Electronic Arts acaba de iniciar una etapa completamente distinta después de cerrar una operación multimillonaria que cambia su estructura empresarial y coloca nuevos actores detrás de algunas de las franquicias más importantes del sector. Oficialmente, el mensaje apunta hacia la innovación y el crecimiento. Sin embargo, entre parte de la plantilla comienzan a aparecer preocupaciones sobre independencia creativa, estabilidad laboral y una carga financiera que podría condicionar los próximos años.

La histórica compra de EA ya está completada

La adquisición de Electronic Arts por un consorcio liderado por el Public Investment Fund (PIF), el fondo soberano de Arabia Saudí, se completó oficialmente el pasado julio por unos 55.000 millones de dólares.

La operación convirtió a EA en una compañía privada y situó al PIF como uno de sus nuevos actores fundamentales. El consorcio incluye también a Silver Lake y Affinity Partners, la firma de inversión encabezada por Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense Donald Trump.

Las dimensiones de la transacción son extraordinarias incluso para los estándares actuales de la industria. Se trata de la segunda mayor adquisición registrada en el sector del videojuego, únicamente por detrás de los 68.700 millones de dólares que Microsoft desembolsó para quedarse con Activision Blizzard.

También representa otro importante avance de Arabia Saudí dentro del entretenimiento interactivo. A través del PIF y sus distintas inversiones, el país lleva años aumentando su presencia en el sector mediante participaciones en compañías como Nintendo, Ubisoft y Take-Two Interactive.

Sin embargo, el cierre definitivo de la operación no ha eliminado las dudas internas. Según testimonios anónimos de empleados recogidos por GameDeveloper, algunos trabajadores están preocupados por cómo podría cambiar EA bajo su nueva estructura de propiedad.

Y una de esas inquietudes no tiene que ver directamente con despidos o salarios.

Los empleados temen una influencia que no necesita órdenes directas

Entre las preocupaciones aparece el futuro de la independencia creativa. Algunos trabajadores temen que determinados proyectos puedan tener más dificultades para conseguir financiación dependiendo de sus contenidos, incluso aunque los propietarios nunca intervengan directamente para ordenar modificaciones o cancelaciones.

El temor es que esa influencia pueda producirse de una forma mucho más sutil: mediante las decisiones sobre qué proyectos reciben presupuesto, cuáles avanzan y cuáles dejan de considerarse prioritarios.

El escenario ideal para algunos empleados sería que Electronic Arts mantuviera autonomía completa sobre sus decisiones creativas. El problema es que no todos están convencidos de que esa independencia vaya a permanecer intacta a largo plazo.

Las inquietudes también están vinculadas con las críticas internacionales que recibe Arabia Saudí por su historial en materia de derechos humanos. Uno de los trabajadores consultados llegó a afirmar que se sentía “sucio” debido a la situación de amigos y familiares homosexuales frente a las políticas del país.

Las inversiones saudíes en deportes y entretenimiento también han sido señaladas por críticos como parte de una estrategia de sportswashing, destinada a mejorar la imagen internacional del país mediante grandes inversiones. Dentro del videojuego, algunos empleados utilizan ya un término derivado para describir esta expansión: pixelwashing.

Pero las cuestiones éticas y creativas no son las únicas que inquietan dentro de EA. Existe otra preocupación mucho más inmediata para cualquier trabajador: conservar su empleo.

Una cifra detrás de la operación está generando todavía más nerviosismo

Las reuniones internas organizadas para explicar la adquisición tampoco habrían conseguido disipar completamente esas dudas. De acuerdo con varios testimonios, las respuestas relacionadas con la seguridad laboral han sido consideradas demasiado vagas por parte de algunos trabajadores.

También existiría una creciente sensación de distancia entre determinados niveles directivos y la plantilla. Algunos empleados consideran que la cúpula de la compañía está cada vez más desconectada de las dificultades económicas que afrontan trabajadores dentro de la propia empresa.

El principal motivo para temer una futura reducción de costes aparece en la estructura financiera utilizada para completar la adquisición.

Aunque la operación está encabezada por inversores con enormes recursos, los 55.000 millones de dólares no procedieron exclusivamente de su capital. Aproximadamente 20.000 millones fueron obtenidos mediante financiación con deuda.

La diferencia resulta considerable. Antes de la adquisición, EA tenía alrededor de 2.200 millones de dólares de deuda. Tras la operación, la carga financiera vinculada a la compañía es sustancialmente superior.

Para algunos trabajadores, eso aumenta el riesgo de que en algún momento sea necesario recortar gastos, reorganizar equipos, cancelar proyectos o reducir plantilla para cumplir con las nuevas obligaciones financieras.

EA promete crecimiento mientras su plantilla espera respuestas

Desde la dirección, el discurso es considerablemente más optimista. La compañía encabezada por Andrew Wilson sostiene que esta nueva etapa permitirá acelerar la innovación y generar nuevas oportunidades de crecimiento.

La importancia de las decisiones que se tomen a partir de ahora resulta difícil de exagerar. Electronic Arts controla franquicias con enorme alcance internacional, incluyendo Battlefield, Madden NFL, Los Sims y EA Sports FC.

Son propiedades capaces de movilizar a decenas de millones de jugadores y generar enormes cantidades de ingresos, pero también necesitan inversiones constantes y equipos de desarrollo de gran tamaño.

Por ahora, no existe confirmación de que esta nueva estructura vaya a traducirse necesariamente en una oleada de despidos o en interferencias sobre proyectos concretos. Las preocupaciones recogidas reflejan los temores de una parte de los trabajadores ante un escenario todavía incierto.

La adquisición ya está cerrada y EA ha entrado oficialmente en una nueva etapa. Ahora queda por descubrir si la prometida aceleración del crecimiento será compatible con la autonomía creativa y la estabilidad de sus estudios, dos cuestiones que, desde dentro de la compañía, algunos empleados observan con mucha menos tranquilidad.

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