Saltar al contenido

Quiero darle otra oportunidad a Skate Story, pero su primera impresión es dura. Un juego precioso y etéreo que te enamora… hasta que empiezas a jugarlo

Skate Story deslumbra con su estilo artístico y su atmósfera única, pero su control torpe y su frustrante dificultad inicial chocan de frente con todo lo que hace bien. Es un juego que te conquista por la vista y el oído antes de ponerte a prueba de verdad.

Hay un fenómeno extraño que aparece cada tanto en este trabajo: juegas algo antes del lanzamiento, no te despierta nada especial, y después ves a colegas de confianza llenarlo de elogios. Esperabas que el juego pasara sin pena ni gloria, pero gente cuyo criterio respetas te asegura que vale la pena insistir. Eso me pasó con Skate Story, un juego del que, con cierta displicencia, dije que “podría haber sido un screensaver” y me habría gustado más. Pero tampoco soy tan cerrado como para no admitir cuando me equivoco.

La hora aproximada que jugué de Skate Story fue, eso sí, un deleite sensorial durante la mayor parte del tiempo. Su estilo minimalista y vidriado es precioso, y patinar por sus escenarios, bañados en contrastes de azules y rojos, me dio la misma sensación melancólica que tengo cuando camino de noche por una ciudad. La música electrónica y atmosférica del grupo Blood Cultures encaja perfecto: algunos niveles se sienten como un paseo nocturno tranquilo; otros, como un circuito frenético lleno de obstáculos.

Decir que Skate Story “es una vibra” es quedarse cortísimo. Cada baranda que grindas, cada rampa que subís, cada transición visual y musical refuerza su mundo etéreo y la amenaza existencial que late en su historia mínima: sos un demonio hecho de vidrio, atrapado en un destino miserable, y solo vas a liberarte devorando lunas… pero para alcanzarlas, tienes que patinar. Y como sos de vidrio, cualquier roce contra una superficie dura cuando vas con velocidad te hace añicos.

El juego está lleno de personajes extraños que te dicen cosas aún más extrañas mientras avanzas. A veces son comentarios graciosos, otras veces reflexiones profundas, pero siempre te recuerdan lo mismo: la única salida es patinar. El tono tiene algo del espíritu irreverente de Suda51, una mezcla de humor, oscuridad, creatividad visual y cierta solemnidad inesperada.

Y todo esto refuerza que Skate Story es una pieza artística muy enfocada, hecha por gente con una visión clara. Verlo es una maravilla. Escucharlo también. Pero jugarlo…

Skate Story es difícil, pero no por las razones obvias. Sí, sos de vidrio y explotas si chocas, pero para mí el problema real fue pelearme con controles que parecen diseñados para que golpee cada obstáculo del camino.

Los primeros niveles son pasillos llenos de pinchos, postes y objetos puestos para interrumpir tu velocidad. En esa etapa inicial, su esquema de control extremadamente preciso —o caprichoso— hacía que reaccionar ante cualquier obstrucción fuera complicado. La cámara, fijada detrás del personaje, se mueve tan exactamente con cada giro que incluso un pequeño cambio de dirección desorienta. A veces sentís que estás manejando en rieles sin libertad real de movimiento.

Peor aún son las curvas repentinas. Hasta donde llegué, Skate Story no te da una forma fluida de girar sin frenar casi por completo, lo que destruye el flow del skate. Y la rasposa fricción de la tabla contra el vidrio del suelo rompe en seco la hermosa atmósfera sonora del juego.

Quizá necesite darle otra oportunidad, pero la manera en que la experiencia de jugarlo choca contra todo aquello que más admiro del juego me hizo preferir dedicar mi tiempo a otra cosa. Llevo escuchando el soundtrack mientras escribo esto, y aunque solo pasé un rato breve con Skate Story, sigo visualizando sus escenarios, sus corredores llenos de obstáculos, su ambientación tan particular. Me dejó una marca: buena y mala.

Y, mientras escribo, creo que me acabo de convencer de averiguar cuál de esas dos sensaciones termina ganando.

Este artículo ha sido traducido de Kotaku US por MN Parolari. Aquí podrás encontrar la versión original.

You May Also Like