Kathleen Kennedy no es solo “la jefa de Star Wars”. Es una de las productoras más influyentes de la historia de Hollywood. Jurassic Park, E.T., Indiana Jones, el legado de Spielberg… y desde 2012, el timón de Lucasfilm. Ahora, tras más de una década al frente del universo galáctico, anuncia su salida. Y lo que deja detrás no es precisamente orden.
En una entrevista extensa tras confirmar su marcha, Kennedy ha hablado sin rodeos. Y lo que dibuja es un Star Wars lleno de proyectos a medio cocinar, ideas brillantes congeladas y un estudio que, directamente, tiene miedo.
Una nueva trilogía… que avanza a cámara lenta
Sobre el papel, hay una nueva trilogía en marcha liderada por Simon Kinberg. Sí, sigue viva. Técnicamente. Kennedy admite que el guion se reescribió casi entero, que el tratamiento tiene 70 páginas y que quizá haya algo presentable en marzo. Quizá.
Traducción: esto va para largo. Muy largo. Tan largo que ella misma admite que estamos hablando de una ventana más allá de 2030. En Star Wars, eso es casi ciencia ficción.
Ben Solo existe… pero no molesten
La bomba emocional para los fans fue otra: el guion de la película de Ben Solo existe. Y es “genial”, según Kennedy. El problema no es creativo. Es corporativo. Nadie quiere arriesgar.
Ella lo dice sin maquillaje: los estudios están aterrados. Wall Street pesa más que la imaginación. Y cualquier proyecto que se salga un milímetro de la línea segura entra en zona roja.
Directores quemados y proyectos en coma
James Mangold, Steven Soderbergh, Taika Waititi, Donald Glover… nombres grandes, ideas grandes. ¿Estado actual? Congelados, en pausa o “ya veremos”.
Kennedy reconoce algo clave: hacer Star Wars hoy es un compromiso brutal. Años de tu vida. Exposición total. Y, además, la posibilidad real de que internet te destroce si no cumples expectativas imposibles.
Ella misma pone el ejemplo de Rian Johnson. Tenía una trilogía. La reacción tóxica tras The Last Jedi fue tan bestia que se bajó del barco y se refugió en Knives Out. No fue casualidad. Fue supervivencia.
El verdadero enemigo ya no es el Lado Oscuro
Lo más interesante de todo es el subtexto. Kennedy no habla de falta de ideas. Habla de miedo. Miedo a fallar. Miedo a las redes. Miedo a los inversores. Miedo a que cualquier paso en falso se convierta en trending topic.
Star Wars ya no pelea contra el Imperio. Pelea contra su propia parálisis.
Y el dato incómodo: Kennedy se va… pero el sistema se queda. Dave Filoni y Lynwen Brennan heredan un universo enorme, sí, pero también una jaula invisible hecha de cautela, métricas y pánico al error.
El legado incómodo de su era
Cuando le preguntan por arrepentimientos, solo menciona uno: Solo. Intentar reemplazar a Han Solo fue, en sus palabras, “conceptualmente un error”. No por la película. Por la idea.
Y ahí está la clave de todo. Kennedy no se va derrotada. Se va cansada. Cansada de pelear por proyectos que no se aprueban. Cansada de justificar riesgos. Cansada de explicar que sin riesgo no hay mito.
Su salida no es el fin de Star Wars. Pero sí es una señal clara de que algo profundo se ha roto en cómo Hollywood entiende hoy la creatividad.
Y eso, en una saga construida sobre la épica y la valentía, es casi una ironía cruel.