Elegir una película de tres horas para terminar el día puede parecer un compromiso demasiado grande, pero existen títulos capaces de hacer que esa duración pase casi inadvertida. Uno de ellos lleva más de una década generando memes, debates y escenas prácticamente imposibles de olvidar. Martin Scorsese llevó aquí su cine hasta el exceso, acompañado por un Leonardo DiCaprio que estuvo a punto de conquistar el Oscar.
Tres horas que convirtieron una historia real en un fenómeno mundial
Hay películas que necesitan paciencia y otras que consiguen que el espectador prácticamente pierda la noción del tiempo. El Lobo de Wall Street, estrenada en 2013, pertenece claramente al segundo grupo. Sus 180 minutos no impidieron que se convirtiera en uno de los trabajos más reconocibles de la carrera de Martin Scorsese y en una auténtica fábrica de momentos virales.
La película fue la quinta colaboración entre Scorsese y Leonardo DiCaprio y llevó a la pantalla la historia de Jordan Belfort, un corredor de bolsa que construyó un gigantesco negocio alrededor de Stratton Oakmont. El crecimiento de la compañía estuvo ligado a prácticas fraudulentas y operaciones especulativas que permitieron a Belfort y su círculo acceder a una vida marcada por el dinero, los excesos y la sensación de que prácticamente no existían límites.
Scorsese transforma ese ascenso y posterior caída en un espectáculo frenético. El resultado mezcla comedia negra, drama criminal y sátira financiera con un ritmo poco habitual para una producción de semejante duración.
Y quienes quieran comprobar por qué sigue generando conversación más de una década después lo tienen relativamente fácil: El Lobo de Wall Street está disponible en Amazon Prime Video, tanto mediante el plan completo como en la modalidad con anuncios.
El gran malentendido detrás de El Lobo de Wall Street
Una de las particularidades más interesantes de la película es que su mensaje no siempre ha sido interpretado de la misma manera. Para algunos espectadores, Jordan Belfort terminó convertido casi en un símbolo de éxito, riqueza y rebeldía frente al sistema.
Sin embargo, esa lectura pasa por alto buena parte de lo que Scorsese plantea durante el largometraje.
El director no construye necesariamente un modelo al que aspirar, sino una sátira alrededor de la ambición descontrolada, la codicia y la desaparición progresiva de cualquier límite moral. Detrás de las fiestas, los coches, las mansiones y las situaciones absurdas existe una realidad mucho menos divertida: las operaciones de Stratton Oakmont perjudicaron económicamente a miles de personas.
El problema (y quizá también una de las razones de su enorme impacto cultural) es que Scorsese representa ese universo de una manera deliberadamente fascinante. El espectador observa el desastre desde primera fila mientras la película acelera constantemente, convirtiendo situaciones deplorables en secuencias tan extravagantes como memorables.
Aunque parte de acontecimientos reales, la cinta también se permite numerosas licencias. Una investigación publicada en 2016 estimó que aproximadamente un 75 % de lo mostrado coincide con los acontecimientos reales, mientras que el resto fue modificado, exagerado o adaptado para potenciar la narración cinematográfica.
Leonardo DiCaprio estuvo muy cerca de convertirla en la película de su Oscar
El reparto fue otra pieza fundamental para que aquella combinación funcionara. Leonardo DiCaprio ofrece una de las interpretaciones más desatadas de su carrera, llevando a Belfort desde el entusiasmo inicial hasta una espiral en la que prácticamente todo alcanza dimensiones grotescas.
Su trabajo le permitió conseguir una nominación al Oscar a Mejor Actor, aunque aquella tampoco sería la ocasión en la que finalmente levantaría la estatuilla.
El premio terminó en manos de Matthew McConaughey por Dallas Buyers Club, una circunstancia especialmente curiosa porque McConaughey también aparece en El Lobo de Wall Street. Su breve intervención junto a DiCaprio terminó convirtiéndose, además, en otra de las secuencias más recordadas de la película.
DiCaprio tendría que esperar algunos años más para ganar finalmente su primer Oscar como actor protagonista gracias a El renacido.
Ni siquiera es la película más larga de Martin Scorsese
Lo sorprendente es que las tres horas de El Lobo de Wall Street ni siquiera representan el mayor desafío temporal dentro de la filmografía reciente de Scorsese.
El Irlandés alcanza aproximadamente las tres horas y 29 minutos, mientras que Los asesinos de la luna se queda apenas unos minutos por debajo. El cineasta ha demostrado en varias ocasiones que no tiene demasiados reparos en extender sus historias cuando considera que el relato lo necesita.
También existen grandes producciones modernas que igualan o superan esa barrera, desde Vengadores: Endgame hasta Oppenheimer o El Señor de los Anillos: El retorno del rey, dependiendo de la versión considerada.
Pero El Lobo de Wall Street tiene una característica particular: sus tres horas están construidas alrededor de un ritmo frenético que rara vez concede descanso. Más de una década después de su estreno, sus escenas continúan circulando en redes sociales, convertidas en memes y referencias reconocibles incluso para personas que nunca se sentaron a verla completa.
Y quizá esta noche sea un buen momento para cambiar eso.