Netflix está pujando más de 80.000 millones de dólares para comprar Warner Bros., y probablemente no lo esté haciendo por los videojuegos. Pero si la fusión avanza, se quedará con ellos igualmente. Warner Bros. Games es uno de los pocos grandes publishers que todavía quedan en Estados Unidos tras años de adquisiciones, y aunque para Netflix los juegos sean un recuadro pequeño en una diapositiva de presentación, el impacto para la industria sería enorme.
Durante la llamada de inversores donde se anunció el acuerdo, Netflix confirmó que los videojuegos formaban parte de la transacción, aunque jamás los mencionó directamente. Quedaron relegados al cuadrante más pequeño de una diapositiva bajo el rótulo “Games & Consumer Product & Experiences”, junto a gigantes como HBO, DC, Harry Potter y Superman.

Incluso siendo un fenómeno global, el mayor éxito de 2023 —Hogwarts Legacy— no parece figurar entre las prioridades de los co-CEOs Ted Sarandos y Greg Peters. El juego ya tiene secuela en desarrollo en Avalanche Software y se espera algún tipo de vínculo con el reboot televisivo de Harry Potter que prepara HBO. El primer Hogwarts Legacy vendió más de 30 millones de copias, superando en ingresos incluso a una película como la nueva Superman de James Gunn.
También está TT Games, el estudio británico responsable del reciente éxito LEGO Star Wars: The Skywalker Saga. Este año anunciaron LEGO Batman: The Legacy of the Dark Knight, un homenaje al Caballero Oscuro con un mundo abierto estilo Arkham. Aún sin fecha de lanzamiento, se espera que llegue en 2026, y si repite la fórmula de Skywalker Saga, será otro superventas.
Y luego está Mortal Kombat, que también pasaría a ser propiedad de Netflix. Mientras una nueva película se estrena el año que viene, los fans están esperando que NetherRealm vuelva al universo alternativo de Injustice 3. El estudio confirmó que finalizó el contenido de Mortal Kombat 1 para centrarse en su “próximo proyecto”, y salvo que estén preparando un crossover nuevo, Injustice parece la apuesta más segura.
El destino incierto de Rocksteady Studios
Aquí es donde todo se desordena.
Rocksteady Studios —responsable de Arkham City y Arkham Knight— sigue recuperándose del fracaso de Suicide Squad: Kill the Justice League. Un juego multijugador enfocado al loot que, según Bloomberg, perdió más de 200 millones de dólares tras ser empujado por la dirección pese a las dudas del equipo.
El estudio habría vuelto a trabajar en la franquicia Arkham, pero un nuevo juego tardaría años, justo cuando el desarrollo AAA es más caro y frágil que nunca.
Warner Bros. Games, además, ha recortado numerosos estudios en los últimos meses: Player First Games (creadores de MultiVersus), WB San Diego (que desarrollaba un AAA free-to-play) y Monolith Productions, que llevaba años desarrollando Wonder Woman antes de perder su liderazgo y ser forzado a redirigir proyectos. Monolith fue responsable de Shadow of Mordor, pero su futuro hoy es incierto.
Todo este caos culminó con el despido del jefe editorial David Haddad tras más de una década en la compañía. Y a ello se suma la volatilidad del propio conglomerado: David Zaslav, CEO de Warner Bros. Discovery, ha impulsado cambios bruscos, cancelaciones, filtraciones de proyectos en llamadas de inversores y una falta de dirección estratégica que ha dejado a la división de videojuegos sin un rumbo claro.
El desastre del gaming en Netflix
Que una empresa compre una división de juegos sería más tranquilizador si Netflix no tuviera uno de los historiales más extraños del sector.
Compró estudios indies de prestigio como Night School Studio (Oxenfree) y Spry Fox (Cozy Grove). Añadió juegos de culto como Hades, The Rise of the Golden Idol y la GTA Trilogy Remastered a su app móvil. Montó un estudio AAA llamado Team Blue con veteranos de Halo, Overwatch y God of War.
Y aun así, casi nadie jugó nada.
Netflix comenzó a abandonar acuerdos indie, recortar recursos, cerrar su estudio AAA y, hace apenas días, anunció que venderá Spry Fox… solo tres años después de comprarlo. Su apuesta ahora son juegos partido, experiencias rápidas y títulos licenciados basados en sus series —Squid Game, Bridgerton, etc.— justo lo contrario de un catálogo AAA como el de Warner Bros. Games.
¿Qué pasará con Warner Bros. Games?
Es difícil predecirlo. En teoría, Warner encaja justo en las áreas donde Netflix ha fallado. En práctica, podría convertirse en un activo secundario, sin recursos ni plan claro.
Podría surgir un LEGO Stranger Things. Podrían intentar revivir Arkham. Podrían dejar morir IPs por pura falta de estrategia. O podrían seguir el ciclo habitual: entusiasmo inicial, inversión masiva… y abandono silencioso.
Las grandes adquisiciones rara vez son limpias ni ordenadas, y menos en un momento de transformaciones brutales, consolidación acelerada y guerras de streaming. Pero las alternativas tampoco son ideales: Microsoft, Arabia Saudita o la nueva red de Bari Weiss no son exactamente guardianes tranquilos.
Por ahora, lo único seguro es esto: Netflix no está comprando Warner Bros. por los videojuegos… pero su futuro podría depender de ellos más de lo que imagina.
Este artículo ha sido traducido de Kotaku US por MN Parolari. Aquí podrás encontrar la versión original.