No es raro que una serie arrase en audiencias y, al mismo tiempo, se convierta en objeto de escrutinio. Eso es exactamente lo que está ocurriendo con uno de los últimos fenómenos de Netflix. Mientras millones de espectadores la colocan en lo más alto, otros han detectado un supuesto error que se repite en cada episodio. Lo curioso es que ese detalle, lejos de ser un descuido, podría ser una de las decisiones más inteligentes de toda la producción.
El detalle que ha generado dudas… y muchas críticas
La nueva serie documental producida por Steven Spielberg para Netflix se ha convertido rápidamente en un fenómeno global. Centrada en la vida y extinción de los dinosaurios, la producción combina espectáculo visual con narrativa científica, logrando captar la atención tanto de curiosos como de aficionados a la paleontología.
Sin embargo, hay algo que no ha pasado desapercibido para muchos espectadores. A lo largo de los episodios, los entornos naturales muestran árboles frondosos, paisajes densos… pero carecen de un elemento que hoy damos por sentado: la hierba.
Para quienes crecieron con la imagen clásica de mundos prehistóricos (popularizada en gran parte por franquicias como Jurassic Park), esta ausencia resulta desconcertante. Las comparaciones han sido inevitables, y no pocos han señalado este detalle como un fallo de ambientación o una omisión inexplicable.
Pero lo cierto es que la decisión no es casual. Y cuanto más se analiza, más sentido cobra.
Una decisión que esconde una lección científica
Lejos de tratarse de un error, la ausencia de hierba responde a un enfoque mucho más riguroso de lo habitual en este tipo de producciones. La serie opta por representar los ecosistemas prehistóricos con mayor fidelidad científica, incluso si eso implica romper con las imágenes a las que el público está acostumbrado.
La clave está en la historia evolutiva de las plantas. Aunque hoy la hierba cubre enormes extensiones del planeta, su aparición es relativamente reciente en términos geológicos. Durante gran parte de la era de los dinosaurios, simplemente no existía tal y como la conocemos.
Los hallazgos fósiles más relevantes sobre este tipo de vegetación son sorprendentemente recientes. De hecho, no fue hasta hace unas décadas cuando comenzaron a encontrarse evidencias claras, y aun así, limitadas a regiones muy concretas.
Un descubrimiento especialmente revelador llegó en 2018, cuando restos microscópicos encontrados en dientes fosilizados confirmaron que ciertas formas primitivas de hierba ya existían hace unos 113 millones de años. Sin embargo, su presencia era escasa y localizada, muy lejos de las extensas praderas actuales.
Esto implica que, aunque algunos dinosaurios pudieron llegar a interactuar con este tipo de vegetación, la mayoría de los ecosistemas prehistóricos estaban dominados por otros tipos de plantas. En ese contexto, los paisajes sin hierba que muestra la serie no solo son plausibles, sino más cercanos a la realidad.
Cuando el realismo choca con lo que creemos saber
El contraste entre lo que vemos en pantalla y lo que esperamos ver revela algo interesante: muchas de nuestras ideas sobre el pasado están moldeadas por la ficción más que por la ciencia.
Durante décadas, el cine y la televisión han construido una imagen concreta del mundo de los dinosaurios. Espacios verdes, suelos cubiertos de césped y escenarios que, en muchos casos, reflejan más el presente que el pasado. Esta nueva producción rompe con ese molde y propone una representación menos familiar, pero más precisa.
Además, el propio desarrollo de la vegetación moderna refuerza esta idea. Cultivos y plantas hoy omnipresentes como el arroz, el trigo, el bambú, la avena o el centeno aparecieron mucho después de la desaparición de los dinosaurios, que tuvo lugar hace unos 65 millones de años.
Para encontrar paisajes similares a los actuales, dominados por grandes extensiones de hierba, habría que avanzar millones de años en el tiempo, hasta una etapa posterior a la extinción de estas criaturas.
En este sentido, la serie no solo busca impresionar visualmente, sino también educar. Y lo hace de una forma sutil: integrando el conocimiento científico en cada plano sin necesidad de subrayarlo constantemente.