Durante años, las películas de superhéroes dominaron el streaming con fórmulas cada vez más previsibles: héroes perfectos, amenazas gigantescas y batallas diseñadas para romper ciudades enteras. Pero hubo una producción que decidió hacer algo distinto. No presentó dioses, multimillonarios ni mutantes entrenados desde pequeños. En cambio, tomó una idea mucho más inquietante: ¿qué pasaría si cualquier persona pudiera obtener poderes imposibles… durante solo cinco minutos?
Eso es exactamente lo que plantea Proyecto Power, una película que convirtió las calles de Nueva Orleans en un laboratorio caótico donde nadie sabe qué ocurrirá después de tragarse una pequeña cápsula.
El concepto parece simple al principio. Una nueva droga comienza a circular ilegalmente y promete liberar habilidades extraordinarias. El problema es que nadie puede anticipar cuál será el resultado. Algunos desarrollan fuerza sobrehumana. Otros se vuelven invisibles. Algunos literalmente explotan desde adentro.
Y esa imprevisibilidad es lo que transforma a la película en algo mucho más extraño de lo que aparenta.
Una ciudad convertida en experimento
La historia sigue a tres personajes que terminan cruzándose en medio de esta epidemia de poderes temporales. Por un lado aparece un exsoldado obsesionado con encontrar a quienes están detrás de la droga. Del otro, un policía local que comienza a utilizar las cápsulas para combatir el crimen. Y en medio del caos aparece una joven traficante adolescente que intenta sobrevivir mientras las calles se vuelven cada vez más violentas.
Lo interesante es que la película nunca trata a los poderes como algo heroico. Aquí funcionan más como un arma química impredecible. Cada consumo puede convertir a alguien en una máquina de destrucción… o en una víctima instantánea.
Esa tensión permanente es una de las razones por las que Proyecto Power consiguió diferenciarse dentro del catálogo de Netflix. La película mezcla persecuciones callejeras, ciencia ficción y estética urbana con una idea que se siente peligrosamente cercana: una droga diseñada para vender “ventaja” inmediata en un mundo desesperado.
La elección de Nueva Orleans tampoco es casual. La ciudad se convierte prácticamente en otro personaje. Calles húmedas, neones, música constante y una sensación de descontrol que acompaña perfectamente la lógica de la historia. Todo parece estar a punto de explotar.
Y en muchos momentos, efectivamente explota.

Jamie Foxx y Joseph Gordon-Levitt sostienen el caos
Uno de los puntos más fuertes de la película es cómo utiliza a sus protagonistas. Jamie Foxx interpreta al misterioso exsoldado con una mezcla de furia y cansancio que sostiene buena parte del relato. Nunca termina de sentirse como un héroe tradicional. Más bien parece alguien consumido por la obsesión.
A su lado aparece Joseph Gordon-Levitt como un policía que entiende demasiado rápido que las reglas normales dejaron de funcionar. Su personaje aporta el costado más cercano al thriller policial, especialmente cuando comienza a utilizar la droga para enfrentarse a criminales que pueden transformarse en monstruos humanos durante unos minutos.
Pero quien termina sorprendiendo es Dominique Fishback. Su personaje funciona como el corazón emocional de la historia y evita que la película se convierta solamente en una sucesión de explosiones y efectos especiales.
Porque sí, Proyecto Power tiene acción exagerada y secuencias visuales enormes. Pero debajo de eso también hay una crítica bastante evidente sobre el consumo, el poder y la desesperación social. La película juega constantemente con la idea de personas comunes buscando una salida rápida para cambiar sus vidas, incluso si eso significa destruirse en el proceso.
Y quizá ahí está la parte más interesante de todo: los superpoderes nunca se sienten realmente como una bendición.

La película que Netflix lanzó en silencio y terminó encontrando nueva vida
Cuando llegó al catálogo de Netflix, Proyecto Power apareció en medio de una avalancha de estrenos originales. Sin embargo, con el paso del tiempo comenzó a ganar una segunda vida entre usuarios que buscaban algo diferente al cine tradicional de superhéroes.
Parte de eso tiene que ver con su premisa extremadamente simple pero efectiva. Cinco minutos. Ese es todo el tiempo que dura el poder. La película convierte esa limitación en una bomba de tensión constante porque obliga a cada personaje a decidir exactamente cuándo usar la cápsula.
Y en un mundo donde casi todas las historias de héroes giran alrededor de salvar el planeta, aquí la pelea ocurre en algo mucho más pequeño y violento: esquinas oscuras, laboratorios clandestinos y personas intentando sobrevivir un día más.
No reinventa el género por completo, pero sí logra algo que muchas producciones multimillonarias no consiguen: sentirse distinta.