La histórica adquisición de Electronic Arts no solo supone uno de los mayores movimientos financieros que ha vivido la industria del videojuego, sino que también abre la puerta a importantes cambios internos. A medida que se conocen nuevos detalles sobre el coste de la operación, empiezan a surgir dudas sobre cómo afectará a la plantilla, el futuro de sus estudios y la estrategia que seguirá la compañía bajo su nueva estructura empresarial.

La deuda de la operación obligará a Electronic Arts a reducir costes

Tras hacerse oficial la compra de Electronic Arts por un consorcio integrado por el Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudí (PIF), Silver Lake Partners y Affinity Partners, comienzan a conocerse las implicaciones económicas de una operación valorada en decenas de miles de millones de dólares.

El periodista Jason Schreier, de Bloomberg, reveló que la compañía tendrá que hacer frente a pagos anuales por intereses cercanos a los 1.800 millones de dólares, una cifra especialmente elevada si se compara con el rendimiento operativo actual de la empresa.

Según explica Schreier, el EBITDA de Electronic Arts (el indicador que mide los beneficios antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones) ronda actualmente los 1.500 millones de dólares. En la práctica, esto significa que los beneficios operativos apenas serían suficientes para cubrir el coste financiero derivado de la adquisición.

Ante este escenario, Electronic Arts ya ha comunicado a sus inversores que pondrá en marcha un plan para reducir 700 millones de dólares en gastos anuales, una medida destinada a equilibrar sus cuentas durante los próximos ejercicios.

Los despidos vuelven a aparecer en el horizonte de Electronic Arts

Dentro del plan de ahorro presentado por la compañía, 170 millones de dólares estarán destinados a lo que EA denomina «eficiencias organizativas». Aunque el comunicado utiliza un lenguaje corporativo, Jason Schreier interpreta que esta expresión hace referencia, principalmente, a una nueva ronda de despidos.

La posibilidad no resulta especialmente sorprendente si se tiene en cuenta el historial reciente de Electronic Arts. Durante los últimos años, la empresa ha llevado a cabo varios procesos de reestructuración que han afectado a numerosos equipos de desarrollo.

En 2025, Reuters informó del despido de entre 300 y 400 empleados, incluyendo alrededor de un centenar de trabajadores de Respawn Entertainment, estudio responsable de franquicias como Apex Legends y Star Wars Jedi. Aquella reestructuración también terminó con la cancelación de un nuevo proyecto perteneciente a la saga Titanfall.

Los ajustes continuaron en 2026. En marzo de ese año, Electronic Arts confirmó nuevos recortes en varios de los estudios implicados en el desarrollo de Battlefield 6, entre ellos Criterion, DICE, Motive y Ripple Effect.

Con este contexto, el nuevo plan de reducción de costes alimenta la preocupación de empleados y analistas, que temen que la adquisición pueda traducirse en una nueva oleada de despidos para aliviar la carga financiera de la operación.

La influencia saudí vuelve a situarse en el centro del debate

La compra de Electronic Arts también forma parte de una estrategia mucho más amplia impulsada por el Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudí, organismo controlado por el príncipe heredero Mohammed bin Salman.

En los últimos años, el PIF ha incrementado de forma constante su presencia en la industria del videojuego mediante inversiones en compañías como Take-Two Interactive y SNK, además de otras participaciones repartidas por el sector. El objetivo oficial consiste en diversificar la economía saudí y reducir su dependencia de los ingresos procedentes del petróleo, apostando por industrias con un fuerte potencial de crecimiento internacional.

No obstante, estas inversiones continúan generando un intenso debate. Diversas organizaciones de derechos humanos cuestionan la creciente presencia del fondo saudí en el entretenimiento debido al historial del país en esta materia.

Entre las críticas más habituales figuran las acusaciones relacionadas con el asesinato del periodista Jamal Khashoggi, atribuido por distintos organismos internacionales a las más altas esferas del Gobierno saudí, así como las denuncias sobre la represión de activistas por los derechos de las mujeres y del colectivo LGBTQI+, cuestiones señaladas en repetidos informes de Amnistía Internacional.

Mientras la adquisición avanza y Electronic Arts comienza una nueva etapa bajo sus nuevos propietarios, la atención de la industria estará puesta en cómo afectarán estas medidas tanto a los trabajadores como al desarrollo de algunas de las franquicias más importantes del mercado.

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