En los últimos años, el cine argentino encontró nuevas maneras de contar historias íntimas mezclándolas con elementos fantásticos, emocionales y profundamente humanos. Pero pocas propuestas lograron generar tanta curiosidad como Risa y la cabina del viento.
La película dirigida por Juan Cabral apuesta por una combinación poco habitual: duelo, fantasía sobrenatural y paisajes extremos del sur argentino para construir una historia que gira alrededor de una pregunta simple pero devastadora.
¿Qué haría alguien si pudiera hablar una última vez con la persona que perdió?
Ese es el corazón emocional de Risa y la cabina del viento, una producción que llegará a Netflix en junio de 2026 y que ya empezó a llamar la atención tanto por su premisa como por su elenco.
La historia sigue a Risa, una niña atravesada por la muerte de su padre que descubre algo imposible en medio de Ushuaia: un viejo teléfono público abandonado capaz de conectar a los vivos con los muertos.
Pero hay una condición.
Para lograr hablar nuevamente con su padre, la protagonista debe ayudar primero a distintos espíritus a resolver asuntos pendientes que todavía los mantienen atados al mundo de los vivos.
Y ahí comienza un viaje mucho más emocional y extraño de lo que parece.
Una historia fantástica ambientada en uno de los lugares más australes del mundo
Gran parte de la identidad de la película nace de su escenario. Filmada en Ushuaia y distintas zonas de Tierra del Fuego, la producción utiliza los paisajes helados, el viento constante y la sensación de aislamiento para construir una atmósfera casi mágica.
Lejos de apostar por grandes efectos visuales o fantasía espectacular, la película parece enfocarse en algo mucho más íntimo y melancólico. El teléfono abandonado funciona como una especie de puente emocional entre quienes todavía siguen vivos y quienes quedaron atrapados por asuntos sin resolver.
A medida que Risa comienza a ayudar a distintos espíritus, la historia también explora temas relacionados con el duelo, la pérdida y la necesidad humana de cerrar heridas emocionales antes de poder seguir adelante.
La protagonista está interpretada por Elena Romero, mientras que el reparto incluye a Diego Peretti y Joaquin Furriel en roles centrales.
Uno de los detalles que más curiosidad generó alrededor del proyecto es la participación de Cazzu, quien realiza aquí su debut actoral. La cantante se suma a una producción que parece buscar un tono mucho más sensible y contemplativo que el habitual dentro del cine fantástico latinoamericano.

Una película argentina que mezcla fantasía y emoción sin perder identidad local
Otro de los aspectos más destacados de Risa y la cabina del viento es cómo utiliza elementos profundamente argentinos sin dejar de construir una historia universal.
La presencia del paisaje fueguino, las pequeñas comunidades del sur y la sensación permanente de distancia ayudan a reforzar la idea de una protagonista aislada emocionalmente después de la muerte de su padre.
La música también juega un papel importante dentro de la película. La banda sonora incluye composiciones de Babasónicos, aportando un tono melancólico y atmosférico que encaja perfectamente con el enfoque emocional de la historia.
Antes de su llegada al streaming, la producción ya había conseguido reconocimiento dentro del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, donde empezó a destacarse como una de las propuestas argentinas más originales y sensibles de los últimos tiempos.
Más allá de su componente sobrenatural, la película parece interesada en hablar sobre algo mucho más cotidiano y humano: el deseo imposible de volver a escuchar una voz perdida una última vez.
Y quizás justamente por eso está empezando a generar tanta expectativa.