La reestructuración interna que padece la división de videojuegos de Microsoft se encamina hacia su episodio más crítico y destructivo. Según ha desvelado un alarmante informe de Bloomberg, la multinacional tecnológica está considerando seriamente el cierre definitivo de varios de sus estudios más laureados y de corte creativo, incluyendo a Ninja Theory, Double Fine Productions y Compulsion Games. La noticia ha causado un hondo impacto en el sector, ya que se produce apenas dos semanas después de que estos equipos protagonizaran los segmentos más aplaudidos del Xbox Games Showcase celebrado el pasado 7 de junio.
El caso de Ninja Theory resulta especialmente dramático: el equipo británico acababa de anunciar oficialmente el desarrollo de Senua, la tercera entrega de su aclamada franquicia de terror mitológico, sirviendo de continuación para el reciente Senua’s Saga: Hellblade 2. Por su parte, Compulsion Games se encuentra en el ojo del huracán a pesar de cosechar elogios unánimes por la factura artística de South of Midnight, mientras que Double Fine, el legendario estudio capitaneado por Tim Schafer (Psychonauts 2), también figura en la lista de desmantelamientos. Aunque las fuentes apuntan a que Microsoft podría ofrecer a los fundadores la opción de recomprar su independencia para volver al mercado independiente, dicha transición vendría supeditada de forma colateral a una oleada masiva de despidos estructurales.
El colapso del modelo de consolidación tras las compras de Activision y ZeniMax
Esta drástica maniobra de contención de daños es la respuesta directa a la hoja de ruta impuesta por la recién nombrada CEO de Xbox, Asha Sharma, y el director de contenido, Matt Booty. Ambos ejecutivos enviaron una circular interna a la plantilla advirtiendo de una caída de ingresos anuales en la división que catalogaron de «insostenible». Las causas principales de este retroceso responden a una tormenta perfecta: el encarecimiento global de los componentes de hardware, ventas de software de primera línea por debajo de las previsiones comerciales —donde títulos como Hellblade 2 no cumplieron las expectativas financieras de la junta— y ciclos de desarrollo excesivamente largos que saturan la infraestructura de los estudios.
La crisis interna ha provocado ya una fuga de talentos sin precedentes en las esferas de mando, registrándose las salidas inmediatas de figuras clave como Craig Duncan (exjefe de Xbox Game Studios) y Louise O’Connor (exjefa de personal). La paradoja de este colapso corporativo radica en que se produce poco después de que Microsoft ejecutara la mayor fiebre de adquisiciones de la historia del entretenimiento, destacando la absorción de ZeniMax/Bethesda por 7.500 millones de dólares en 2021 y la titánica compra de Activision Blizzard por 68.700 millones en 2023. Ante la falta de rentabilidad a corto plazo de este conglomerado, la dirección de Redmond planea un repliegue estratégico total para centrarse únicamente en sus marcas más lucrativas e históricas, como Halo y The Elder Scrolls, barajando incluso la posibilidad de segregar a Xbox por completo del organigrama matriz de Microsoft para transformarla en una subsidiaria externa o una empresa conjunta (joint venture).