Durante años se anunció la muerte del formato físico en los videojuegos. Descargas inmediatas, bibliotecas digitales infinitas y la comodidad de un clic parecían haber sentenciado a las cajas, los discos y los cartuchos. Sin embargo, cada tanto aparece un proyecto que desafía esa lógica y recuerda por qué el objeto sigue importando. Esta vez, el protagonista no es una superproducción ni una saga histórica, sino un juego de terror independiente que abraza sin pudor la estética de los años 80 y la transforma en su mayor fortaleza.
Su nombre ya anticipa incomodidad. Su estilo visual remite a viñetas impresas, colores saturados y monstruos imposibles. Y ahora, cuando muchos pensaban que su recorrido se limitaría al terreno digital, da un paso más y se prepara para llegar a las estanterías físicas con una propuesta que va más allá del simple disco o cartucho.
Un viaje al horror isométrico con aroma a cómic y pesadilla ochentera
I Hate This Place no es un juego de terror convencional. Desde su perspectiva isométrica hasta su dirección artística inspirada en el cómic, todo está diseñado para generar una sensación constante de amenaza y extrañeza. Monstruos deformes, realidades que se quiebran y un mundo que parece no seguir reglas claras conforman una experiencia que bebe directamente del horror de los años 80, tanto en tono como en estética.
El proyecto nace del trabajo del estudio polaco Rock Square Thunder y toma como base una serie de cómics homónima que fue nominada a los premios Eisner, creada por Kyle Starks y Artyom Topilin. Esa herencia se nota en cada escena: el juego no busca el realismo, sino el impacto visual y narrativo, como si cada pantalla fuera una viñeta maldita.
En términos jugables, la propuesta combina supervivencia, exploración e ingenio. No se trata solo de enfrentarse a criaturas grotescas, sino de entender el entorno, gestionar recursos y tomar decisiones bajo presión. Es un terror que avanza despacio, que se cocina a fuego lento y que apuesta más por la tensión que por el sobresalto inmediato.
Una edición física pensada para quienes aún creen en el objeto
El anuncio de su edición física confirma que todavía hay editoras dispuestas a apostar por algo más que el archivo descargable. En este caso, la responsable es Meridiem Games, que vuelve a posicionarse como una de las compañías que más cuida este tipo de lanzamientos. La edición física de I Hate This Place llegará el 9 de abril a PlayStation 5 y Nintendo Switch, y no lo hará de forma discreta.
Lejos de limitarse al soporte, la edición incluirá una funda especial, una carta secreta de Elena —la protagonista del juego— y un libro de arte que profundiza en su perturbador universo visual. Son detalles que no cambian la jugabilidad, pero sí la experiencia emocional y el vínculo con la obra.
En un contexto donde lo digital domina por comodidad, estas ediciones funcionan como una declaración de principios. No solo apelan al coleccionismo, sino también a la idea de que algunos juegos se disfrutan mejor cuando se pueden tocar, abrir y revisitar fuera de la pantalla. I Hate This Place parece entenderlo a la perfección.