Durante años, los city builders han seguido una lógica bastante clara: expandirse sobre grandes extensiones de terreno, organizar barrios y optimizar recursos para mantener una ciudad en crecimiento. Pero algunos proyectos recientes han decidido romper esa fórmula clásica. Uno de los más llamativos plantea una pregunta simple: ¿qué ocurre cuando ya no queda tierra firme y la humanidad solo puede construir hacia arriba?
Un mundo inundado donde la única opción es construir hacia el cielo
El punto de partida del juego es tan simple como inquietante. Tras un desastre global que ha cubierto el planeta de agua, las pocas comunidades humanas que sobreviven deben adaptarse a un nuevo entorno dominado por el océano.
En ALL WILL FALL, ese escenario obliga a replantear por completo la forma en que se construyen las ciudades. Ya no existe terreno disponible para expandirse, por lo que cada edificio debe colocarse sobre otro. La única dirección posible es hacia arriba.
Este sistema convierte la arquitectura en el núcleo de la experiencia. Los jugadores deben levantar estructuras verticales cada vez más complejas, creando auténticas torres urbanas formadas por viviendas, instalaciones industriales, almacenes y sistemas de producción.
Sin embargo, construir en altura no es tan sencillo como apilar edificios uno sobre otro. El juego introduce un sistema de física que simula fuerzas reales, lo que significa que cada estructura debe tener una base sólida. Un mal cálculo puede provocar que todo el conjunto colapse.
La planificación se vuelve fundamental. Los materiales, la distribución del peso y la estabilidad general de la ciudad influyen en cada nueva construcción. Un crecimiento demasiado rápido o mal organizado puede terminar en un desastre espectacular.
A lo largo de la partida, los jugadores tendrán que adaptar sus ciudades a diferentes entornos. Algunos escenarios comienzan en los restos de un petrolero abandonado, mientras que otros sitúan la colonia en plataformas industriales o islas deterioradas por el paso del tiempo.
Gobernar una colonia donde cada decisión puede cambiar el destino de la ciudad
Más allá de la construcción, el juego también plantea desafíos políticos y sociales dentro de la colonia. Los supervivientes que habitan estas ciudades flotantes no forman una comunidad homogénea. Diferentes grupos conviven dentro de la misma estructura, cada uno con sus propios intereses.
Gestionar estas facciones se convierte en una parte esencial de la experiencia. Algunas priorizan el crecimiento económico, otras buscan estabilidad social y también existen quienes prefieren un liderazgo más estricto. Mantener el equilibrio entre ellas puede resultar complicado.
En ALL WILL FALL, cada decisión política tiene consecuencias. Los jugadores pueden optar por un enfoque conciliador, intentando satisfacer las necesidades de todos los grupos. Sin embargo, también existe la posibilidad de adoptar una postura más autoritaria para mantener el orden.
Estas elecciones influyen en el desarrollo de la ciudad. Favorecer a una facción concreta puede desbloquear ventajas específicas, pero también generar tensiones con el resto de la población.
Mientras tanto, la colonia debe seguir creciendo para sobrevivir. La producción de recursos, la gestión de alimentos y la expansión de la infraestructura forman parte de una cadena de decisiones constantes que mantienen viva la economía de la ciudad.
El mundo exterior tampoco está completamente vacío. A través de expediciones, los jugadores pueden enviar equipos a explorar restos de antiguas civilizaciones que quedaron sumergidas o abandonadas tras el desastre. Estos viajes pueden revelar recursos valiosos, pero también peligros inesperados.
Escenarios variados y una ciudad que puede colapsar en cualquier momento
Uno de los aspectos más ambiciosos del proyecto es la variedad de situaciones que propone desde el inicio. La campaña incluye múltiples escenarios con objetivos distintos y desafíos específicos que obligan a replantear la estrategia de construcción.
Algunas misiones comienzan en estructuras deterioradas que apenas pueden sostener una pequeña colonia. Otras presentan entornos más complejos, como enormes rascacielos parcialmente destruidos o plataformas industriales abandonadas.
Cada mapa plantea un problema distinto. El espacio disponible puede ser extremadamente limitado, los recursos escasos o las condiciones estructurales inestables. En muchos casos, el verdadero enemigo no es la escasez de materiales, sino la gravedad.
Si la estructura pierde estabilidad, el resultado puede ser espectacular. Torres completas pueden inclinarse o derrumbarse, arrastrando consigo barrios enteros construidos durante horas de juego.
Además de la campaña principal, el juego incluye un modo Sandbox pensado para quienes prefieren experimentar sin restricciones. En este modo es posible diseñar colonias complejas y probar estructuras cada vez más ambiciosas.
La comunidad también tiene un papel importante en la evolución del juego. Desde su lanzamiento, la integración con Steam Workshop permite crear y compartir mapas personalizados, ampliando el contenido disponible con nuevos desafíos diseñados por los propios jugadores.
Tras su estreno en Steam, el proyecto llega acompañado de una demo gratuita y un descuento inicial de lanzamiento, mientras sus desarrolladores ya anticipan futuras expansiones y herramientas de modding más avanzadas para ampliar la experiencia.