Durante el día hay tiempo para prepararse, pero cuando cae la noche ya no queda espacio para cometer errores. Una nueva propuesta de estrategia táctica combina construcción, gestión de recursos y combates por turnos con una fórmula en la que cada decisión tomada antes del anochecer puede determinar cuánto tiempo conseguirá resistir una base. Y los enemigos no van a esperar a que el ejército esté perfectamente preparado.

Construir el ejército será tan importante como sobrevivir al ataque

Starni Games, estudio conocido por la serie Strategic Mind, y la editora Palaye han presentado STEEL CORE, una nueva propuesta de estrategia táctica por turnos que sitúa a los jugadores en mundos alienígenas donde extraer recursos puede convertirse rápidamente en una cuestión de supervivencia.

La premisa comienza con una misión aparentemente sencilla: trabajar como contratistas para Galactic Mining Industries y proteger operaciones de extracción de Xenoridium en planetas hostiles. El problema es que las instalaciones mineras se encuentran expuestas a criaturas alienígenas que atacan cuando llega la noche.

La estructura de cada misión gira alrededor de un ciclo muy concreto. Durante el día, el jugador debe utilizar unos recursos limitados para preparar su ejército, mejorar los mechs, reforzar las instalaciones, investigar tecnología y mantener activa la infraestructura energética. Cuando llega el atardecer, toca analizar el ataque que se aproxima y colocar las unidades antes de que comience el enfrentamiento.

Después llega la parte más peligrosa: el combate nocturno. Las batallas utilizan un sistema de cuadrícula y turnos en el que cada movimiento consume recursos de acción y obliga a tener en cuenta tanto el terreno como la posición de las propias máquinas.

Las defensas de la base también forman parte del tablero. Muros, puertas y torres pueden modificar las líneas de tiro y crear posiciones defensivas, mientras que las torretas automáticas aportan potencia de fuego adicional. El problema es que invertir demasiado en la fortificación puede dejar al escuadrón con menos recursos para mejorar sus mechs.

Ahí aparece uno de los pilares de la propuesta: no existe una forma perfecta de gastar el presupuesto. Cada mejora puede solucionar un problema inmediato y, al mismo tiempo, generar otro para la siguiente oleada.

Y eso es solo el principio, porque las propias máquinas también pueden construirse prácticamente desde cero.

Cada mech puede convertirse en una máquina de guerra completamente diferente

Uno de los elementos más importantes será la personalización de los mechs. Las máquinas no funcionan como unidades cerradas con estadísticas predeterminadas, sino que pueden montarse utilizando diferentes piezas y componentes.

El jugador podrá modificar chasis, brazos, piernas, soportes de hombro, componentes internos y micro-módulos. Además, cada máquina podrá equiparse con hasta cuatro armas, lo que abre un abanico considerable de configuraciones.

La idea permite crear unidades especializadas para diferentes situaciones. Un mech puede convertirse en un francotirador capaz de atacar desde posiciones alejadas, mientras que otro puede utilizar un jetpack para rodear a los enemigos y atacar desde un flanco. También será posible construir auténticas plataformas de fuego equipadas con dos lanzallamas.

Las piezas estarán disponibles en diferentes niveles de rareza y contarán con ventajas que pueden variar entre máquinas. Esto significa que encontrar dos conjuntos aparentemente similares de componentes no necesariamente producirá mechs idénticos.

El sistema de combate está diseñado para aprovechar esas diferencias. Los jugadores tendrán que administrar puntos de acción, calcular líneas de tiro alrededor del terreno y las unidades aliadas, utilizar granadas por encima de las coberturas y crear barreras de fuego o nubes de humo tóxico.

La posición será especialmente importante porque algunas de las armas más potentes pueden obligar a exponer la unidad para conseguir un buen ángulo de ataque. De esta manera, aumentar el poder ofensivo no siempre significa mejorar la supervivencia.

Fuera del combate, las bases también podrán evolucionar. Los puestos mineros pueden transformarse progresivamente en fortalezas mediante muros, puertas, torres de vigilancia, torretas automáticas, plantas de energía y plataformas de extracción.

La energía será otro recurso crítico. Mantener todas las instalaciones activas puede resultar demasiado costoso, por lo que durante cada noche habrá que decidir qué estructuras permanecen funcionando y cuáles pueden desconectarse temporalmente.

El resultado es una cadena de decisiones en la que construir una nueva defensa, mejorar un arma o mantener una instalación activa compite constantemente por los mismos recursos.

La campaña roguelite llevará la guerra a mundos cada vez más peligrosos

La estructura de las partidas se ampliará mediante una campaña con elementos roguelite que llevará al jugador a diferentes planetas y lunas. Cada entorno modificará las condiciones de combate y añadirá nuevos peligros a los enfrentamientos.

Entre los escenarios previstos aparecen junglas, cuencas heladas, lagos de lava y zonas cubiertas por piscinas de ácido. Estos lugares no serán únicamente cambios visuales, ya que la campaña incorporará nuevos enemigos, amenazas ambientales y depredadores capaces de alterar las condiciones de cada batalla.

Los enfrentamientos también terminarán enfrentando a los jugadores con jefes que cambiarán las reglas habituales del combate. Superarlos exigirá adaptar la configuración del escuadrón y aprovechar las características del escenario en lugar de depender siempre de la misma estrategia.

El componente roguelite hará que las decisiones tengan consecuencias a largo plazo. La investigación tecnológica podrá mantenerse entre diferentes etapas de la campaña, pero la dificultad también seguirá aumentando. Esto plantea una progresión en la que cada victoria permite mejorar el ejército mientras los enemigos continúan elevando la presión.

Los recursos obtenidos durante las operaciones tendrán además un papel fundamental. Entre ellos destaca el Fibonite, que puede recuperarse de los alienígenas derrotados y utilizarse posteriormente para mejorar las máquinas.

Todo vuelve así al mismo problema que aparece al comienzo de cada misión: los recursos nunca parecen ser suficientes para hacer todo lo que el jugador quiere. Hay que decidir qué mejorar, qué construir, qué mantener encendido y qué sacrificios pueden asumirse antes de que llegue la siguiente noche.

STEEL CORE tiene previsto su lanzamiento durante el primer trimestre de 2027 en PC. Aunque todavía queda tiempo para conocer más detalles sobre su desarrollo, la propuesta ya deja clara su intención: combinar la construcción personalizada de mechs con una defensa táctica donde cada jornada funciona como una cuenta atrás.

Durante el día se construye. Al caer la noche comienza la prueba. Y cuando las hordas alienígenas lleguen hasta las puertas del puesto minero, ya no habrá recursos suficientes para corregir una mala decisión.

La batalla, en realidad, habrá comenzado mucho antes de que aparezca el primer enemigo.

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