Adaptar Street Fighter al cine parece sencillo hasta que llega el momento de hacer que personas reales ejecuten movimientos diseñados originalmente para personajes capaces de lanzar proyectiles de energía y realizar patadas imposibles. La nueva película es consciente de ese desafío y su último adelanto ha decidido afrontarlo directamente, colocando a sus protagonistas frente a las versiones digitales que llevan décadas conociendo los jugadores.
Street Fighter pone frente a frente el cine y los videojuegos
La campaña promocional de la nueva película de Street Fighter continúa avanzando y su último vídeo apuesta por una comparación especialmente reconocible para los aficionados.
El material muestra diferentes secuencias protagonizadas por los actores de la película y las coloca junto a movimientos procedentes de los videojuegos.
El objetivo es bastante evidente: demostrar que la producción no se ha limitado a utilizar los nombres, vestuarios y escenarios de la franquicia de Capcom.
También quiere reproducir la forma particular en la que luchan sus personajes.
Esto incluye poses, ataques y movimientos inmediatamente reconocibles para quienes hayan pasado alguna vez por un arcade o jugado a alguna de las numerosas entregas de la saga.
El resultado permite comprobar cómo determinadas técnicas han sido trasladadas desde la animación de un videojuego hasta una producción con actores reales.
Y algunos movimientos tenían un nivel de dificultad considerable.
Ryu, Ken y Chun-Li conservan sus movimientos más reconocibles
La película cuenta con un reparto construido alrededor de algunos de los personajes más importantes de la franquicia.
Andrew Koji interpreta a Ryu, mientras que Noah Centineo se convierte en Ken Masters y Callina Liang interpreta a Chun-Li.
El nuevo vídeo permite observar cómo los intérpretes reproducen movimientos asociados históricamente con sus personajes.
La intención no es únicamente conseguir que el vestuario resulte reconocible.
La postura corporal, los ataques y la coreografía deben transmitir la sensación de estar viendo a los luchadores de Capcom fuera de la pantalla.
Este detalle resulta especialmente importante en una saga como Street Fighter.
Cada personaje ha desarrollado durante décadas una identidad basada precisamente en su manera de luchar. Basta observar unos segundos de una animación para reconocer quién está ejecutando el ataque.
Trasladar esa identidad al cine supone uno de los principales desafíos de cualquier adaptación.
El reparto va mucho más allá de los protagonistas
La película tampoco se limitará al trío formado por Ryu, Ken y Chun-Li.
El reparto incluye una cantidad considerable de personajes procedentes de los videojuegos.
Jason Momoa será Blanka, mientras que el luchador profesional Roman Reigns interpretará a Akuma.
David Dastmalchian asumirá el papel de M. Bison y Cody Rhodes interpretará a Guile.
También aparecen nombres como Curtis “50 Cent” Jackson, que dará vida a Balrog, y Orville Peck, encargado de interpretar a Vega.
A ellos se suman personajes como Dhalsim, Zangief y Cammy, entre otros.
La elección deja bastante clara la escala del proyecto.
En lugar de construir una adaptación centrada exclusivamente en unos pocos luchadores, la película pretende aprovechar buena parte del enorme plantel que Capcom ha desarrollado desde los primeros títulos.
La historia nos llevará hasta un torneo mundial
La nueva adaptación estará ambientada en 1993, una elección que conecta directamente con uno de los momentos de mayor popularidad histórica de la franquicia.
Ryu y Ken llevan un tiempo separados cuando una misteriosa luchadora llamada Chun-Li vuelve a cruzarse en sus vidas.
Su aparición los conducirá hacia el World Warrior Tournament, un enorme torneo de combate que reunirá a algunos de los mejores luchadores del mundo.
Sin embargo, detrás de la competición existirá una conspiración que obligará a los protagonistas a enfrentarse tanto a sus rivales como a elementos de su propio pasado.
El planteamiento recupera así una de las estructuras fundamentales de Street Fighter: luchadores procedentes de diferentes lugares del planeta reuniéndose para competir mientras una amenaza mayor se mueve entre bastidores.
Hollywood vuelve a intentarlo con Street Fighter
No será la primera ocasión en la que la saga llegue al cine.
La adaptación de 1994 protagonizada por Jean-Claude Van Damme como Guile se convirtió con los años en una producción de culto, aunque su relación con los videojuegos siempre fue objeto de debate entre los aficionados.
En 2009 llegó Street Fighter: The Legend of Chun-Li, otra adaptación que tampoco consiguió iniciar una franquicia cinematográfica duradera.
Esta nueva producción tiene, por tanto, un desafío importante.
No basta con recuperar nombres conocidos.
La película necesita convencer a una comunidad que lleva décadas viendo cómo Ryu lanza Hadoken, Chun-Li ejecuta sus rápidas patadas y Guile utiliza su característico Sonic Boom.
El último vídeo promocional parece precisamente una respuesta a esa preocupación.
Esta vez quieren que los movimientos hablen por sí solos
Comparar directamente las escenas de la película con las animaciones de los videojuegos es una decisión promocional arriesgada.
También es una declaración de intenciones.
En lugar de esconder las diferencias inevitables entre ambos formatos, la producción invita al espectador a observarlas.
Los actores deben conseguir que técnicas diseñadas para un videojuego de lucha funcionen dentro de una coreografía cinematográfica sin perder aquello que las hizo reconocibles.
El resultado definitivo todavía tendrá que demostrarlo durante una película completa.
Pero este nuevo adelanto deja claro que sus responsables conocen uno de los aspectos que los seguidores observarán con mayor atención.
Street Fighter no es únicamente Ryu, Ken, Chun-Li o M. Bison.
También son sus poses, sus golpes y esos movimientos que millones de jugadores llevan décadas intentando ejecutar en el momento exacto.
Y la nueva película parece decidida a llevarlos con ella hasta la pantalla grande.