición fluida entre ambas etapas.

Uno de los casos más claros es Phygital Shooter, donde los jugadores compiten en Counter-Strike durante la fase digital y luego pasan a un entorno físico de laser tag. La idea, en palabras simples, es que la experiencia se sienta como si el jugador hubiera “saltado dentro de la pantalla”. Y eso, la verdad, tiene bastante potencia como concepto. Porque deja de sentirse como una mezcla arbitraria y empieza a funcionar como una extensión del propio lenguaje competitivo que los jugadores ya conocen.

Ese criterio también explica por qué no todo deporte o todo videojuego pueden convertirse automáticamente en una disciplina phygital sólida. La clave no está en la novedad. Está en que ambas fases hablen el mismo idioma competitivo.

Lo que el phygital le agrega al ecosistema de los esports

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© World Phygital Community.

Aquí es donde la entrevista se pone más interesante si la leemos desde Kotaku y no desde una nota institucional. Merkley insiste en algo que vale la pena separar del discurso promocional: el phygital no quiere reemplazar a los esports. Lo que busca, según él, es ampliar lo que hoy entendemos por competencia digital. Y en parte, tiene sentido.

Porque si algo mostraron los Games of the Future 2025 en Abu Dhabi es que existe un público curioso por ver formatos que rompan la lógica tradicional del competitivo. El evento reunió a más de 850 participantes de más de 60 países, distribuidos en 11 disciplinas, y acumuló más de 460 millones de visualizaciones globales, además de 59 millones de horas vistas.

Pero más allá del número bruto, lo interesante está en otra parte: el phygital cambia el tipo de historia que puede contar una competición. En un esport clásico, el drama suele estar en la ejecución, la remontada, el clutch, la lectura de mapa, la estrategia. En phygital, a eso se le suma otra capa. El cansancio. La recuperación. El traslado del momentum. El cuerpo como parte del relato competitivo. Y eso genera una figura distinta: no exactamente un pro player clásico, pero tampoco un atleta tradicional. Algo en el medio. O mejor dicho, algo nuevo.

Dota 2 sí estará en Games of the Future 2026, pero con una aclaración importante

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Uno de los puntos que más puede interesarle al público gamer puro es la presencia de títulos grandes dentro de Games of the Future 2026, especialmente Dota 2. Pero aquí Merkley hace una precisión importante: las competiciones MOBA de PC y mobile no forman parte del bloque phygital como disciplina híbrida tradicional, sino que estarán dentro del paraguas esports del evento. Y esa diferencia importa.

Porque demuestra que Games of the Future no funciona únicamente como una vitrina de disciplinas híbridas, sino como un ecosistema más amplio donde conviven formatos phygital y esports más convencionales bajo una misma lógica de espectáculo internacional.

En ese contexto, Dota 2 no está ahí como un adorno. Está ahí como uno de los grandes motores de atracción del evento. De hecho, según Merkley, durante la edición 2025 las disciplinas MOBA representaron una parte muy importante del consumo global, y Dota 2 por sí solo superó los 40 millones de espectadores en todo el mundo entre broadcast y streaming.

Para 2026, además, la apuesta sube bastante: el torneo de MOBA PC tendrá una bolsa total de 1 millón de dólares, con competencia prevista en el Zhaksylyk Ushkempirov Martial Arts Palace de Astana entre el 31 de julio y el 5 de agosto. Eso no convierte a Dota 2 en una disciplina phygital, pero sí lo vuelve una pieza clave para entender el tamaño que quiere tener el evento.

España está construyendo algo que puede importar más de lo que parece

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Si hay una parte de la entrevista que probablemente tenga más peso para Kotaku, es la que conecta el fenómeno con España. Porque más allá del gran escenario internacional, Merkley señala que una de las señales más importantes del crecimiento del phygital está ocurriendo abajo, en el terreno más formativo: universidades, torneos locales y entornos grassroots. Y eso sí puede ser relevante.

En su visión, estos espacios tempranos son esenciales porque permiten que jugadores jóvenes desarrollen habilidades digitales y físicas al mismo tiempo, sin sentir que pertenecen a mundos separados. Ahí no solo se descubren talentos: también se empieza a construir cultura competitiva.

España, según cuenta, es uno de los ejemplos más claros de esa lógica. A través de Phygital Games Spain, más de 200 estudiantes de la Universitat Politècnica de València (UPV) participaron activamente del formato, y poco después la propia universidad presentó equipos en varias disciplinas durante Rivals: Spain.

No es un detalle menor. Porque si esto escala, el phygital podría empezar a ofrecer algo que muchos ecosistemas competitivos todavía no tienen bien resuelto: una ruta de entrada más visible, más tangible y más local para competir.

Entonces, ¿por qué debería importarle esto a un gamer competitivo?

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La mejor respuesta de Merkley llega casi al final de la entrevista, cuando resume qué hace distinto al phygital para alguien que ya viene del gaming competitivo.

La idea, básicamente, es esta: sigues jugando títulos que entiendes, pero de una manera más completa, más exigente y más cercana al deporte real Eso cambia cómo se entrena un equipo. Cambia cómo se distribuyen los roles. Cambia quién sostiene el ritmo en la fase digital y quién responde mejor cuando la presión se traslada a lo físico. Cambia incluso qué significa “ser bueno” en una competencia.

Y ahí es donde el formato se vuelve realmente interesante. No porque vaya a destronar a los esports tradicionales mañana. No lo va a hacer. Pero sí porque plantea una pregunta que, honestamente, vale la pena seguir de cerca: ¿qué pasa cuando competir deja de ser algo que solo ocurre dentro de una pantalla?

En ese cruce incómodo, medio raro y bastante ambicioso, el phygital está intentando construir su lugar. Y si logra encontrarlo, puede que no estemos viendo una simple variante del gaming competitivo, sino el comienzo de otra cosa.

Si quieres leer la entrevista completa con Dan Merkley en formato pregunta y respuesta, puedes hacerlo aquí.

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