1. Sam y Suzy (Jared Gilman y Kara Hayward) en Reino de la salida de la luna (2012)

Puede resultar difícil aceptar que Wes Anderson, un cineasta conocido por sus adultos intrincadamente dañados (hombres agobiados por el amor perdido, padres ahogados en el arrepentimiento), haya creado sus personajes más conmovedores en dos niños de 12 años que se escapan de casa con un gato, una maleta y un tocadiscos. Pero es cierto. Sam y Suzy (Jared Gilman y Kara Hayward) en Reino de la salida de la luna No son solo niños jugando a las casitas; son dos almas que, a pesar de su edad, se entienden de una manera que los adultos que los rodean nunca podrían.
Sam, un huérfano y paria entre sus compañeros, es pragmático y ferozmente leal, mientras que Suzy, con su mirada penetrante y sus libros robados de la biblioteca, lleva la furia silenciosa de alguien que se siente fundamentalmente invisible. Juntos, crean un mundo propio, un refugio secreto en una isla donde pueden existir sin ser juzgados. Pero lo que los convierte en los mejores personajes de Anderson no es solo su aventura rebelde, es la seriedad de su amor, la forma en que abordan la vida con la sinceridad que solo los niños pueden tener.
En un mundo de adultos emocionalmente atrofiados, Sam y Suzy son los únicos lo suficientemente valientes para exigir algo más: una vida donde sean comprendidos, donde pertenezcan. Y eso es lo que hace que su historia, a pesar de su capricho pastel, sea la más profundamente humana que Anderson haya contado jamás.