2. Palma de coco
Cuando vi Coco En un teatro, al final, miré a mi alrededor y vi a todos llorando. Niños, adultos, ancianos, ese bicho raro con dos refrescos para él. Todos lloraban en un momento de tranquilidad entre un niño pequeño y su abuela. Un momento en el que, gracias a la música y a sobrevivir a una aventura de otro mundo a través del más allá, ese niño puede conectarse con su abuela una vez más y hacerla sonreír. Le canta una canción que siempre estuvo destinada a ella, fr om alguien a quien ella amaba mucho. Demuestra que Pixar, más que la mayoría de los otros estudios, entiende que una buena película familiar no tiene por qué ser chistes de pedos y canciones pop. En cambio, puedes contar una historia verdaderamente conmovedora sobre un joven mexicano que intenta encontrar su lugar en el mundo y regresa a casa más feliz que nunca, con una familia que ahora lo entiende mejor. Y si lo haces lo suficientemente bien, la gente llorará mientras dos personajes totalmente generados por computadora interactúan. —ZZ