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Da igual para qué sirve la estatua infernal de los Game Awards: Geoff Keighley ya ganó. Un portal al infierno, teorías desatadas y un truco maestro de marketing

Una estatua demoníaca apareció en el desierto y los fans de los Game Awards llevan días especulando qué anuncia. Pero la verdad es simple: no importa qué juego esté detrás. Keighley ya consiguió lo que quería—toda la atención.

Por una noche en 2005, el desierto de Mojave brilló de color verde. Microsoft, de forma bastante inexplicable, decidió lanzar su nueva consola, la Xbox 360, con un evento en un hangar en medio del desierto. Un ejecutivo le dijo a Gizmodo en aquel momento que la idea era recrear algo parecido a Burning Man, el festival donde los ricos de Silicon Valley representan la antesala de un BioShock.

Otro ejecutivo lo llamó un “oasis Xbox 360”. Periodistas y fans de Xbox —porque era tanto un evento de prensa como una fiesta de lanzamiento— descansaban en puffs mientras probaban la consola en decenas de puestos. Microsoft servía alcohol desde unas cúpulas que hoy asociamos con la comida al aire libre en tiempos de covid.

Ese tipo de eventos masivos, donde las compañías no escatimaban gastos para atraer prensa y fans a lugares rarísimos con tal de promocionar hardware o juegos nuevos, casi no existen ya. Pero veinte años después, un eco de esa era ha vuelto a aparecer en el desierto de Colorado: una estatua demoníaca misteriosa, con cuerpos de almas condenadas tallados en sus costados.

El portal al infierno de los Game Awards

Geoff Keighley, maestro de ceremonias de The Game Awards, publicó una foto de la estatua junto a una ubicación que marcaba un punto cerca del Parque Nacional Joshua Tree, a metros de Yucca Mesa Road. De noche, unos filamentos brillan en rojo dentro de la estatua y iluminan los esqueletos que la recubren. Varias personas han ido a verla y han subido fotos y videos a redes sociales. Para rematar, parece haber un guardia de seguridad vigilándola —“un tipo genial”, según un usuario de Reddit— y la estatua emite sonidos. Alguien incluso recomendó tocar la puerta, asegurando que “algo” golpeará de vuelta.

“Sonaba muy ambiental y demoníaco”, contó el visitante. “Como si fuera una entrada y al otro lado hubiera una gran caverna con demonios al acecho. Algo de gruñidos leves. Nada que sugiriera alguna pista concreta”.

Para quien no está al tanto, la estatua podría parecer una pieza sacada de Burning Man o incluso un altar para adorar al diablo. Pero el simple hecho de que Keighley la mostrara es suficiente señal para cualquier gamer: es un Easter egg, una maniobra de marketing. Y está funcionando, no porque esté preparando un anuncio concreto, sino porque está dirigiendo toda la atención hacia su criatura favorita: el show de fin de año que él produce, posee y presenta.

La estatua es lo bastante ambigua como para que cada persona proyecte en ella el anuncio que más desea.
Está cerca de Yucca Mesa Road: debe ser Half-Life 3.
Tiene símbolos demoníacos: es Diablo IV y su próxima expansión.
No, espera—eso es God of War.
Parece un portal al infierno: claramente Doom.
Quizá Elder Scrolls VI.
O tal vez, simplemente, Keighley está abriendo un portal infernal para destruir el mundo.

Según el periodista de Bloomberg Jason Schreier, todas esas teorías están equivocadas: no es Diablo, ni Elder Scrolls. “No planeo revelar lo que es, pero es bueno”, dijo en un foro. Sea lo que sea, The Game Awards gana igual: la estatua ya generó suficientes conversaciones como para asegurar que la gente sintonizará el show para descubrir el misterio.

No es la primera vez que la industria juega a estas cosas. Años atrás, el ARG de Frog Fractions 2 permaneció sin resolverse durante dos años, involucró una veintena de juegos en Steam y hasta un libro en una biblioteca. O el famoso I Love Bees de Halo 2, con teléfonos públicos y frascos de miel. EA incluso llegó a lanzar copias de Mass Effect 3 al espacio con globos meteorológicos; los primeros en recuperarlas pudieron jugar antes que nadie.

La estatua de Keighley no parece ser un ARG tan elaborado. De hecho, puede que ni siquiera tenga pistas reales: podría ser simplemente un objeto extraño colocado en un lugar extraño para encender la maquinaria viral. Fotografiarlo, grabarlo en TikTok, subirlo a Reddit… y listo. Está funcionando.

La nueva realidad AAA

Las empresas ya hicieron cosas similares con juegos muy esperados: Overwatch puso figuras gigantes en cajas gigantes, God of War instaló un hacha enorme en Londres, Horizon Forbidden West llenó ciudades con máquinas metálicas gigantes. La diferencia es que en esos casos se sabía perfectamente qué estaban promocionando.

El peligro de la estatua de los Game Awards es que la gente termine decepcionada con lo que sea que anuncie.

Eventos como The Game Awards nacieron para promocionar juegos AAA. Keighley llena el programa de tráilers, comerciales y anuncios de grandes empresas, intercalados con su tradicional voz en off proclamando: “World Premiere”. Pero muchos de los títulos anunciados —como The Witcher 4 o Marvel’s Wolverine— ni siquiera necesitan esa exposición adicional, mientras que todo lo demás se pierde entre el ruido.
En contraste, éxitos inesperados como Balatro o Expedition 33: Clair Obscure dominan la conversación sin campañas multimillonarias.

Para algunos, el modelo AAA clásico está llegando al “fin de los tiempos”. Estamos muy lejos de aquellos lanzamientos de medianoche en medio del desierto al estilo Área 51.

Pero, en el fondo, nada de esto es problema de Keighley. La gente quizá olvide qué terminaba anunciando la estatua, pero verán The Game Awards para descubrirlo. Y eso, para él, es la verdadera victoria.

Este artículo ha sido traducido de Kotaku US por MN Parolari. Aquí podrás encontrar la versión original.

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