No es una película de acción. No es ficción. Y tampoco es un simple documental de viajes.
De Polo a Polo con Will Smith convierte al actor en explorador durante 100 días y 42.000 kilómetros, en una travesía que comienza en el extremo más austral del planeta y culmina en el Ártico. La serie se estrenó el 14 de enero de 2026 en Disney+, con un preestreno el día anterior en National Geographic.
El planteamiento es simple en apariencia: cruzar el planeta de sur a norte. Pero el recorrido, dividido en siete episodios, se transforma en una experiencia física y emocional que expone al protagonista a temperaturas extremas, geografías implacables y culturas profundamente diversas.
Desde el hielo polar hasta desiertos abrasadores, pasando por selvas densas y cordilleras imponentes, la docuserie no solo muestra paisajes. Explora la resistencia.
Porque aquí el viaje no es turístico. Es una prueba constante.

100 días al límite: hielo, selva y montaña
La ruta arranca en el Polo Sur, donde el frío no es un dato meteorológico sino una amenaza constante. A partir de ahí, el trayecto se convierte en un mosaico de biomas que cambian radicalmente de un episodio a otro.
El concepto de la serie no se limita a la aventura. Cada etapa integra ciencia, contexto ambiental y encuentros con comunidades locales que habitan esos territorios extremos. El objetivo no es solo cruzar el mapa, sino comprenderlo.
Uno de los puntos más destacados del recorrido ocurre en Ecuador. La producción dedica parte de dos episodios a escenarios emblemáticos como el Parque Nacional Yasuní, considerado uno de los lugares con mayor biodiversidad del planeta.
La travesía también se adentra en la enigmática Cueva de los Tayos, un sistema de cavernas rodeado de mitos y exploraciones históricas, y recorre la zona de Alausí, conocida por su geografía montañosa y su conexión con los Andes.
Estos segmentos no funcionan como postales exóticas. La narrativa se detiene en la relación entre territorio y comunidad, mostrando cómo el entorno moldea formas de vida, tradiciones y desafíos diarios.

Aventura, ciencia y cultura en clave personal
A lo largo de los siete episodios, Will Smith se enfrenta no solo a la exigencia física del trayecto, sino también a un proceso introspectivo. El formato combina momentos de acción (cruces en condiciones adversas, desplazamientos complejos, cambios bruscos de clima) con instancias más reflexivas.
La docuserie construye un equilibrio entre espectáculo y divulgación. Hay imágenes imponentes de glaciares y selvas, pero también explicaciones científicas sobre los ecosistemas visitados y conversaciones con habitantes locales que aportan perspectiva cultural.
El resultado es un híbrido entre expedición extrema y viaje educativo.
En tiempos donde el contenido de viajes suele reducirse a itinerarios rápidos y consumo visual acelerado, De Polo a Polo con Will Smith apuesta por la inmersión. Cada episodio profundiza en un bioma distinto, subrayando tanto su belleza como su fragilidad.
Y al final, la travesía deja una sensación clara: cruzar el planeta no es solo un desafío geográfico. Es una manera de entender la conexión entre entornos radicalmente distintos y las personas que los habitan.
Del hielo antártico a la Amazonía ecuatoriana, el viaje demuestra que el mundo no se divide en extremos aislados. Está unido por historias que merecen ser contadas.