En una industria donde cualquier éxito parece destinado a convertirse en franquicia, Studio Ghibli continúa avanzando en dirección contraria. El estudio japonés posee personajes y universos suficientemente populares como para producir nuevas entregas durante años, pero esa posibilidad nunca ha definido su manera de entender la animación. Ahora, Goro Miyazaki ha aclarado hasta qué punto esa filosofía condicionará también el futuro de sus películas más emblemáticas.
El futuro de Studio Ghibli sigue rodeado de misterio
Hablar del futuro de Studio Ghibli implica convivir constantemente con la incertidumbre. Después de El chico y la garza, estrenada originalmente en Japón en 2023, todavía no existe un anuncio definitivo que permita saber cuál será el próximo gran largometraje de la compañía.
La edad de Hayao Miyazaki y la particular estructura creativa del estudio han alimentado durante años preguntas sobre cuál será el rumbo de Ghibli durante las próximas décadas.
Sin embargo, existe algo que parece bastante más claro: el estudio no pretende utilizar su enorme catálogo como una fábrica de continuaciones.
Goro Miyazaki, hijo de Hayao Miyazaki y director de películas como Cuentos de Terramar y La colina de las amapolas, abordó recientemente esta cuestión en declaraciones recogidas por Bloomberg.
Su explicación deja poco espacio para imaginar una estrategia similar a la que domina buena parte del entretenimiento contemporáneo.
Por muy reconocibles que sean sus personajes, Ghibli no parece interesado en convertirlos en protagonistas de secuelas desarrolladas simplemente para aprovechar su popularidad.
Eso afecta incluso a una de las criaturas más reconocibles de toda la historia del estudio.
Ni siquiera Totoro parece suficiente para justificar una secuela
Mi vecino Totoro se estrenó en 1988 y, con el paso de las décadas, su protagonista se transformó prácticamente en el símbolo de Studio Ghibli.
Totoro aparece en el propio logotipo de la compañía, protagoniza una enorme cantidad de productos oficiales y continúa siendo uno de los personajes más reconocibles de la animación japonesa.
En cualquier gran compañía audiovisual, semejante popularidad probablemente habría provocado varias películas adicionales.
Pero no en Ghibli.
Goro Miyazaki ha dejado claro que el estudio no contempla producir algo como Mi vecino Totoro 2. Esto no significa que jamás hayan existido conversaciones alrededor de posibles continuaciones. Según explicó, en determinados momentos incluso se valoraron nuevas historias relacionadas con películas como Ponyo en el acantilado, estrenada en 2008.
La idea, sin embargo, nunca terminó convirtiéndose en la filosofía dominante del estudio.
Una de las razones está relacionada con la propia naturaleza del proceso creativo. Miyazaki describe realizar una película como un trabajo extremadamente laborioso y, en ocasiones, tedioso.
Esa enorme inversión de tiempo y esfuerzo necesita, desde la perspectiva de Ghibli, una razón creativa suficientemente poderosa. Repetir una historia únicamente porque funcionó comercialmente no parece cumplir ese requisito.
Ghibli observa una industria cada vez más parecida a una maquinaria
Las declaraciones de Goro Miyazaki también permiten entender mejor cómo el estudio observa la evolución reciente del entretenimiento japonés.
Actualmente, muchos proyectos nacen dentro de estructuras comerciales donde diferentes industrias trabajan conjuntamente. Una obra puede comenzar como manga, transformarse posteriormente en anime televisivo y finalmente saltar al cine acompañada de campañas promocionales y canciones producidas específicamente para potenciar su alcance.
No existe nada necesariamente negativo en este modelo, que ha permitido construir algunas de las franquicias japonesas más importantes de los últimos años. Sin embargo, Miyazaki considera que se ha convertido en una fórmula extremadamente desarrollada y previsible para reducir los riesgos económicos.
La animación cinematográfica necesita enormes inversiones y encontrar maneras de garantizar público resulta cada vez más importante.
Studio Ghibli, en cambio, históricamente ha seguido otro camino.
Sus películas normalmente nacen de decisiones creativas mucho menos vinculadas con la necesidad de construir universos capaces de generar entregas sucesivas. Incluso cuando adapta material existente, el resultado suele funcionar como una obra independiente.
Para Goro Miyazaki, esa diferencia continúa siendo fundamental: el estudio nunca ha querido organizar su producción siguiendo esa especie de plantilla industrial.
El mayor riesgo de Ghibli también puede ser su mayor fortaleza
La negativa a depender de secuelas tiene consecuencias evidentes. Cada nuevo proyecto debe convencer al público prácticamente desde cero y no puede apoyarse completamente en la seguridad comercial proporcionada por una franquicia conocida.
Pero esa incertidumbre también forma parte de aquello que convirtió a Studio Ghibli en una compañía tan particular.
Películas como El viaje de Chihiro, La princesa Mononoke, El castillo ambulante, Ponyo o Mi vecino Totoro construyeron mundos suficientemente ricos como para continuar durante varias entregas. Sin embargo, generalmente permanecieron como experiencias independientes.
Eso permite que cada nueva producción llegue acompañada por una pregunta mucho más interesante que saber qué personaje conocido regresará: qué historia querrá contar Ghibli esta vez.
Todavía desconocemos cuál será el siguiente gran largometraje del estudio después de El chico y la garza. Tampoco está completamente claro cómo evolucionará la compañía a largo plazo.
Pero las palabras de Goro Miyazaki permiten descartar una posibilidad que, en cualquier otro estudio con semejante catálogo, parecería inevitable.
Totoro seguirá siendo uno de los personajes más queridos de la animación. Solo que, aparentemente, no necesitará una segunda película para continuar siéndolo.