Han pasado casi ocho años desde que Ubisoft lanzó una nueva entrega principal de The Division, y cualquier regreso de la franquicia tenía motivos para despertar ilusión entre sus seguidores. Resurgence prometía precisamente eso: recuperar Nueva York, ampliar la fórmula con elementos de MMO y añadir nuevas actividades y habilidades. El problema es que, al llegar a Steam, muchos jugadores han descubierto que algunas de sus virtudes vienen acompañadas de defectos difíciles de ignorar.
El regreso de The Division que parecía tenerlo todo
The Division Resurgence nació con una idea que, sobre el papel, resultaba difícil de rechazar. Ubisoft quería recuperar una de sus franquicias más reconocibles, devolver la acción a Nueva York y ampliar la experiencia con elementos propios de un MMO.
Después de tantos años sin una nueva entrega principal, la posibilidad de volver a recorrer las calles de la ciudad bajo una fórmula renovada parecía una buena noticia para los seguidores.
Y Resurgence tiene, en efecto, algunas ideas interesantes.
El juego incorpora nuevas actividades de mundo y habilidades, mientras que su estructura busca ofrecer una experiencia mucho más persistente y social. La transformación de The Division en una propuesta con auténticos elementos de MMO podría haber sido precisamente el impulso que necesitaba una franquicia que lleva tiempo esperando una renovación.
El problema es que estas buenas ideas conviven con una decisión que condiciona prácticamente toda la experiencia: Resurgence nació como un juego para móviles.
Durante su etapa inicial ya existían dudas sobre si una propuesta de este tipo podía trasladarse correctamente a una plataforma tradicional. Ahora, con su llegada a Steam, una parte de la comunidad ha podido comprobar que Ubisoft no parece haber realizado una adaptación suficientemente profunda para PC.
En lugar de sentirse como una nueva entrega de The Division diseñada para ordenador, el resultado conserva muchas de las características propias de un videojuego móvil.
Y ahí comienza buena parte del problema.
Steam está dejando claro que algo no funciona
Las reseñas de Steam reflejan actualmente una recepción «Variada», con aproximadamente un 46 % de valoraciones positivas sobre las 1.555 opiniones disponibles.
No es una cifra especialmente alentadora para una franquicia que contaba con una comunidad consolidada y que llevaba años esperando algo nuevo.
Algunas de las críticas más duras apuntan directamente al diseño de la interfaz. Una de las reseñas más destacadas llega incluso a describir los menús como excesivamente complicados, poco intuitivos y diseñados de una manera que dificulta más de lo necesario la experiencia del jugador.
Y esta crítica aparece relacionada con una cuestión más profunda.
Para muchos usuarios, Resurgence no transmite la sensación de estar jugando a una versión de The Division específicamente desarrollada para PC. La interfaz, los sistemas de progresión y diferentes elementos de la experiencia conservan una estructura claramente vinculada a su origen móvil.
En un teléfono, determinadas decisiones de diseño pueden tener sentido. En un ordenador con teclado y ratón o con mando, esas mismas decisiones pueden resultar mucho más difíciles de justificar.
El problema no termina ahí.
Las microtransacciones y el sistema de progresión también generan rechazo entre parte de la comunidad. El jugador puede encontrar una experiencia divertida durante las primeras horas, pero existe la sensación de que el juego está diseñado alrededor de una progresión limitada que intenta empujar hacia determinados elementos adicionales.
Para los seguidores de The Division, la comparación con los juegos anteriores resulta inevitable.
Y no juega precisamente a favor de Resurgence.
Buenas ideas, pero pocas razones para quedarse
Uno de los aspectos más curiosos de la recepción es que incluso algunos jugadores críticos reconocen que el juego tiene elementos interesantes.
Las nuevas actividades, habilidades y la estructura MMO ofrecen posibilidades que podrían haber servido como base para una evolución muy atractiva de la franquicia.
El problema es que esas ideas no parecen suficientes para mantener el interés a largo plazo.
Resurgence puede funcionar como una experiencia casual. Puede resultar entretenido durante unas partidas, especialmente para alguien que tenga ganas de regresar a Nueva York y comprobar qué ha cambiado. Pero una vez superada esa curiosidad inicial, aparece una pregunta difícil de responder: ¿por qué seguir jugando?
The Division y The Division 2 siguen existiendo.
Ambos ofrecen una experiencia mucho más cercana a lo que los seguidores esperan de la franquicia y cuentan con años de contenido, equipamiento, actividades y sistemas de progresión. Resurgence necesita justificar su existencia frente a esos dos títulos y, por ahora, no parece estar encontrando una respuesta convincente.
Los datos de jugadores tampoco ayudan.
Según las cifras registradas por SteamDB, el juego no ha conseguido superar los 5.000 jugadores simultáneos en sus picos de actividad en Steam. Para una franquicia con una base de aficionados tan reconocible, el dato resulta especialmente significativo.
La sensación general que dejan las críticas es, por tanto, bastante particular: Resurgence no parece un desastre absoluto porque tiene buenas ideas y puede ofrecer diversión durante un tiempo. El problema es que esas virtudes quedan enterradas bajo una experiencia que muchos jugadores consideran demasiado condicionada por su origen móvil.
Y eso es precisamente lo que hace que el recibimiento sea tan frustrante.
Ubisoft tenía entre manos una oportunidad interesante para revitalizar The Division después de tantos años. Tenía Nueva York, una estructura MMO, nuevas actividades y una franquicia con una comunidad ya construida.
Pero al trasladar la experiencia a Steam sin transformarla lo suficiente, muchos jugadores sienten que han recibido un juego móvil con controles de PC en lugar de una nueva experiencia de The Division pensada desde cero para ordenador.
Quizá esa sea la mayor oportunidad perdida de Resurgence.
Porque las buenas ideas están ahí.
Lo que todavía no está claro es si son suficientes para convencer a los jugadores de quedarse.