Para quienes crecieron durante los años 90, probablemente resulte familiar: escenarios extremadamente coloridos, canciones pegadizas, personajes disfrazados y una criatura exageradamente amigable hablando directamente con un grupo de niños.

Ahora imagina descubrir que detrás de todo aquello había algo profundamente perturbador.

Esa es la idea alrededor de la que gira ‘Buddy’, una nueva película de terror que se estrena este 28 de agosto en los cines de Estados Unidos y cuya llegada a España está programada para el próximo 16 de noviembre.

En el centro de la historia aparece It’s Buddy!, un ficticio programa infantil de los años 90 que recuerda inevitablemente a fenómenos televisivos como Barney y sus amigos. Lo que inicialmente parece representar esa televisión inocente y excesivamente optimista de otra época termina escondiendo un oscuro secreto.

La propuesta podría parecer simplemente otra reinterpretación terrorífica de un personaje infantil. Sin embargo, sus primeras críticas sugieren que Buddy podría haber conseguido algo que muchas películas similares no lograron.

Buddy está consiguiendo destacar donde otros intentos fracasaron

Convertir personajes asociados con la infancia en monstruos no es precisamente una idea nueva.

Durante los últimos años, el cine de terror ha explotado cada vez más el contraste entre la nostalgia infantil y la violencia adulta, especialmente utilizando versiones deformadas o paródicas de personajes reconocibles.

El problema es que el concepto por sí solo pocas veces ha sido suficiente.

Muchas de estas producciones han terminado dependiendo principalmente del impacto de ver una figura aparentemente inocente convertida en asesino, sin desarrollar demasiado la idea una vez desaparece la sorpresa inicial.

Buddy parece buscar otra dirección.

La película se presentó previamente en el Festival de Cine de Sundance, donde comenzó a generar atención, y actualmente cuenta con un 87 % de aprobación en Rotten Tomatoes, una recepción especialmente positiva para una propuesta de terror de estas características.

En lugar de transformar directamente a un personaje existente, la película construye su propio programa ficticio y utiliza recuerdos colectivos de la televisión infantil de los 90 para generar incomodidad.

It’s Buddy! tiene la apariencia de algo que perfectamente podría haber existido.

Y esa familiaridad parece ser precisamente parte del problema.

Su director realmente sabe cómo funcionaban los programas infantiles

Existe además una razón bastante particular por la que la recreación de ese universo televisivo podría sentirse tan reconocible.

Casper Kelly, director y guionista de Buddy, trabajó anteriormente dentro de la industria de la animación y conoce desde dentro el tipo de entretenimiento que ahora está utilizando como material para una película de terror.

Durante los primeros años de su carrera participó como guionista en producciones como ‘CatDog’, de Nickelodeon, además de trabajar con propiedades tan conocidas como Looney Tunes y Scooby-Doo.

Kelly no está intentando simplemente imaginar cómo era un programa infantil de aquella época. Tiene experiencia escribiendo precisamente para el tipo de televisión que Buddy pretende reconstruir y posteriormente transformar.

Eso permite jugar con elementos extremadamente reconocibles: decorados artificiales, personajes exageradamente alegres, colores intensos y esa particular forma en la que muchos programas hablaban directamente a los niños.

Solo que esta vez el objetivo no es tranquilizarlos.

La experiencia de Kelly también puede ayudar a explicar por qué la película busca ir más allá de colocar un disfraz infantil dentro de una historia convencional de asesinatos.

La nostalgia forma parte del terror.

Un reparto inesperadamente potente para una historia muy extraña

La película también cuenta con un reparto considerablemente llamativo.

Entre sus protagonistas aparecen Cristin Milioti, Delaney Quinn, Topher Grace, Keegan-Michael Key y Michael Shannon, reuniendo actores asociados con proyectos muy diferentes alrededor de una propuesta deliberadamente extraña.

Su sinopsis oficial, curiosamente, revela muy poco sobre lo que realmente ocurre:

“Un grupo de niños se enfrenta a sucesos espeluznantes que ponen a prueba su valor y su amistad”.

No explica cuál es exactamente el secreto de It’s Buddy!, qué relación tiene el programa con los acontecimientos que enfrentan los protagonistas ni hasta dónde llegará la película con su componente sobrenatural.

Y probablemente sea mejor descubrirlo directamente.

Lo que sí está claro es que Buddy llega en un momento particularmente interesante para este tipo de historias. Los años 80 llevan mucho tiempo dominando la nostalgia dentro del entretenimiento, pero la cultura de los 90 comienza a ocupar progresivamente ese mismo espacio.

Los niños que crecieron viendo este tipo de programas son ahora adultos, convirtiendo aquellas imágenes aparentemente inocentes en material perfecto para una película que quiera alterar sus recuerdos.

Buddy parece entender precisamente eso.

No necesita utilizar realmente a Barney ni convertir directamente un personaje conocido en un monstruo. Solo necesita construir algo suficientemente parecido como para activar el recuerdo.

Después, puede empezar a destruirlo.

Con su buena recepción inicial en Sundance y ese 87 % de aprobación, Buddy podría convertirse en una de las sorpresas del terror de 2026. Y también en una prueba bastante efectiva de que no hace falta arruinar literalmente un personaje de nuestra infancia para conseguir que volvamos a tenerle miedo.

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