Cambiar

Cuando se presentó la Switch, sonaba como un dispositivo futurista de fanfiction que habías inventado de niño. Te quejabas con tus amigos de que deseabas poder jugar a tus juegos de Nintendo 64 en largos viajes a casa de la abuela, y luego dibujabas alguna maquinaria poco práctica que te permitiera sacar tus juegos del televisor y ponerlos en un aparato portátil. Parecía La ciencia ficción creció, y luego Nintendo lanzó un sistema que hizo precisamente eso. No era tan potente como la PS4 o la Xbox One, pero la portabilidad le dio una utilidad real que la separó de la competencia y evitó que cayera en la misma incómoda fase de recuperación que tuvo la Wii U. Además de ser un dispositivo nuevo tan increíble, se lanzó junto con La leyenda de Zelda: Breath of the Wild, lo que, además de ser un punto de apoyo para el diseño de mundo abierto tal como lo conocemos, demostró que la Switch también tenía la potencia para albergar experiencias con calidad de consola en cualquier lugar. Es un arma de doble filo que la Switch se haya convertido en un pilar tan importante de la mercado de consolas del que Nintendo no puede realmente alejarse para hacer algo nuevo y experimental con la Switch 2, pero la compañía logró algo que parecía magia en 2017. Tan pronto como llegó a las tiendas y la gente probó una nueva Zelda el juego en la palma de sus manos, se acabó. —Kenneth Shepard