Hay videojuegos que impresionan por sus gráficos, otros por su historia y unos pocos por sus mecánicas. Pero existe una categoría mucho más rara: los juegos capaces de provocar carcajadas reales. No una sonrisa ocasional ni un momento simpático, sino esa risa incontrolable que obliga a soltar el mando para recuperar el aire. Y después de mucho tiempo sin vivir algo así, uno de los próximos lanzamientos de Devolver Digital ha conseguido exactamente eso.
Devolver Digital sigue demostrando que el humor puede ser una de las armas más potentes del videojuego
El humor nunca ha sido un recurso especialmente explotado dentro de la industria del videojuego. Existen excepciones memorables, claro, pero pocas producciones consiguen convertir la comedia en el núcleo de la experiencia sin quedarse únicamente en bromas superficiales o referencias pasajeras.
Precisamente por eso estudios y editoras como Devolver Digital han terminado construyendo una identidad tan reconocible. Sus juegos suelen moverse entre lo extraño, lo incómodo y lo completamente absurdo, pero casi siempre encuentran una forma de sorprender. Y eso fue exactamente lo que ocurrió durante un reciente evento celebrado en París, donde varios medios pudieron probar algunos de los próximos títulos de la compañía.
El ambiente no podía ser más apropiado: una pequeña taberna, mandos repartidos entre mesas y una selección de videojuegos que parecía diseñada para demostrar que todavía hay espacio para ideas completamente imprevisibles dentro del sector.
Durante la presentación pudimos probar tres propuestas muy distintas entre sí: Shroom & Gloom, Dark Scrolls y Heave Ho 2. Todos dejaron buenas sensaciones, aunque uno de ellos terminó robándose completamente la atención por una razón muy concreta: consiguió que una sala llena de periodistas acabara llorando de risa.
Y no es una exageración.
Un roguelike de mazmorras y cartas que convierte hasta la comida en parte del combate
El primero en pasar por las manos de los asistentes fue Shroom & Gloom, una mezcla bastante peculiar entre dungeon crawler, roguelike y construcción de mazos. Sobre el papel ya sonaba interesante, pero lo realmente llamativo aparece en cuanto empieza la partida.
Su dirección artística tiene una personalidad enorme. Todo parece construido como si fueran ilustraciones recortadas y ensambladas dentro de escenarios tridimensionales. El resultado recuerda a una especie de cuento oscuro interactivo, con criaturas grotescas y entornos que mezclan lo adorable con lo inquietante.
Pero lo más interesante aparece en sus mecánicas. Aquí prácticamente cualquier acción depende de las cartas que tengamos disponibles. Abrir una puerta, forzar un cofre o enfrentarse a determinados obstáculos requiere utilizar cartas específicas, y no siempre tendremos la adecuada.
Eso provoca decisiones constantes. ¿Gastamos recursos importantes para avanzar de forma segura o asumimos daño a cambio de seguir explorando? Incluso la gestión de la salud tiene más profundidad de lo habitual. Algunos enemigos pueden terminar convertidos en recursos comestibles tras ciertos ataques, permitiendo recuperar vida en mitad de la expedición.
La demo dejaba claro que no será un roguelike sencillo. Los enemigos castigan muchísimo, las sinergias entre cartas resultan fundamentales y cada nueva sala parece esconder algún riesgo inesperado. De esos juegos que terminan atrapándote casi sin darte cuenta mientras dices “una partida más”.
Dark Scrolls mezcla plataformas, bullet hell y cooperativo de una forma sorprendentemente adictiva
El segundo título fue Dark Scrolls, y probablemente sea el más difícil de describir de los tres. A simple vista parece un plataformas de acción en 2D con estética pixel art, pero en movimiento es mucho más caótico.
La estructura recuerda constantemente a los clásicos arcades de naves. La pantalla avanza de manera automática mientras los jugadores intentan sobrevivir a oleadas de enemigos y proyectiles que llenan el escenario. Hay momentos que parecen directamente sacados de un bullet hell.
La gracia está en cómo combina eso con cooperación y plataformas tradicionales. Cada personaje posee habilidades totalmente distintas: algunos tienen doble salto, otros pueden levitar y varios cuentan con ataques únicos que alteran por completo la estrategia.
Además, los jugadores tienen colisiones físicas entre ellos. No existe fuego amigo, pero sí puedes empujar accidentalmente a tu compañero, usarlo como trampolín o arruinarle un salto en el peor momento posible. Y, naturalmente, eso termina generando situaciones absurdamente divertidas.
Lo interesante es que Dark Scrolls esconde bastante más profundidad de la que aparenta al principio. Hay rutas alternativas, progresión roguelite, secretos y combinaciones entre personajes que parecen pensadas para alimentar el caos cooperativo.
Heave Ho 2 convierte el desastre absoluto en una de las experiencias más divertidas del año
Pero el auténtico protagonista del evento terminó siendo Heave Ho 2.
El concepto parece ridículamente simple: cada jugador controla una pequeña criatura redonda con dos brazos, y todo el movimiento depende de agarrarse al escenario o a los compañeros usando los gatillos del mando.
Suena sencillo. Hasta que empieza la partida.
En cuestión de segundos, todo se convierte en un caos físico donde coordinar movimientos básicos resulta muchísimo más complicado de lo esperado. Para avanzar hay que formar cadenas humanas, balancearse sobre precipicios, sujetar a compañeros que están a punto de caer y resolver situaciones cada vez más absurdas.
Y ahí es donde aparece la magia del juego.
Cada error genera una reacción en cadena completamente imprevisible. Un jugador suelta el brazo equivocado, otro entra en pánico, alguien activa accidentalmente una ventosidad explosiva y, de repente, los cuatro participantes terminan cayendo al vacío mientras gritan y se ríen sin control.
Lo brillante es que Heave Ho 2 entiende perfectamente que el fracaso forma parte de la diversión. No intenta castigar al jugador constantemente, sino convertir cada desastre en un momento memorable.
Además, los niveles cambian continuamente las reglas. Un momento estás atravesando plataformas imposibles y al siguiente debes cocinar una hamburguesa, pilotar una nave o resolver pequeños puzles cooperativos usando físicas absurdas.
La sensación final es la de estar ante uno de esos party games raros que funcionan incluso mejor cuando todo sale mal. Y si mantiene este nivel de creatividad en su versión completa, Devolver Digital podría tener entre manos uno de los multijugadores más divertidos del año.
[Fuente 3djuegos]