¿Puede una pastelería convertirse en la última defensa de un mundo en peligro? Acornia: Mirror Worlds plantea una aventura que mezcla gestión, exploración y combate con una idea tan peculiar como llamativa: preparar postres para después utilizarlos como proyectiles contra espíritus. Detrás de su apariencia colorida hay dos mundos enfrentados y un pueblo que necesita ser reconstruido antes de que la corrupción termine por consumirlo.
Una pastelería con mucho más trabajo del que parece
La protagonista de esta historia es Alva, una joven ardilla que regresa a su hogar después de pasar un largo tiempo fuera. Al volver, descubre que las cosas han cambiado por completo. La influencia de una dimensión conocida como Duramen ha contaminado el pueblo, ha obligado a varios habitantes a marcharse y amenaza con extenderse todavía más.
Su respuesta no será únicamente enfrentarse a las criaturas responsables del problema. Alva también tendrá que recuperar la actividad económica del lugar y convertir su pequeño establecimiento de postres en el motor de la reconstrucción. Esto introduce una parte de gestión que tendrá tanto peso como las aventuras que se desarrollan fuera del pueblo.
La tienda permitirá preparar nuevas recetas, atender a los clientes y mejorar su reputación. Cuanto más crezca el negocio, mayores serán las posibilidades para conseguir recursos y mantener el asentamiento en funcionamiento. La propuesta también incorpora agricultura y cultivo de ingredientes, por lo que buena parte de la producción dependerá de una cadena que empieza en el campo y termina en el mostrador.
Alva no tendrá que encargarse de todo personalmente. A medida que el establecimiento prospere será posible contratar trabajadores para repartir las tareas y automatizar determinadas labores. Esta combinación transforma la reconstrucción del pueblo en una progresión constante, donde cada mejora del negocio puede tener consecuencias también en la parte de aventura.
Pero la auténtica sorpresa aparece cuando llega el momento de abandonar la tienda. Los postres preparados durante el día tendrán una segunda utilidad mucho menos convencional.
Pasteles, criaturas y una dimensión que quiere destruirlo todo
Cuando Alva se adentra en la dimensión de Duramen, la gestión del negocio deja paso a la acción. Allí encontrará mazmorras habitadas por espíritus hostiles que han sido afectados por la corrupción. Para combatirlos, la protagonista podrá utilizar las recetas que ha preparado previamente.
Tartas, migas y otros dulces se convierten así en munición. La idea da la vuelta a la lógica habitual de los juegos de acción: en lugar de fabricar armas tradicionales, la progresión pasa por perfeccionar una pastelería y descubrir qué productos pueden resultar más efectivos contra cada amenaza.
El sistema también conecta directamente las dos mitades de la experiencia. Cocinar mejores recetas no sirve solamente para conseguir clientes o aumentar los ingresos del establecimiento. Los alimentos pueden convertirse en herramientas ofensivas durante las incursiones, de modo que invertir tiempo en la tienda repercute directamente en la capacidad de Alva para sobrevivir en las mazmorras.
Y si los postres no son suficientes, la ardilla todavía guarda otro recurso bastante más extraño. Alva puede tragarse a determinados enemigos para utilizarlos posteriormente contra otras criaturas. Es una mecánica que encaja con el tono absurdo de la aventura y que añade otra posibilidad a unos combates que no parecen querer tomarse demasiado en serio.
El progreso también estará ligado a las actividades que se realizan fuera de las mazmorras. Ayudar a los vecinos, completar encargos y participar en celebraciones de temporada permitirá fortalecer a la protagonista mientras el pueblo recupera poco a poco su actividad. Cada tarea completada contribuye a que el negocio gane reconocimiento y abre nuevas posibilidades para continuar avanzando.
Dos mundos, un pueblo y una aventura bastante peculiar
La estructura de dos dimensiones es uno de los elementos que permite conectar todas estas mecánicas. Por un lado está el pueblo de Alva, donde la tienda, los cultivos, los clientes y los habitantes forman el núcleo de la gestión. Por otro, Duramen ofrece un entorno mucho más peligroso en el que la protagonista debe enfrentarse a los espíritus y buscar una forma de detener la corrupción.
Esta separación también crea un ciclo de juego bastante claro. Primero hay que producir, cultivar y mejorar el negocio. Después llega el momento de utilizar esos recursos durante las expediciones. Al regresar, las recompensas obtenidas permiten ampliar todavía más la tienda y preparar la siguiente incursión.
La propuesta corre a cargo de Splashteam, estudio responsable de Tinykin y Splasher, mientras que The Arcade Crew se encarga de la publicación. Ambos equipos han apostado por una mezcla poco habitual que busca combinar la tranquilidad de administrar un pequeño comercio con el ritmo de una aventura de acción.
El objetivo final no será únicamente conseguir que la pastelería sea un éxito. Alva tendrá que ayudar a sus vecinos, recuperar el pueblo y enfrentarse a las consecuencias de una dimensión que ha alterado su hogar. Todo ello mientras intenta descubrir hasta dónde puede llegar una ardilla armada con repostería.
Acornia: Mirror Worlds está previsto para 2027 en PC, PlayStation 5, Xbox Series X|S y Nintendo Switch 2. Todavía quedan detalles por conocer sobre su fecha concreta y el alcance de sus sistemas, pero su combinación de gestión, agricultura, exploración y combates con postres ya le da una identidad difícil de confundir con cualquier otra aventura.