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Nuestra reseña de «The Hundred Line: Last Defense Academy»

Uno de los juegos más importantes de 2025 es, probablemente, uno del que nunca escuchaste hablar.

Durante el último año pasé, al menos, tres noches diferentes gritando por encima del ruido de un bar en Nueva York para intentar convencer a alguien de jugar The Hundred Line: Last Defense Academy. Este híbrido entre novela visual y RPG táctico, desarrollado como un proyecto de pasión por Too Kyo Games, es de esos títulos que podés describir como impresionantes… pero lograr que alguien supere su magnitud y realmente lo juegue es algo que todavía se me escapa mientras nos acercamos al final del año. En algún punto acepté que, mientras lograra que la gente respetara lo que hace The Hundred Line, eso ya era suficiente. Y, si algo, el hecho de que sea tan difícil de recomendar para algunos demuestra lo que consigue.

The Hundred Line: Last Defense Academy puede sonar como una propuesta demasiado grande para la mayoría, incluso para quienes se sienten atraídos por su premisa. Pero, incluso si nunca lo jugás, sabé que ni siquiera los juegos más celebrados se animan a tanto como este increíble “Hail Mary” de Too Kyo Games.

Como en muchas obras del creador de Danganronpa, Kazutaka Kodaka, The Hundred Line sigue a un grupo de estudiantes atrapados dentro de una academia. Aunque no están en un “juego de asesinatos” como los protagonistas de su saga más famosa (al menos, no al principio), este grupo de inadaptados, excéntricos y uno que otro adolescente normal queda atrapado en un violento plan en contra de su voluntad. Los chicos reciben la misión de defender la escuela de oleadas de invasores alienígenas, porque algo oculto en el lugar sería clave para salvar a la humanidad. Pero, antes de poder preguntar más, su captor —Sirei, una especie de mascota fantasmagórica claramente inspirada en Monokuma de Danganronpa— aparece despedazado en un tacho de basura cerca del campus.

El encierro de 100 días y el misterio en la academia

Ahora estos estudiantes están atrapados defendiendo la escuela durante 100 días sin tener idea de lo que realmente ocurre. Tres meses que pasan mientras intentan encontrar fuerzas para pelear por algo en lo que no saben si creen, apoyándose unos en otros para seguir adelante.

Los 100 días de The Hundred Line están llenos de tonterías, colapsos emocionales y misterios atrapantes. Todos los pilares que Kodaka domina —desapariciones, secretos, giros dramáticos al estilo whodunnit adolescente— se concentran aquí en un lapso de tres meses. Cada día aparece una nueva pista, cada interacción se tiñe de sospecha. ¿Es todo tan simple como parece?, ¿son confiables quienes te rodean? Si conocés la obra de Kodaka, sabés que la respuesta es “no”. Y aun así, ni Danganronpa, ni Master Detective Archives: Rain Code, ni el anime Akudama Drive me prepararon para lo que esperaba detrás de las batallas tácticas de The Hundred Line.

Con el correr de los 100 días, el “Last Defense Squad” suma combatientes, cada uno con un rol altamente especializado. Sus personalidades se expresan en estilos de combate y armas únicas impulsadas por algo llamado hemoanima. Esta fuerza es lo que los hace los únicos capaces de luchar por la humanidad.

Esa especialización también significa que el combate no se parece al de un RPG táctico flexible como Baldur’s Gate 3: aquí cada pelea es un rompecabezas. La mayoría de los personajes solo cuentan con uno o dos patrones de ataque. Kako, por ejemplo, una hermanita tímida, usa un rifle de francotirador y destaca a larga distancia; mientras que el protagonista, Takumi, empuña una espada que lo obliga a estar al frente.

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© Too Kyo Games / Kotaku

Para algunos, estos roles rígidos pueden sentirse limitantes. The Hundred Line no busca que muevas piezas libremente por un tablero. En muchas batallas, tus unidades aparecen dispersas alrededor de la escuela y no siempre hacen buena sinergia, así que debés improvisar para defender el lugar con los equipos que te toquen. La verdadera estrategia es adaptarte, aunque eso implique sacrificar aliados.

Cada combate tiene varias oleadas, y los personajes reviven al inicio de cada ronda, así que sacrificar a alguien puede ser totalmente válido. Algunos de mis mejores movimientos dependieron de usar habilidades definitivas que consumen la vida del personaje a cambio de un ataque devastador. Derrotar ciertos enemigos te da turnos extra, así que dejar que un aliado muera para abrirle un hueco a otro puede ser, estratégicamente, lo correcto.

Al fin y al cabo, estás eliminando hordas de alienígenas sin mente para proteger a la humanidad… ¿o eso creés?

Los 100 días pasan rápido —unas 30 horas, en promedio—. Pero hay una razón por la que no reseñé el juego cuando salió en abril, y tampoco pude cuando lo consideré candidato a GOTY 2025 un mes después. Lo verdaderamente importante ocurre después del día 100.

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Un combate táctico que funciona como un rompecabezas narrativo

Al llegar al final, todo sale mal: perdiste compañeros, alguien traicionó la misión, y aquello que debías proteger fue destruido. Sin embargo, quizás lo que perdiste es la única esperanza de corregir el futuro.

Bajo la escuela, el equipo encuentra aquello que estaban destinados a proteger: un bebé envuelto en llamas, acumulando poder durante esos tres meses para incinerar al resto de los invasores y permitir que la humanidad regrese. Este bebé también usa hemoanima, pero su poder es mucho mayor. Cuando un miembro del equipo lo traiciona y lo asesina, absorbe toda esa energía… y se convierte en el jefe final.

Tras derrotarlo, Takumi absorbe esa energía. Su habilidad habitual es retroceder turnos en batalla, pero ahora ese poder se extiende más atrás. Mucho más atrás. Puede volver los 100 días completos. Y lo hace.

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© Too Kyo Games / Kotaku

En ese momento, The Hundred Line agrega un “2” a su pantalla de título. Takumi revive los 100 días e intenta reparar la misión. Y vos, con tu conocimiento previo, debés tomar decisiones que cambian radicalmente la historia. Aquí es donde Kotaro Uchikoshi —cocreador y figura clave de Zero Escape— toma el volante.

El juego tiene más de 20 rutas, cada una con varios desenlaces, alcanzando 100 finales posibles. Podés saltar en el tiempo todo lo necesario para buscar un mejor final.

Las rutas varían muchísimo: algunas son bromas que convierten la aventura en comedia cotidiana o en un anime de harem; otras son desafíos tácticos brutales. Hay un camino estilo slasher, otro con zombies, otro que se transforma directamente en un killing game tipo Danganronpa.

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© Too Kyo Games / Kotaku

Sí, existe una “ruta verdadera”, pero la manera en que el juego remezcla todo para crear historias completamente nuevas es un salto creativo impresionante. También puede generar frustración cuando encontrás caminos que parecen callejones sin salida. Pero todas las rutas aportan información: las 22 rutas y 100 finales funcionan como expansiones del mundo.

Cuando el día 100 termina… y la historia recién comienza

Yo solo jugué un puñado y pensaba volver por más durante el año, pero no avancé tanto como quería. Entendí entonces lo enorme que es The Hundred Line, incluso para alguien que es su audiencia ideal.

Por eso no culpo a nadie que no se anime a lo que básicamente es la “forma final” de Kodaka y Uchikoshi. The Hundred Line es un ejemplo clarísimo de un equipo creativo haciendo lo que quiere, incluso cuando todo estaba en su contra. Too Kyo Games estaba al borde de la ruina antes del lanzamiento, y aun así creó algo totalmente inabordable para el público general.

Así que cuando en un bar alguien me dice “Wow, suena genial, pero definitivamente no lo voy a jugar”, lo entiendo. La experiencia de “elige tu propia aventura” más ambiciosa de los videojuegos —llena de personajes irritantes, rutas fallidas y mucho ensayo y error para encontrar apenas un destello de esperanza— es difícil de recomendar. Pero The Hundred Line es un logro que la mayoría de los estudios ni siquiera se atrevería a proponer en un pitch, y Too Kyo Games lo hizo cuando más tenía por perder.

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© Too Kyo Games / Kotaku

Podrían haber dejado de lado sus obsesiones por los juegos de asesinatos, las narrativas ramificadas y los giros locos, y crear algo más accesible para salvar al estudio. En vez de eso, apostaron por lo que saben hacer. Mientras otros habrían frenado, Too Kyo pisó a fondo el acelerador esperando que, al llegar al final, quedara al menos otra ruta que seguir. The Hundred Line: Last Defense Academy no será para todos, pero cualquiera puede ver lo que logró y reconocer que se ganó su respeto.

Este artículo ha sido traducido de Kotaku US por Mateo Lucio. Aquí podrás encontrar la versión original.

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