Cuando la idea parece una broma… pero acaba siendo el centro de la experiencia
A primera vista, podría pasar por una ocurrencia pensada para redes sociales o un prototipo destinado a no salir nunca de un laboratorio creativo. Sin embargo, ahí está, disponible en la eShop y con una descripción que no deja espacio para la interpretación. El propio texto oficial lo define sin rodeos: un juego de acción en el que preparas papel higiénico con un Joy-Con dentro y lo haces rodar sobre un tablero.
El título se llama Give me toilet paper! (¡Dame papel higiénico!) y se puede jugar tanto en Nintendo Switch como en su sucesora. Su precio, casi simbólico, refuerza la sensación de estar ante una rareza: 4 euros por una experiencia que no se parece a nada más del catálogo actual de Nintendo.
La propuesta es tan directa como desconcertante. El objetivo consiste en llevar un rollo de papel higiénico desde un punto inicial hasta la meta, descendiendo por un tablero lleno de trampas, desniveles y obstáculos. Hasta aquí, podría parecer un juego de habilidad más. La diferencia está en el control: el movimiento del rollo depende de cómo se gira el Joy-Con.
El juego no te obliga explícitamente a introducir el mando dentro de un rollo real, pero todo en su diseño empuja a hacerlo. El control por giros cobra sentido cuando el Joy-Con está dentro de un objeto cilíndrico que rueda de verdad sobre una superficie. Y ahí es donde el concepto deja de ser una simple broma para convertirse en el núcleo de la experiencia.
No sorprende que muchos jugadores lo hayan calificado, medio en serio medio en broma, como “el juego más estúpido al que puedes jugar”. La clave es que esa estupidez está perfectamente asumida por sus creadores.
Del meme al mando: por qué funciona mejor de lo que parece
La naturaleza del juego ha provocado una avalancha de memes, vídeos caseros y reacciones incrédulas. Ver a alguien empujando un rollo de papel higiénico sobre una mesa para avanzar en un videojuego es, por definición, material viral. Pero reducirlo solo a eso sería quedarse en la superficie.
La mecánica, aunque simple, tiene un componente físico que engancha. Según MeriStation, el jugador no solo piensa en lo que ocurre en pantalla, sino también en cómo inclina la superficie, cómo controla la velocidad del rodado y cómo anticipa los obstáculos. Es un ejemplo claro de esas ideas que Nintendo ha fomentado durante años: convertir el acto de jugar en algo tangible.
En este sentido, Give me toilet paper! recuerda más a experimentos como Labo o a ciertos minijuegos de 1-2-Switch que a un título convencional. No busca profundidad narrativa ni gráficos espectaculares, sino una interacción directa, casi absurda, entre jugador y objeto.
Los vídeos que circulan mostrando el funcionamiento dejan claro que hay margen para el pique. Superar un tramo sin que el rollo se descontrole requiere pulso, paciencia y cierta coordinación. Esa mezcla de torpeza inicial y mejora progresiva es lo que hace que, bromas aparte, el juego resulte sorprendentemente adictivo.
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Además, el bajo precio juega a su favor. No hay grandes expectativas que cumplir ni promesas grandilocuentes. Es una idea pequeña, consciente de lo que es, que se apoya en una ejecución honesta.
Al final, la pregunta no es si se trata de un juego “serio”, sino si cumple su objetivo: ofrecer algo distinto, provocar una sonrisa y, de paso, enganchar durante más tiempo del que uno admitiría en público. En ese sentido, el papel higiénico nunca había sido tan interactivo.