La inteligencia artificial generativa se ha convertido en uno de los debates más tensos de la industria del videojuego. Estudios que la utilizan para crear voces, imágenes, música o diálogos suelen enfrentarse a críticas inmediatas, especialmente cuando su presencia no fue comunicada previamente a los jugadores.
Sin embargo, mientras esa resistencia continúa siendo muy visible en redes sociales y comunidades online, una nueva encuesta sugiere que la percepción general podría estar cambiando lentamente.
La consultora Bain & Company publicó su informe anual sobre la industria y preguntó a los jugadores cómo había evolucionado su nivel de comodidad respecto al uso de inteligencia artificial en videojuegos.
Los resultados muestran una tendencia interesante: el 42% asegura sentirse ahora más cómodo con la tecnología que anteriormente, aunque eso no significa necesariamente que todos ellos estén a favor de su utilización.
Y existe una enorme diferencia dependiendo de la edad.
Los jugadores jóvenes son quienes más están normalizando la inteligencia artificial
Según los resultados, un 14% de los participantes afirmó sentirse significativamente más cómodo con el uso de IA dentro de la industria, mientras otro 28% indicó estar algo más cómodo. El grupo más grande, un 44%, aseguró que su posición prácticamente no había cambiado.
En el extremo contrario, un 8% señaló sentirse algo menos cómodo y solamente un 6% dijo que su percepción había empeorado significativamente.
La diferencia generacional resulta todavía más llamativa. Entre los adolescentes, el 23% aseguró sentirse significativamente más cómodo con la IA, convirtiéndolos en el grupo donde mayor aceptación parece estar ganando la tecnología.
Los jugadores de mayor edad mostraron prácticamente el comportamiento contrario. En ese segmento, un 15% afirmó sentirse significativamente menos cómodo y otro 10% indicó que su aceptación había disminuido parcialmente.
Hay, sin embargo, un matiz fundamental para interpretar correctamente las cifras. La encuesta mide cómo cambió la comodidad de los participantes, no si actualmente apoyan o rechazan el uso de IA generativa.
Una persona que anteriormente estuviera completamente en contra y ahora mantuviera una postura negativa ligeramente más moderada podría aparecer dentro del grupo que se siente “más cómodo”. Por eso, los resultados no permiten concluir que el 42% de los jugadores apoye directamente su utilización.
Y las polémicas recientes demuestran que la resistencia continúa existiendo.
La aceptación aumenta mientras las polémicas por IA continúan
El uso de inteligencia artificial sigue provocando fuertes reacciones cuando los jugadores consideran que reemplaza trabajo creativo humano o cuando las compañías no informan claramente sobre su utilización.
Casos recientes han afectado a diferentes áreas de producción, desde generación de voces hasta música y otros contenidos audiovisuales. Rideshare Stimulator, por ejemplo, quedó envuelto en una controversia después de conocerse el uso de herramientas generativas durante su desarrollo y las acusaciones realizadas por una exempleada.
Otros proyectos también han recibido críticas por contenido generado mediante estas tecnologías. La discusión ha alcanzado videojuegos como Fortnite, mientras que producciones relacionadas con Stellar Blade y Clair Obscur: Expedition 33 también quedaron involucradas en debates sobre los límites de su utilización.
Todo esto crea una situación aparentemente contradictoria. La IA continúa generando algunas de las mayores polémicas de la industria, pero una parte considerable del público parece estar acostumbrándose progresivamente a encontrarla dentro de los videojuegos.
El informe de Bain también encontró otra tendencia que podría ser igual de importante para entender hacia dónde se dirige el mercado: la mayoría de los jugadores no está buscando experiencias completamente diferentes a las que ya conoce.
Al preguntar qué querían jugar durante los próximos 12 meses, aproximadamente dos tercios mostraron preferencia por mantenerse cerca de sus hábitos actuales. Un 33% quiere juegos similares a los que ya disfruta, un 19% busca nuevas entregas de franquicias conocidas y otro 13% pretende concentrarse principalmente en títulos que ya juega.
Solo el 21% aseguró querer probar algo diferente, mientras un 14% todavía no sabe qué buscará.
Los jugadores quieren más de lo conocido, pero las nuevas franquicias siguen funcionando
Los resultados podrían parecer malas noticias para los estudios que intentan lanzar propiedades intelectuales completamente nuevas. Si una mayoría prefiere experiencias conocidas, continuar una franquicia establecida puede parecer considerablemente menos arriesgado que intentar construir otra desde cero.
Sin embargo, el comportamiento real del mercado introduce una contradicción interesante.
Los videojuegos originales continúan encontrando audiencias enormes cuando consiguen destacar. Meccha Chameleon, por ejemplo, se convirtió en uno de los grandes éxitos comerciales del año sin depender de una franquicia previamente establecida.
Algo parecido ocurrió recientemente con títulos como Peak, Arc Raiders y Split Fiction, demostrando que todavía existe espacio para nuevas propiedades cuando encuentran una propuesta capaz de conectar con los jugadores.
Eso no elimina el enorme peso comercial de géneros establecidos. Shooters y videojuegos deportivos continúan ocupando regularmente posiciones privilegiadas entre los títulos más vendidos, mientras las secuelas ofrecen a las compañías una audiencia inicial considerablemente más predecible.
El informe de Bain dibuja así una industria atravesada por dos aparentes contradicciones. Los jugadores dicen querer experiencias conocidas, pero siguen convirtiendo nuevas ideas en éxitos. Y la inteligencia artificial continúa provocando polémicas mientras una parte cada vez mayor del público parece acostumbrarse a convivir con ella.
La pregunta para los próximos años quizá ya no sea simplemente si los videojuegos utilizarán IA, sino hasta dónde estarán dispuestos los jugadores a aceptar su presencia y qué usos seguirán considerando una línea que la industria no debería cruzar.