El futuro de Bungie atraviesa un momento muy diferente al que Sony imaginaba cuando adquirió el estudio por 3.600 millones de dólares. La compañía responsable de Halo y Destiny llegó a convertirse en una pieza fundamental de la estrategia de juegos como servicio de PlayStation, pero varios años de proyectos cancelados, reestructuraciones y despidos han reducido considerablemente aquellas ambiciones.
Ahora, un nuevo reporte permite dimensionar hasta qué punto Bungie estaba intentando expandirse. Según el periodista especializado Jason Schreier, el estudio llegó a tener cinco o seis videojuegos en desarrollo simultáneamente, incluyendo diferentes proyectos relacionados con Destiny y nuevas propiedades intelectuales.
Sin embargo, prácticamente todos quedaron por el camino. Entre los títulos publicados, Marathon logró llegar al mercado y Destiny: Rising nació como una colaboración con NetEase. Pero de aquellos proyectos internos que todavía estaban en desarrollo, aparentemente solo uno consiguió sobrevivir a las sucesivas reestructuraciones.
Y para quienes todavía esperan una continuación numerada de la saga, hay una mala noticia: Destiny 3 nunca habría estado realmente en producción.
Bungie tenía hasta seis proyectos, pero Destiny 3 no estaba entre ellos
La información surge de un nuevo análisis de Schreier sobre los problemas que atravesó la estrategia de juegos como servicio de Sony. Bungie ocupa inevitablemente un lugar importante dentro de esa historia debido a la cantidad de proyectos que llegó a desarrollar y posteriormente cancelar.
Entre ellos habría existido un juego PvP de Destiny centrado en enfrentamientos 3 contra 3, además de Destiny Sunspot y Project Payback. Este último habría sido un spin-off en tercera persona ambientado en el universo de la franquicia y fue reportado como cancelado en 2024.
También aparece Marathon, la gran apuesta de Bungie para establecer una segunda franquicia activa fuera de Destiny. A ellos se suma Destiny: Rising, aunque su situación es diferente porque fue desarrollado junto a NetEase y no se trató de una producción controlada completamente por Bungie.
La gran ausencia de esa lista es precisamente Destiny 3.
Pese a años de especulaciones y peticiones de la comunidad, Schreier sostiene que Bungie nunca llegó a desarrollar activamente una tercera entrega numerada. Reportes anteriores también apuntaron a que una producción de semejante escala podría alcanzar un presupuesto extraordinariamente elevado, haciendo que Sony no considere actualmente el proyecto como una apuesta suficientemente segura.
Mientras tanto, Destiny 2 recibió su actualización final el pasado 9 de junio y permanece en modo mantenimiento, cerrando una etapa fundamental para el estudio y dejando todavía más dudas sobre el futuro de la propiedad intelectual.
El único superviviente tuvo que dejar Bungie para continuar
Paradójicamente, el proyecto que consiguió superar las cancelaciones ya ni siquiera pertenece directamente a Bungie. Se trata de Project Gummy Bears, un juego descrito en diferentes reportes como una combinación de elementos propios de los MOBA con combates de arena.
El título logró sobrevivir porque su desarrollo fue trasladado a teamLFG, un estudio integrado dentro de PlayStation. De esta manera, el proyecto pudo continuar incluso después de que Bungie redujera drásticamente su cartera de producciones.
La situación deja una imagen especialmente llamativa. De los múltiples videojuegos que Bungie llegó a tener sobre la mesa, Marathon consiguió publicarse, Destiny: Rising llegó al mercado mediante su colaboración con NetEase y Gummy Bears continúa vivo después de cambiar de equipo. El resto de los proyectos conocidos fueron cancelados o desaparecieron durante las diferentes reestructuraciones.
Incluso antes de la adquisición de Sony existieron otras iniciativas que nunca llegaron al mercado, como Matter, una propiedad intelectual que Bungie terminó abandonando.
El resultado contrasta enormemente con las expectativas que rodearon al estudio cuando PlayStation completó su compra. Bungie debía aportar su experiencia con Destiny para ayudar a Sony a construir una potente cartera de juegos como servicio. Con el paso del tiempo, varios de esos proyectos fueron cancelados y algunos estudios involucrados en aquella estrategia terminaron afectados por importantes reestructuraciones.
El futuro de Bungie depende ahora de muchas menos apuestas
La situación actual deja a Bungie con un margen considerablemente menor. Destiny 2 ya no recibe nuevo contenido regularmente y Marathon necesita consolidar una comunidad capaz de sostenerlo a largo plazo.
Precisamente Marathon se ha convertido en una pieza especialmente importante. El juego continúa recibiendo apoyo, pero sus cifras de jugadores han caído desde su lanzamiento y sus próximas temporadas serán fundamentales para determinar su capacidad de recuperar usuarios y construir una base estable.
Mientras tanto, la comunidad de Destiny comienza a mirar hacia otros lugares. Algunos creadores de contenido históricos de la franquicia han reducido o abandonado su cobertura ante la falta de novedades sobre su futuro.
Eso no significa necesariamente que Destiny haya terminado definitivamente. La propiedad intelectual continúa teniendo un enorme reconocimiento y una comunidad acumulada durante más de una década. Pero un eventual regreso importante parece encontrarse lejos, especialmente si Sony no está dispuesta a asumir inmediatamente el coste y el riesgo de desarrollar Destiny 3.
Bungie pasó de imaginar múltiples videojuegos funcionando simultáneamente a encontrarse con una cartera considerablemente más pequeña. Y el detalle más sorprendente quizá sea que el único proyecto inédito conocido que sobrevivió tuvo que abandonar Bungie para conseguirlo.