Una cena, un hongo y una premisa divisiva
La génesis de lo que hoy es un fenómeno global comenzó con una cena entre Neil Druckmann y Bruce Straley. En aquel momento, ambos directores buscaban fusionar dos conceptos: la relación entre un protector y un personaje vulnerable, y la aterradora biología del hongo Cordyceps. De esa mezcla nació un prototipo titulado «Mankind», una versión del apocalipsis donde la inmunidad de Ellie no era una anomalía biológica, sino una cuestión de género.
En esta versión descartada, la infección no afectaba a toda la humanidad por igual. El virus (o hongo, en este caso) estaba diseñado para atacar exclusivamente a las mujeres, convirtiéndolas en monstruos y dejando a los hombres como los únicos supervivientes «sanos» de la especie. Bajo esta lógica, Ellie seguía siendo la pieza clave por ser la única mujer capaz de resistir los efectos, convirtiendo su viaje al laboratorio en una búsqueda de supervivencia para el futuro de la reproducción humana.
El bofetón de realidad de las empleadas de Naughty Dog
A pesar del entusiasmo inicial de los directores por las posibilidades dramáticas de este mundo, el concepto de Mankind se estrelló de frente contra la cultura interna del estudio. Al presentar la idea al equipo, las empleadas de Naughty Dog no tardaron en señalar lo evidente: la premisa no solo era problemática, sino que resultaba profundamente misógina.
La idea de un mundo donde las mujeres son víctimas pasivas o «recursos» biológicos para ser salvados por hombres no encajaba con los valores de un estudio que siempre ha buscado la complejidad en sus personajes. «La razón por la que fracasó es porque era una idea misógina», admitió Druckmann años después en una entrevista para The Verge. El desarrollador reconoció que la crítica interna fue vital para entender que su premisa inicial era errónea y que restaba fuerza a lo que realmente importaba: el vínculo humano entre los protagonistas.
La evolución hacia el Cordyceps universal
Tras la rectificación, el equipo decidió que la infección debía ser una amenaza existencial para toda la raza humana, sin distinciones. Este cambio no solo eliminó el subtexto polémico, sino que enriqueció el universo del juego:
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Peligro constante: Al ser todos vulnerables, la tensión se volvió universal y el sacrificio de Ellie cobró un peso ético mucho mayor.
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Diversidad de personajes: Permitió la creación de personajes femeninos fuertes y autónomos, como Tess, Marlene o Abby, que no estaban definidas por su vulnerabilidad al virus.
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Foco narrativo: La historia dejó de ser una «misión de rescate de género» para convertirse en una exploración cruda sobre la pérdida, el amor y los límites de la moralidad.
Este episodio sirve como recordatorio de que incluso las obras maestras pasan por fases oscuras y que la escucha activa dentro de un equipo creativo puede ser la diferencia entre un desastre mediático y un clásico atemporal. Hoy, The Last of Us es celebrado por su sensibilidad y profundidad, algo que habría sido imposible si Mankind hubiera visto la luz.