A comienzos de abril, el director de Traffic, Magic Mike y Ocean’s 11, Steven Soderbergh, declaró a Filmmaker Magazine que el público puede esperar “mucha IA” en sus próximos proyectos. Entre ellos se incluye un documental sobre la última entrevista de John Lennon. La noticia generó bastante confusión, tanto por lo incómodo que resulta utilizar una tecnología cuestionada para recrear las últimas palabras de una persona fallecida, como porque Soderbergh ha demostrado ser capaz de lanzar múltiples éxitos al año sin perder control creativo. En una conversación posterior con Variety, el cineasta defendió su postura: simplemente funciona de otra manera.
“Solo le temo a lo que no entiendo. Por eso sentí que tenía la obligación de involucrarme”, afirma Soderbergh. “Hay personas a las que admiro y respeto profundamente que se niegan a hacerlo. Ese es su privilegio. Pero yo no soy así. Si me muestran una herramienta nueva, quiero probarla y ver cómo funciona”.
Es cierto que Soderbergh suele adoptar rápidamente nuevas tecnologías en su proceso creativo. Filmó tanto Unsane (2018) como High Flying Bird (2019) con su iPhone. Sin embargo, resulta algo evasivo al explicar por qué algunos de sus colegas están molestos. La controversia en torno a la IA en Hollywood no se limita al talento o al esfuerzo, sino que abarca cuestiones éticas y legales.
Las grandes empresas de IA están dejando atrás su fase de “romper todo” y ahora presionan a gobiernos de todo el mundo para flexibilizar las leyes de derechos de autor a su favor, dado que muchos modelos de lenguaje se entrenan con obras que incluyen material no autorizado. El impulso en favor de la IA, especialmente en el entretenimiento, ha sido descrito por algunos como una campaña de venta engañosa, con videos “virales” que a menudo resultan ser promociones manipuladas. Aun así, la tecnología sigue sin ser rentable. OpenAI, por ejemplo, cerró Sora tras registrar pérdidas de un millón de dólares diarios. Y, más allá del impacto ambiental (que tampoco es menor), conviene informarse antes de asumir sus beneficios.
Además, los resultados suelen ser poco convincentes. En enero, Darren Aronofsky se asoció con Google para desarrollar una miniserie sobre la Revolución estadounidense generada con DeepMind. El proyecto presentaba anacronismos históricos, problemas de coherencia visual habituales en los videos generados por IA y una estética artificial similar a la de ilustraciones comerciales. Soderbergh es, hasta ahora, el director de mayor prestigio que ha adoptado esta tecnología, y reconoce que probablemente se trate de una moda pasajera. Pero es una moda en la que quiere participar.
“Dentro de cinco años, quizá todos digamos: ‘Fue una etapa interesante’”, comenta Soderbergh a Variety. “Puede que terminemos usándola mucho menos de lo que creemos ahora”.
Este artículo ha sido traducido de Kotaku US por Agustín Azcarate. Aquí podrás encontrar la versión original.