Durante más de veinte años, Steam ha sido sinónimo de jugar en PC. Para millones de usuarios, es la puerta de entrada a casi todo el catálogo moderno de videojuegos; para los estudios independientes, una vidriera global imposible de ignorar. Valve construyó ese dominio con una mezcla de visión temprana, comodidad para el jugador y una infraestructura que ningún competidor ha logrado igualar del todo.
Pero ese mismo dominio es ahora el centro de una batalla legal que amenaza con sacudir los cimientos de la tienda digital más grande del mundo en PC. Una demanda colectiva de enorme alcance ya ha recibido luz verde para avanzar en los tribunales y pone sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿ha abusado Steam de su posición privilegiada en el mercado?
Una demanda colectiva que apunta al corazón de Steam
El caso se está gestando en Reino Unido, donde el Tribunal de Apelación de la Competencia ha autorizado que siga adelante una demanda colectiva valorada en unos 750 millones de euros. La acción legal busca representar a aproximadamente 14 millones de usuarios británicos de Steam, una cifra que da una idea inmediata de la magnitud del proceso.
La demanda ha sido impulsada por la activista de derechos digitales Vicki Shotbolt, quien sostiene que Valve ha vulnerado las leyes de competencia durante años mediante prácticas que limitan la libertad de precios en el mercado digital. Según la acusación, Steam impone cláusulas contractuales que impiden a desarrolladores y editoras vender sus juegos a un precio más bajo en otras plataformas.

En términos simples: si un estudio decide lanzar su juego en Steam, no puede ofrecerlo más barato en tiendas rivales sin exponerse a sanciones o a perder visibilidad. Para los demandantes, esta práctica no solo reduce la competencia entre plataformas, sino que acaba inflando artificialmente el precio final que pagan los jugadores.
Valve, por ahora, no ha visto el caso resuelto, pero el simple hecho de que el tribunal haya permitido que avance ya supone un golpe reputacional considerable. No se trata de una queja aislada, sino de una acusación estructural contra el funcionamiento de Steam.
Precios, ecosistema cerrado y la polémica comisión del 30%
La demanda no se limita a las cláusulas de precios. Otro de los puntos señalados es el funcionamiento cerrado del ecosistema de Steam, especialmente en lo que respecta a contenidos adicionales y expansiones. Según los abogados, los DLC comprados en Steam solo funcionan con versiones del juego adquiridas en la misma tienda, lo que refuerza el “encierro” del usuario dentro de la plataforma.
Este tipo de prácticas son habituales en la industria digital, pero en un contexto de dominio tan marcado, los demandantes consideran que adquieren un peso diferente. El argumento es claro: cuanto más difícil resulta salir del ecosistema, menos opciones reales tiene el consumidor.
A esto se suma uno de los debates más antiguos alrededor de Valve: la comisión del 30% por cada venta realizada en Steam. Aunque la empresa ha introducido tramos más favorables para grandes volúmenes de ventas, la demanda sostiene que este porcentaje sigue siendo excesivo y obliga a muchos desarrolladores a subir precios para mantener márgenes de beneficio.
El proceso cuenta con el respaldo del bufete Milberg London LLP, especializado en litigios contra grandes corporaciones tecnológicas. Desde el despacho recuerdan que no es un caso aislado: han iniciado acciones similares contra empresas como Apple o Sony por el funcionamiento de sus tiendas digitales. En palabras de una de sus socias, las demandas colectivas son una herramienta para equilibrar la balanza cuando el mercado deja de hacerlo.
Valve faces a $900 million lawsuit in the UK over Steam pricing and commissions
The lawsuit claims Valve abused its Steam monopoly to impose "unfair" prices pic.twitter.com/UveQZy8D4k
— Dexerto (@Dexerto) January 27, 2026
Un conflicto que trasciende Reino Unido y puede sentar precedente
El frente legal de Valve no termina en Europa. En Estados Unidos, un grupo de jugadores presentó en 2024 una demanda con argumentos muy similares: contratos restrictivos, falta de competencia real y precios inflados como consecuencia directa del poder de Steam. Ambos casos apuntan al mismo núcleo del problema: qué ocurre cuando una plataforma se vuelve prácticamente imprescindible.
La paradoja es evidente. Valve ha sido clave para democratizar el acceso al videojuego en PC, impulsar el desarrollo independiente y experimentar con hardware como Steam Deck, que ha cambiado la percepción del juego portátil en ordenador. Sin embargo, ese éxito masivo es ahora el principal argumento en su contra.
El proceso legal podría extenderse durante años, pero su desenlace podría marcar un antes y un después para todas las tiendas digitales de PC. Si los tribunales fallan contra Valve, el impacto no se limitará a Steam: afectará a cómo se fijan precios, cómo se estructuran los contratos y cuánta libertad real tienen desarrolladores y jugadores en el ecosistema digital.