En octubre de 2024, poco después de que Starfield llegara a las tiendas, la noticia de la jubilación de Pete Hines sacudió a la industria. Durante 24 años, Hines no solo dirigió el marketing y la comunicación de Bethesda, sino que se convirtió en el escudo humano del estudio ante las críticas de los fans. Sin embargo, lo que entonces se vendió como una retirada tranquila para «disfrutar de la vida», ha resultado ser una salida forzosa motivada por el choque frontal con la nueva dirección bajo el paraguas de Microsoft.
Este 11 de abril de 2026, a través de una reveladora newsletter en Firezide, Hines ha decidido hablar sin tapujos. Sus declaraciones no solo aclaran por qué abandonó el barco justo cuando la adquisición de 7.500 millones de dólares se asentaba, sino que lanzan una crítica feroz a la forma en que los de Redmond han manejado el legado de una de las editoras más eficientes y exitosas de la historia de los videojuegos.
El desmantelamiento de una identidad
Hines explica que su permanencia inicial en el puesto tras la compra fue un acto de lealtad hacia sus compañeros. «Me quedé porque todavía me necesitaban», confiesa el exdirectivo. No obstante, esa necesidad chocó pronto con la impotencia. Según su relato, llegó un punto en el que se sintió incapaz de dirigir la compañía de forma adecuada para proteger a las personas y mantener la cultura de trabajo que les había costado décadas construir.
La parte más dura de su testimonio llega cuando describe el estado actual de Bethesda dentro del ecosistema de Xbox. Hines asegura que la empresa está siendo «dañada, desmantelada y maltratada». Para un hombre que vio crecer a la editora desde sus años más humildes hasta convertirse en un gigante global, ver cómo la gestión de Microsoft erosionaba la eficiencia del estudio fue la gota que colmó el vaso. «No voy a quedarme aquí sentado viendo cómo ocurre esto delante de mí», sentencia con amargura.
El conflicto de las exclusividades: de Starfield a PS5
Uno de los puntos de mayor fricción que menciona Hines —y que ya se había filtrado en correos internos durante el juicio de la FTC— fue la incoherencia en la política de exclusividades de Microsoft. Hines no ocultó su frustración al ver cómo se permitía que Call of Duty siguiera siendo multiplataforma tras la compra de Activision, mientras que títulos como Starfield, Indiana Jones y el Gran Círculo o el futuro The Elder Scrolls VI eran sentenciados a la exclusividad de Xbox.
Curiosamente, el tiempo parece haberle dado la razón de forma irónica. Hoy, en pleno 2026, la estrategia de Microsoft ha dado un giro de 180 grados: la marca Xbox ha abandonado prácticamente el concepto de exclusivo total y, de hecho, Starfield acaba de aterrizar en PlayStation 5 para intentar recuperar el terreno perdido. Sin embargo, para Hines, este cambio de rumbo llega tarde y después de haber sacrificado la esencia de lo que hacía especial a Bethesda.
A pesar de la tormenta interna, el estudio sigue intentando pulir su ambicioso RPG espacial con actualizaciones constantes, pero las palabras de su antiguo mentor dejan una pregunta en el aire: ¿volverá Bethesda a ser ese estudio «increíblemente eficiente» o se ha convertido definitivamente en un engranaje más de una maquinaria corporativa que no termina de entender su ADN?